Ayuda humanitaria
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Entrevista
Madrid/Eduardo López-Collazo pertenece a esa rara estirpe de científicos que no se conforman con mirar el mundo desde el laboratorio. Físico nuclear de formación inicial, doctor en Farmacia por la Universidad Complutense de Madrid e investigador en áreas como la inmunología, la sepsis, el cáncer y la respuesta inmune, ha construido en España una carrera reconocida dentro de la biomedicina.
Durante años dirigió el Instituto de Investigación Sanitaria del Hospital Universitario La Paz, en Madrid, una de las instituciones de referencia del sistema de salud español. Pero su trayectoria no se agota en la ciencia. López-Collazo ha sido también divulgador, columnista, crítico cultural y autor de libros en los que aborda temas difíciles –el cáncer, el VIH, las pandemias– con una prosa capaz de acercar lo complejo al gran público.
Nacido en Cuba y residente en España desde los años 90, mira la Isla con la distancia del exilio, pero también con la precisión del científico y la sensibilidad del escritor.
Un paciente que se infectó, la infección llegó a sepsis y de ahí transitó a un shock donde todo el sistema ha colapsado
Pregunta. Si Cuba fuera un organismo enfermo, ¿cuál sería hoy su diagnóstico?
Respuesta. Buena pregunta, me encantan los símiles. Te diría que es un enfermo con fallo multiorgánico. Un paciente que se infectó, la infección llegó a sepsis y de ahí transitó a un shock donde todo el sistema ha colapsado. Me gustaría buscar otra figura para describirlo, una con mejor pronóstico, pero no la encuentro. Y es complicado porque, con los recursos actuales, no existe nada contundente contra el shock séptico. Te lo digo con conocimiento de causa. La sepsis y sus derivaciones son, junto a la metástasis, unas de mis líneas de investigación desde que salí de la Isla metafórica… ya hace tres décadas.
P. Como científico, ¿qué le preocupa más de una transición: la falta de recursos, la falta de talentos y consensos o la falta de método?
R. Creo que todo influye, pero si tuviera que escoger una causa, señalaría la falta de método. Tanto en la ciencia como en el arte –dos territorios que tienen mucho más en común de lo que solemos admitir– el método es esencial. Cuba ha vivido de espaldas a él, es decir, de espaldas a esa herramienta que permite identificar el error, asumirlo y corregirlo. Por supuesto, la falta de recursos es crucial. También lo es la pérdida de talento, hoy disperso en gran medida por la diáspora. Y, lamentablemente, no parece que en esa diáspora existan grandes consensos; tampoco los veo dentro de la Isla.
"Lo de potencia médica era propaganda con tintes ciertos y muchos agujeros"
P. Cuba fue durante décadas presentada como una potencia médica. ¿Qué parte de ese relato era real y qué parte era propaganda?
R. Quiero pensar que en la Isla se montaron varios programas de salud pública que funcionaron. La vacunación, aquello de los médicos y enfermeros de familia, el rastreo epidemiológico son buenos ejemplos, difíciles de negar. También se intentó llevar tecnología punta, pero en esto los fallos fueron grandes, porque por lo general todo está teñido con ideología. Cuando esto último ocurre, todo se va a la basura… ¿Puedo decir miedda? Lo vemos también en España y otros muchos lugares. De cualquier manera, lo de potencia médica era propaganda con tintes ciertos y muchos agujeros.
Ahora, mientras te contesto, recuerdo una escena vívida. Soy de un pueblo llamado Jovellanos (en Matanzas), pero hice la universidad y luego me quedé a vivir en La Habana. Resulta que, en pleno auge de la pandemia del VIH/sida, mientras se intentaba frenar la expansión del virus con métodos bastante poco ortodoxos, vi que en el laboratorio del hospital de Jovellanos pinchaban a los enfermos con la misma lanceta que, entre paciente y paciente, la mojaban en alcohol. Recuerdo que armé una monumental y me hicieron caso porque “él viene de La Habana”.
En resumen: el relato fue inflado hasta convertir virtudes parciales en mito nacional. Cuba tuvo buenos médicos; no tuvo el sistema perfecto que vendió al mundo.
P. ¿Cuál debería ser la prioridad sanitaria de una Cuba en transición: hospitales, atención primaria, medicamentos, salarios médicos, formación o transparencia estadística?
