Unos billetes verdes bien colocados agilizan los trámites para conseguir un carné de identidad
Cuba
Los que no disponen de dólares deben madrugar, aguantar largas horas de espera y volver cuando un apagón interrumpe el trabajo
San José de las Lajas/A las siete de la mañana, cuando la oficina del carné de identidad de San José de las Lajas debería estar entrando en ritmo, el cansancio ya se extiende por el salón. Las sillas de metal, alineadas con una disciplina que contrasta con el desorden de las gestiones, están ocupadas por cuerpos resignados: hombres con gorras, mujeres con bolsos grandes, ancianos que miran el piso y jóvenes que matan el tiempo con el teléfono. En una esquina, dos niñas juegan a deslizar el dedo por una pantalla, ajenas al trámite que trajo a sus madres hasta allí. El ventilador del techo gira lento, como si también estuviera racionando energía.
Hacer cualquier gestión en esta oficina del Ministerio del Interior se ha vuelto un ejercicio de resistencia. No solo por la burocracia habitual, sino porque al colapso administrativo se suma ahora el llamado "programa de reorganización" que el Gobierno ha impuesto ante la crisis energética. En la práctica, eso significa apagones imprevistos, horarios interrumpidos, computadoras que se apagan en medio de un trámite y empleados que, con frecuencia, piden paciencia como única respuesta posible.
Yesenia lo sabe bien. Vive en la barriada de Jamaica, al otro extremo de la ciudad, y esta es la tercera vez que repite la misma rutina. "Vengo a las cinco de la mañana para marcar la cola, me paso tres o cuatro horas velando para que no se me cuele nadie, y cuando por fin me siento frente a la computadora, se va la corriente o me dicen que no hay material para hacer el carné", cuenta. Lleva casi un mes sin identificación, después de extraviar todos sus documentos. Solo llegar hasta la oficina, en la avenida 13, le cuesta no menos de 500 pesos en transporte. "Una vez es complicado. Tres veces ya es una falta de respeto", resume.
Solo llegar hasta la oficina, en la avenida 13, le cuesta no menos de 500 pesos en transporte
A las once de la mañana, Yesenia logra sentarse frente al buró. La empleada la escucha a medias y se levanta para ir a otro departamento, dejándola con la frase a medio camino. "Se está demorando como cuarenta minutos por cada trámite", comenta ella, mirando el reloj. "Hay que tener una paciencia infinita". El horario oficial, de siete de la mañana a cuatro de la tarde, es más bien una referencia teórica. Los apagones, las roturas del equipamiento y la falta de conexión convierten cada día en una ruleta rusa.
En ese juego desigual, no todos apuestan con las mismas cartas. Sergio espera sentado en el salón, tranquilo, sin señales de haber madrugado. "Una de las muchachas de aquí me va a ayudar", dice en voz baja. Tramita un pasaporte y sabe que el proceso puede demorar mes y medio o más, pero también sabe que hay atajos. "Si estás apurado, no te queda otra que pagar los sellos al precio que te pidan en la calle y dejar caer algo aquí dentro", explica. Su hijo le mandó dólares para eso. "Es la única forma de no pasar otro fin de año en Cuba".
El gesto con el que saluda a la oficinista cuando ella entra al salón confirma que hay reglas no escritas. Sergio confía en tener el pasaporte en unos diez días. No sabe exactamente cómo su conocida acelera las cosas, pero está seguro de no ser el único beneficiado. Mientras tanto, otros siguen contando las veces que han venido sin resolver nada.
Isis carga una historia distinta, aunque igual de agotadora. Trata de corregir un error en la tarjeta de menor de su hija. Primero fue un apellido mal escrito. Luego, una tilde que faltaba en el nombre. Ahora, un número equivocado en la fecha de nacimiento. "Yo reviso los datos en la pantalla y todo está bien, pero cuando imprimen, sale mal", dice, sin ocultar la molestia. Para ella, el problema no es solo la falta de recursos, sino la ausencia total de empatía. "No le ponen interés a lo que hacen", lamenta.
En cuatro meses la han atendido empleadas distintas, casi todas con evidentes dificultades para manejar la computadora
El mayor a cargo de la oficina le ha prometido que esta vez no habrá errores, pero Isis desconfía. En cuatro meses la han atendido empleadas distintas, casi todas con evidentes dificultades para manejar la computadora. "No creo que estén bien capacitadas", afirma. Y aclara que su caso no es una excepción. "Aquí uno hace amistades nuevas de tantas veces que coincide con la misma gente, atrapados todos por la burocracia".
Las imágenes del salón refuerzan esa sensación de espera interminable. Un televisor encendido al fondo transmite sin sonido; las persianas dejan pasar una luz opaca que no alcanza a aliviar el calor. Afuera, la ciudad sigue su ritmo lento, marcado también por los apagones y la escasez de combustible.
En San José de las Lajas, sacar o corregir un documento de identidad ya no es solo un trámite: es una prueba de aguante. El "plan de contingencia", como también lo llaman las autoridades, ha añadido una capa más de incertidumbre a un sistema que de por sí está lleno de tropiezos. Entre madrugadas, apagones, errores repetidos y favores pagados, los lajeros aprenden que, para existir en papel, primero hay que sobrevivir a la espera.