El Estado se desentiende de los uniformes escolares

Cuba

Los negocios privados trabajan a toda máquina para fabricar sayas, 'shorts', pantalones y camisas o pulóveres

Chikyos Confecciones, en la calle 12 de El Vedado, en La Habana.
Chikyos Confecciones, en la calle 12 de El Vedado, en La Habana. / 14ymedio
Darío Hernández

14 de agosto 2026 - 11:09

La Habana/A poco más de dos semanas de que comience el curso escolar, el Estado parece haberse desentendido definitivamente de la entrega de uniformes para los estudiantes. De su fabricación y comercialización se encargan ahora, a altos precios, cada vez más comercios privados.

Uno de ellos es Chikyos Confecciones, en la calle 12, en el corazón de El Vedado habanero, a cuyas puertas esperaba una numerosa fila este jueves. El mecanismo de funcionamiento, venta bajo pedido, es similar al de otras tiendas del estilo, que han proliferado en anuncios en redes sociales. Los clientes –principalmente mujeres– proporcionan la talla deseada y, previo pago, cuando esté confeccionada, se recoge.

En un balcón del edificio puede verse a la dueña del lugar rasgando trapos, cosiendo, tendiendo y asomándose de vez en cuando. Supervisa un negocio próspero, aunque no todos pueden pagar esos precios.

“Mi niño está en primer grado y el año pasado solo le dieron un short”, cuenta. “Fue a la escuela gracias a que una vecina me regaló los uniformes usados de sus hijos”

Estos varían dependiendo de la prenda –saya, short, pantalón, camisa o pulóver–, del tamaño y de si es para primaria o para secundaria. Un pulóver con distintivo cuesta en Chikyos entre 4 y 5 dólares, pero las sayas están alrededor de los 1.500 pesos, y los shorts, entre 2.000 y 3.000.

“Estos negocios están desbordados, es la única oferta que hay de uniformes”, asegura a 14ymedio una joven madre que esperaba en la cola de Chikyos. Desesperada, los privados son su única opción. “Mi niño está en primer grado y el año pasado solo le dieron un short”, cuenta. “Fue a la escuela gracias a que una vecina me regaló los uniformes usados de sus hijos”.

En 2025, refiere otra clienta, madre de dos hijas, “lo poco que dieron fue en julio. Este año estamos en agosto, y no han dado nada. Y casi seguro que no lo den”. La venta de los uniformes escolares por parte del Estado comenzaba habitualmente entre mayo y junio, pero en los últimos años la fecha se fue retrasando debido a la falta de materias primas. Su comercialización, que en efecto solía empezar a finales de julio, ha estado siempre marcada por las largas filas y los problemas con las tallas.

Esta madre compra las prendas en una mipyme porque su hermana “manda el dinero desde Miami”, pero sabe que no todos los cubanos tienen ese privilegio.

En un balcón del edificio puede verse a la dueña del lugar rasgando trapos, cosiendo, tendiendo y asomándose de vez en cuando.
En un balcón del edificio puede verse a la dueña del lugar rasgando trapos, cosiendo, tendiendo y asomándose de vez en cuando. / 14ymedio

“Lo ideal para un niño son dos juegos –dos camisas y dos shorts, dos camisas y dos sayas, dos pulóveres y dos pantalones–, y si cada pieza ronda los 2.000 o 3.000 pesos, sale en 10.000 pesos, y yo tengo dos”, resume. “Pero claro, muy pocos niños en Cuba tienen lo ‘ideal’ para ir a la escuela, o para cualquier cosa”.

Cualquier cosa incluye, tal y como está la situación en la Isla, no solo uniformes, sino cosas aún más básicas, como comida, luz, agua corriente o descanso. Sobre ello se quejan cientos de usuarios en un post oficial que desmiente que las clases vayan a comenzar en otra fecha que no sea el próximo 1 de septiembre. “La asistencia desde el primer día es fundamental para el éxito del curso”, dice la publicación, que se ha llenado de comentarios airados. “La electricidad y el agua también son fundamentales para la educación”, expresa Yoimar Pérez. En la misma línea opinan otros muchos, como Roxy Casales: “La asistencia es fundamental, pero el descanso y un buen desayuno también. La mayoría de los niños no duermen y menos desayunan”.

Varios de los comentaristas claman por los uniformes, pero en su mayor parte, lamentan la falta de luz y, por tanto, de sueño suficiente para rendir. “Veremos a ver”, objeta Tere Trastoy, “porque si no hay corriente y eso niños no descansan bien, no me parece, porque son muy pequeños para que sean guerrilleros”.

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