R. Me lo pones difícil. Déjame pensarlo unos segundos… La prioridad debe ser la transparencia. Sí, la transparencia. Sin datos fiables no se reconstruye nada. Después y con inmediatez vendrán medicamentos, salarios, hospitales y atención primaria. Pero lo primero es saber la verdad: cuántos enferman, cuántos mueren, qué falta y quién responde.
"Cuba necesita un sistema público universal, y si me aprietas, mixto con una fuerte base pública"
P. ¿Qué modelo sanitario podría servirle a Cuba: uno público universal, uno mixto, uno descentralizado, o habría que diseñar algo propio?
R. Sé que gran parte de la diáspora espera que diga: privado. Pero no, sería un gran error. Cuba necesita un sistema público universal, y si me aprietas, mixto con una fuerte base pública. Más o menos como el español. Lo que tengo claro es que no puede ser opaco, ni militarizado. Público no significa control absoluto del Estado. Debe ser descentralizado, evaluable, compatible con iniciativas privadas reguladas y con una atención primaria fuerte.
P. ¿Deberían los científicos, médicos, artistas e intelectuales asumir cargos públicos en una transición o mantenerse como conciencia crítica?
R. Algunos deberán asumir cargos y otros mantenerse como conciencia crítica. Estaré entre los segundos y desde la lejanía, te lo digo claro y así nos evitamos una repregunta (risas). Una transición no puede quedar solo en manos de burócratas reciclados. Pero tampoco conviene convertir a todo intelectual en ministro. Creo que la lucidez también sirve desde fuera del poder.
P. ¿Qué riesgos ve en una apertura acelerada del sector científico cubano: fuga de talento, privatización opaca, dependencia tecnológica, captura por intereses extranjeros o continuidad de viejas estructuras bajo nuevos nombres?
R. Permíteme poner entre comillas lo de “sector científico cubano”. Es algo muy anecdótico dentro de la Isla hoy. Ya no hay centros de excelencia haciendo ciencia y los científicos que no han abandonado el país están preocupados por tener electricidad, no por la vía de señalización del interferón o la unificación de las leyes físicas.
En un momento de la historia, hablo de finales de los 80, hubo un florecimiento de infraestructuras científicas que, a día de hoy, son obsoletas. Tampoco existe una generación de recambio formada rigurosamente. Habría que retomar muchas cosas casi desde cero y la experiencia dice que la ciencia y sus derivaciones nunca son prioridad para quienes generan cambios sociales como los que necesita la Isla ahora mismo.
P. ¿Puede la sensibilidad artística mejorar la manera en que un científico observa, duda, imagina y entiende la vida?
R. Al fin me quitas el corsé científico. Pensé que no pasaría, que cuando te encasillan no hay manera de que te vean las demás aristas.
Mira, yo no veo la división entre el arte y la ciencia, me parece un continuo. De hecho, investigo con una visión muy artística y cuando escribo ficción o hago crítica de danza, uso mucho el método científico sin que esto reste belleza, todo lo contrario.
Ya he contado varias veces que uno de mis grandes proyectos en el laboratorio cristalizó durante el pas de deux del segundo acto de El lago de los cisnes en una producción que vi en el Teatro Real de Madrid. Te hago un break y te digo que cuando me iba acercando a las mil veces de haber visto este ballet paré de contar.
No sé si me explico, yo sin leer ficción, sin danza –ya sea clásica o contemporánea–, sin cine, sin visitar galerías y museos… no sería el científico que soy.
Para terminar, el arte entrena una forma distinta de mirar. Un científico sin imaginación solo mide; uno con sensibilidad también sospecha, relaciona y duda… La ciencia necesita datos, pero también necesita belleza para formular buenas preguntas. Siempre le digo a mis alumnos de la universidad que hay pocas cosas más bellas que las ecuaciones de Maxwell. Son sencillas, concretas y solo cuatro. Con ellas se describe todo el electromagnetismo. Belleza pura, comparable con La Capilla Sixtina, el David o la Gioconda. Y si vamos a la física cuántica, la relatividad o la teoría de la fusión celular para explicar la metástasis… ya entramos en orgasmos.
