Con un dólar a 730 pesos y mucha opacidad abre la primera casa de cambio privada en Cuba
Cuba
El principal accionista, con 70% del negocio, proviene del sector gastronómico y asegura que el Estado no tiene ninguna participación
Madrid/La primera casa de cambio privada de Cuba tiene el dólar por las nubes. El primer día después de trascender que ya estaba en funcionamiento, ADT 64 compraba la moneda estadounidense a 710 pesos y la vendía a 730. El valor no era solo mucho mayor que el de la Cadeca oficial, 664 este jueves (tres pesos menos que hoy viernes), sino que también ganaba a la demonizada tarifa divulgada por El Toque, computada en 700 desde el miércoles.
Ubicada en la calle Aires de Tristá 64, en Santa Clara, ADT 64 tiene en sus proximidades al hotel Santa Clara Libre y a una casa de cambio estatal. Según el medio independiente El Toque, que ha radiografiado exhaustivamente el nuevo negocio, el objeto social de la empresa eran los servicios gastronómicos, al menos según consta como actividad en el registro. Hay referencias online que dan cuenta de ella como heladería y venta de pizzas y hamburguesas, pero también imágenes vetustas de un cartel que reza Bar-Cafetería.
Las fotografías que empezaron a circular este jueves de su fachada tenían otro aspecto: pantallas digitales que muestran el valor cambiante de nueve monedas internacionales. El euro, por ejemplo, se compra por 815 pesos y se vende a 839. Nadie vende, dijeron los vecinos a El Toque.
Martí Noticias pudo hablar con Arnel Matos Freire, cuyos datos de contacto –teléfono y dirección– coincidían con los de la empresa y que confirmó ser el propietario del 70% del negocio. “A la pregunta de Martí Noticias de si el 30% restante pertenecía al Estado cubano, el empresario respondió que no. Matos explicó que el negocio funciona bajo la estructura de una micro, pequeña o mediana empresa (mipyme), con otro socio privado”, dice la nota.
El propietario no dio muchos detalles más, pero sostuvo que presentó una propuesta a las autoridades para levantar el negocio y recibió el visto bueno para convertirse en una experiencia piloto extensible al resto del país. El proyecto fue asesorado por una doctora en Ciencias Económicas y las actividades comenzaron el 31 de agosto.
No se sabe a qué precios ha estado cambiando la divisa, pero sí hay registro público de la evolución de las tasas oficiales, que en el mismo periodo han aumentado con fuerza. El 1 de septiembre, el precio de la moneda estadounidense según el Banco Central de Cuba (BCC) era de 636 pesos, una semana después ya estaba en 644 y el día 15 en 659. Y subiendo.
Matos dijo a Martí Noticias que el precio de la moneda no lo fija el mercado informal –como la estimación de El Toque–, sino que se establece calculando un porcentaje por encima de la tasa del BCC, que debe autorizarlo a diario. A día de hoy, esa comisión está en el 7%. El propietario sostuvo en la entrevista que el dólar por transferencia está actualmente en 950 pesos, dando a entender lo beneficioso de su negocio. Sin embargo, no hay evidencias de que esto sea así.
El empresario también declaró que no hay límite a la compra de divisas, aunque sí para la venta. Además, las personas han de acreditar el origen y destino del dinero para evitar el blanqueo de capitales y el fraude. En el caso de las empresas y trabajadores por cuenta propia se exigen los documentos de la empresa y “justificar la compra mediante la oferta de un proveedor extranjero o nacional que certifique el uso de los fondos”. La información sobre la actividad financiera se entrega diariamente al Banco Central de Cuba.
El economista cubano afincado en España Pedro Monreal ha analizado las primeras informaciones sobre ADT 64. El experto aborda dos planos muy distintos, por un lado cuestiona la opacidad con que cuentan el operativo y la autorización para abrir el local. Por otro, su alcance práctico.
“Mientras no se publique la norma detallada, la autorización de casas de cambio privadas funciona más como una facultad discrecional del BCC que como un derecho al que cualquier interesado pueda aspirar bajo condiciones conocidas”, señala respecto al primer asunto. Monreal admite que el regulador dispone no solo de la facultad para crear este mecanismo sino, casi, el deber de hacerlo, a fin de monitorizar la situación mediante un ejemplo concreto y controlado para aprender y corregir el mercado oficial.
Eso no significa, subraya, que pueda funcionar “sin un reglamento público detallado”, algo que “incide en la seguridad jurídica, la competencia, la supervisión y la credibilidad de la apertura anunciada oficialmente”
Eso no significa, subraya, que pueda funcionar “sin un reglamento público detallado”, algo que “incide en la seguridad jurídica, la competencia, la supervisión y la credibilidad de la apertura anunciada oficialmente”. La discrecionalidad no favorecerá, añade, a la incorporación de otros actores, al fomento de la competencia o a la circulación de la información.
Por otra parte, el economista advierte de la necesidad práctica de que la actividad se extienda si la idea es construir una tasa de referencia. “Hace falta una muestra diversa y estadísticamente adecuada: ciudades distintas, varios propietarios, ambos lados del mercado —compra y venta—, diferentes escalas de clientes, y mecanismos para depurar días atípicos e inventarios circunstanciales”, advierte.
Monreal considera, además, que la primera evidencia que deja la tasa de ADT 64 es que las acusaciones que durante años hizo el régimen a El Toque eran equivocadas, cuando no maliciosas. El discurso oficial atribuyó incluso delitos a los fundadores del medio, a quienes atribuía la intención de buscar un estallido social inflando los precios de la moneda, lo que provocaba, a su vez, la subida del costo de la vida. Ahora, la tarifa aprobada por el BCC es incluso superior a la del mercado informal.
“Para el BCC, el riesgo es doble. Por un lado, la tasa del segmento III (actores privados) podría terminar acercándose más a la tasa de ‘la calle’ y perder el ancla actual de 1 dólar = 660 pesos. Por otro, si el banco central ignora el dato inicial del piloto y conserva la tasa administrada, el experimento quedaría como un escaparate costoso e incoherente con la cotización que el propio Estado publica”, concluye.