Los dólares no salvan a Viazul del deterioro del transporte

Cuba

Ómnibus averiados, vehículos de reemplazo que tardan horas y merenderos cerrados acompañan ahora los viajes interprovinciales

Durante años, Viazul fue una alternativa cara pero bastante confiable para moverse entre provincias.
Durante años, Viazul fue una alternativa cara pero bastante confiable para moverse entre provincias. / Mesa Redonda
Mercedes García

08 de septiembre 2026 - 12:14

Sancti Spíritus/En el salón de espera de Viazul en La Habana las ventanillas de información están desiertas y, en las carreteras, los ómnibus blancos y azules de la empresa estatal siguen circulando, pero la reluciente imagen exterior engaña. Detrás del servicio que se cobra en dólares se acumulan averías, demoras y vehículos cuyo deterioro ha convertido cada trayecto en una apuesta.

Durante años, Viazul fue una alternativa cara pero bastante confiable para moverse entre provincias. Creada fundamentalmente para turistas extranjeros, ofrecía ómnibus climatizados, rutas con horarios definidos y una puntualidad que contrastaba con el maltrecho transporte estatal para los cubanos. Ahora, en medio de la crisis energética y la reducción de otras opciones, se ha convertido también en salvavidas para los nacionales.

Sin embargo, comprar un pasaje exige divisas y acceso a medios de pago que buena parte de la población no posee. De ahí que entre sus clientes abunden cubanos residentes en el extranjero que visitan la Isla y personas que viven en el país, pero cuentan con familiares fuera que pueden pagarles el boleto.

Ómnibus Yutong "rescatando" a los pasajeros varados en un Viazul roto.
Ómnibus Yutong "rescatando" a los pasajeros varados en un Viazul roto. / 14ymedio

“En el viaje hacia La Habana la guagua de Viazul se rompió en Jagüey Grande”, cuenta a 14ymedio un cliente residente en Sancti Spíritus que utiliza con frecuencia la empresa. La mala experiencia se repitió al regreso. “Se rompió a la salida de Mayabeque y tuvimos que esperar más de dos horas. Ya es raro el trayecto en que no tenga algún fallo”.

Cada tramo entre Sancti Spíritus y La Habana le costó 29 dólares. A pesar de las averías y el tiempo perdido, no recibió un centavo de reembolso. El precio conserva el estándar de un servicio pensado para recaudar divisas, pero las prestaciones se parecen cada vez más a las del transporte que se paga en pesos cubanos.

El deterioro no termina en los vehículos. Las paradas tradicionales del camino también reflejan el desplome. “Antes, el chofer se detenía para que los pasajeros comieran algo, pero ahora muchos de esos merenderos están cerrados por todos los problemas que hay con el combustible y con los suministros”, explica el espirituano.

En Aguada de Pasajeros, el célebre Conejito ofrece una estampa elocuente: mesas y sillas permanecen vacías frente a una cafetería cerrada.
En Aguada de Pasajeros, el célebre Conejito ofrece una estampa elocuente: mesas y sillas permanecen vacías frente a una cafetería cerrada. / 14ymedio

En Aguada de Pasajeros, el célebre Conejito ofrece una estampa elocuente. Mesas y sillas permanecen vacías frente a una cafetería cerrada, con los carteles de pizzas, bocaditos y refrescos todavía anunciando una abundancia inexistente. “No tenía ninguna oferta, solo moscas”, resume el viajero.

Cuando una guagua de Viazul se rompe, comienza además otra incertidumbre: encontrar un vehículo de sustitución. En ocasiones aparece algún Yutong para recoger a parte de los pasajeros, mientras equipajes y viajeros deben reorganizarse sobre la marcha. Otras veces la espera dura horas.

Para dos turistas italianos, una avería tuvo consecuencias mucho más costosas. La pasada semana perdieron su vuelo a Madrid después de que el Viazul que debía trasladarlos hasta la Terminal 3 del aeropuerto José Martí se retrasara dos horas por un desperfecto técnico. El vehículo de reemplazo tampoco llegó a tiempo para llevarlos a La Habana.

En los salones de espera de la empresa queda poco de aquella diferencia que durante años separó a Viazul del transporte corriente.
En los salones de espera de la empresa queda poco de aquella diferencia que durante años separó a Viazul del transporte corriente. / 14ymedio

A las roturas se añaden unas carreteras cada vez más castigadas por los baches, la falta de mantenimiento y la escasa iluminación nocturna. Sobre ese pavimento deben circular durante cientos de kilómetros vehículos sometidos a un desgaste constante, en un país donde conseguir piezas de repuesto, neumáticos y combustible se ha vuelto un problema cotidiano. Los accidentes de tránsito agregan otro elemento de inseguridad a los recorridos interprovinciales.

La paradoja resulta especialmente visible, porque Viazul continúa siendo una empresa diseñada para ingresar moneda fuerte. El viajero paga en dólares, pero ya no puede dar por descontados ni la puntualidad, ni el confort, ni siquiera que el mismo ómnibus complete todo el recorrido.

En los salones de espera de la empresa queda poco de aquella diferencia que durante años separó a Viazul del transporte corriente. Hay cafeterías sin comida, salones semivacíos, pantallas apagadas y pasajeros pendientes de cualquier ruido extraño que haga el motor antes de partir.

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