Para cargar en las 'solineras' se debe presentar el carné

Energía

En la estación de Cerro, se necesita la autorización del director para conectar una moto particular

Las 'solineras' son también uno de los últimos inventos lingüísticos de la crisis cubana.
Las 'solineras' son también uno de los últimos inventos lingüísticos de la crisis cubana. / 14ymedio
Darío Hernández

26 de agosto 2026 - 18:47

La Habana/El edificio no termina de decidir qué es. Tiene banderas cubanas ondeando junto a la entrada, la fachada recién pintada y el césped recortado. Pero también tiene algo que rara vez acompaña a lo estatal en Cuba, demasiado esmero. En la sede de la Empresa Nacional Frutas Selectas, en el Consejo Popular Armada, en el Cerro, un cartel anuncia una “solinera comunitaria”.

Las solineras son también uno de los últimos inventos lingüísticos de la crisis cubana. La palabra no figura todavía entre las voces de uso tradicional del español, pero el sitio cubano Buen Idioma, especializado en cuestiones lingüísticas, la define como una “estación de servicio de carga que genera electricidad a partir de energía fotovoltaica”. El término se creó por analogía con gasolinera.

La función que han adquirido algunas de estas estaciones es mucho menos futurista. Allí donde los apagones se prolongan durante buena parte del día, las instalaciones solares permiten conectar teléfonos, lámparas y ventiladores y, en algunos casos, hasta ollas eléctricas para preparar alimentos.

El trámite recuerda más a una oficina de control que a la “recuperación de espacios públicos”.
El trámite recuerda más a una oficina de control que a la “recuperación de espacios públicos”. / 14ymedio

Junto a la entrada de Frutas Selectas, los carteles explican al visitante las reglas del lugar. El primero, bajo el título “Procedimiento para cargar”, pide al usuario entregar al custodio su nombre completo, número de carné de identidad y el modelo del equipo que va a cargar. Después debe indicar qué toma requiere. El custodio anota los datos y la hora exacta de conexión, y entrega una “chapilla”. Solo entonces se puede pagar.

Nadie más que el custodio puede tocar los equipos, conectarlos o retirarlos. Y para recuperar lo suyo, el usuario deberá presentar de nuevo el carné y la chapilla. El trámite recuerda más a una oficina de control que a la “recuperación de espacios públicos” que las autoridades atribuyen a estas instalaciones.

Los vehículos que se encontraban en el recinto pertenecían a la empresa, según explicaron varios trabajadores a este diario. Había siete triciclos y dos automóviles, pero ninguno estaba conectado a las tomas de carga. Ante la pregunta de si era posible cargar una moto particular, uno de los empleados sugirió que quizás el director pudiera hacer “el favor”, aunque consideró poco probable conseguir la autorización. 

Uno de los empleados sugirió que quizás el director pudiera hacer “el favor”.
Uno de los empleados sugirió que quizás el director pudiera hacer “el favor”. / 14ymedio

El cartel, bajo el título “Precios por equipo a cargar”, establece que cargar un celular o un cargador portátil cuesta 10 pesos (CUP), lo mismo que un bombillo o una lámpara. Un ventilador cuesta 20 CUP y un equipo EcoFlow, 40.

Hace apenas cinco días, Granma volvió a describir esta instalación como la primera solinera comunitaria de esa zona del Cerro, destinada a la carga de “autos, motos y electrodomésticos”, además de atender a familias vulnerables ante la “compleja situación energética” del país. Sobre el terreno, sin embargo, las motos particulares no podían utilizar el servicio y ninguno de los nueve vehículos estacionados en el recinto estaba conectado a una toma. 

Los vehículos que se encontraban en el recinto pertenecían a la empresa, según explicaron varios trabajadores a este diario.
Los vehículos que se encontraban en el recinto pertenecían a la empresa, según explicaron varios trabajadores a este diario. / 14ymedio

El paisaje alrededor añade otra paradoja. Durante el recorrido abundaban automóviles eléctricos modernos con matrículas P, correspondientes a particulares, y W, utilizadas por entidades no estatales, entre ellas las mipymes. Esas chapas confirmaban que no se trataba únicamente de vehículos pertenecientes a la empresa. Son autos cuyo precio los coloca fuera del alcance de buena parte de la población y contrastan con el propósito social que las autoridades atribuyen a las solineras, presentadas como puntos de apoyo para familias vulnerables durante los apagones. 

La primera que el Gobierno presentó específicamente como de “uso comunitario” abrió en abril en el Consejo Popular Virginia, en Santa Clara. Construida por el Proyecto de Desarrollo Local Gomate, funciona desconectada del sistema eléctrico nacional (SEN). Desde entonces, el modelo se ha extendido con rapidez, aunque resulta difícil determinar cuántas instalaciones existen realmente y cuáles cumplen las mismas funciones.

Cimex presentó en abril de 2025 un plan para crear 21 estaciones de carga rápida, con diez en una primera etapa y la primera prevista para el segundo semestre de aquel año. A finales de julio de 2026, la Empresa de la Industria Electrónica hablaba ya de 25 solineras terminadas en el país y otras 15 en diferentes etapas de ejecución. 

Las motos particulares no podían utilizar el servicio y ninguno de los nueve vehículos estacionados en el recinto estaba conectado a una toma. 
Las motos particulares no podían utilizar el servicio y ninguno de los nueve vehículos estacionados en el recinto estaba conectado a una toma.  / 14ymedio

En La Habana, además de Frutas Selectas, se empezó a montar otra instalación en 23 y J, en El Vedado, reservada a los triciclos eléctricos de recogida de basura, aunque una trabajadora aseguró a 14ymedio que se prevé abrirla a particulares y calculó una tarifa de unos 500 pesos.Sin embargo, el proyecto está estancado, según el organizador de la recogida de basura, Pedro Garcés, que lamentó este martes que no se consiguiera "la culminación de la solinera de 23 y J". 

Bajo el mismo techo solar coinciden así dos Cubas muy distintas. Una es la del propietario que necesita cargar su automóvil eléctrico moderno y otra la del vecino que busca apenas unos kilovatios para encender el ventilador, cargar el teléfono o cocinar. La expansión de estas estaciones amenaza con reproducir viejas desigualdades bajo una apariencia tecnológica, tanto por quién puede acceder a sus servicios como por cuánto terminará costando aprovechar una energía que, al menos en teoría, llega gratis del sol.

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