"Aprendí pronto que tenía que camuflar mi homosexualidad, envolverla en papel de periódico, meterla en un bolsillo y no dejar que asomara demasiado"
P. En una Cuba democrática, ¿qué lugar deberían ocupar las libertades sexuales, la diversidad familiar y la igualdad ante la ley dentro del proyecto de reconstrucción nacional?
R. Te agradezco la pregunta, porque estas cosas conviene decirlas en voz alta. Soy homosexual en abierto –creo que a estas alturas no es una exclusiva–, pero siempre recuerdo que, siendo muy niño, tendría diez años o por ahí, escribí en mi diario una frase que todavía me persigue: “Seré yo después”. Después. Como quien deja una maleta escondida debajo de la cama para abrirla cuando pase el ciclón.
Nací en un pueblo, en una Isla y bajo un régimen donde lo infrecuente se castigaba. Aprendí pronto que tenía que camuflar mi homosexualidad, envolverla en papel de periódico, meterla en un bolsillo y no dejar que asomara demasiado. De lo contrario, no llegaba ni a la esquina. Literalmente.
P. ¿Cree que el país que creó campos de trabajo forzado para homosexuales es tan tolerante hoy como intenta proyectarse hacia el mundo?
R. Me dicen que las cosas han cambiado en la Isla. Puede ser. Un poco. Lo justo para que algunos puedan hacerse una foto. La verdad es que Cuba continúa siendo un país profundamente homófobo, y el cubano, incluso el más ilustrado, el más progresista, el más amigo de citar a Lezama –ese escritor que casi nadie ha leído–, después del tercer ron, arrastra esa rémora.
Lo noto las pocas veces que coincido con gente de la Isla. En ciertas caras todavía se lee, clarito: “Bueno, pero no te pases de mariconerías”. También he escuchado aquello de: “Es maricón, pero el tipo es un crack en lo suyo”. El “pero” como salvoconducto. Como si haber tenido éxito profesional me sacara un rato de la hoguera. Como si la excelencia sirviera para compensar la desviación. ¡Qué generosos!
Por eso me parece esencial que cualquier país que aspire a llamarse libre tenga en sus cimientos la libertad plena, incluida la diversidad sexual. Sin eso, deja fuera a una parte enorme de su gente. Y ningún sistema, ningún partido, ninguna transición, ningún proyecto nacional tendrá mi visto bueno si pretende dejar este asunto para después.
Porque el después ya lo conocemos.
Una vez mandé lejos a una amiga que me decía, muy seria, que primero había que resolver muchas otras cosas antes de hablar de los derechos LGTB. Claro. Ella había nacido con esos derechos puestos. Para ella podían esperar. Para nosotros no. Nadie puede pasarse una vida entera haciendo cola para tener derecho a existir.
"Cuba necesita memoria para no repetir el daño, tolerancia para integrar diferencias y mecanismos de control para impedir que la inflamación política destruya el tejido social"
P. Usted ha estudiado durante años la respuesta inmunitaria. ¿Cómo puede Cuba defender su futuro sin convertir la transición en otra forma de autodestrucción?
R. Como el sistema inmunitario: Cuba debe defenderse sin atacarse a sí misma. Necesita memoria para no repetir el daño, tolerancia para integrar diferencias y mecanismos de control para impedir que la inflamación política destruya el tejido social.
Por cierto, hace poco publiqué un ensayo que se titula Los límites de la democracia donde con la ayuda de un amigo neurólogo, Pepe Castillo, explicamos la democracia desde la ciencia. Sería bueno que quienes vayan a construir la democracia en Cuba se lo lean.
P. ¿Qué sería para usted una señal inequívoca de que Cuba comenzó a sanar?
R. Una buena señal es que la gente no tenga miedo. Yo lo viví cuando salí en los 90, de pronto dejé de tener miedo de hablar de mis planes, de criticar lo que estaba mal, de hablar de mis sueños, de besar en la calle a mi chico y un largo etcétera de libertades. ¿Sabes algo? En los últimos tiempos he vuelto a sentir miedo de ser yo mismo en ciertos lugares y eso quiere decir algo turbio…
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Este texto se ha hecho en colaboración con Cuba Siglo 21 como parte del proyecto “Cuba: estabilizar y desarrollar”.
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