Duelo, propaganda y la versión de un sobreviviente que no encaja con el relato épico del régimen

Cuba

El coronel Pedro Yadín revela que los oficiales se encontraban durmiendo y que los atacaron con “bombas y drones”

El testimonio del sobreviviente dibujaba otro cuadro, el de una misión opaca, sin armas suficientes, en territorio extranjero.
El testimonio del sobreviviente dibuja otro cuadro, el de una misión opaca, sin armas suficientes, en territorio extranjero. / Juventud Rebelde
14ymedio

16 de enero 2026 - 13:50

La Habana/La Habana volvió a desplegar este viernes su liturgia política ante la muerte de los 32 cubanos caídos en Caracas durante la captura de Nicolás Maduro. En la Tribuna Antiimperialista, frente al Malecón, el acto de homenaje funcionó como plataforma de reafirmación ideológica y advertencia política, en un momento de evidente fragilidad interna del régimen.

Desde la tarima, el primer secretario del Partido Comunista, Miguel Díaz-Canel, insistió en que no habrá negociación con Estados Unidos “sobre la base de la coerción”. Cuba, dijo, está dispuesta al diálogo, pero solo “en igualdad de condiciones y sobre la base del respeto mutuo”. El discurso, recogido en fragmentos por la prensa oficial, se apoyó en una retórica de resistencia épica, amenazas de agresión externa y llamados cerrados a la unidad.

Según el mandatario, la operación del 3 de enero abrió “una nueva era de barbarie, despojo y neofascismo” y golpeó duramente al Ejecutivo cubano, que vivió “horas muy amargas” de “indignación e impotencia”. Venezuela, principal aliado político y socio comercial de La Habana durante más de dos décadas, volvía a ocupar el centro simbólico de la narrativa oficial, ahora bajo la figura del sacrificio.

Sin embargo, el tono marcial del acto contrastó de manera abrupta con uno de los testimonios más citados por la propia prensa estatal. Se trata del coronel Pedro Yadín Domínguez, uno de los sobrevivientes. Su relato, publicado por Granma y difundido en una entrevista televisiva, introduce fisuras difíciles de conciliar con la versión heroica que el régimen intenta imponer.

La afirmación resulta incómoda para un relato que insiste en que los 32 cubanos “se batieron a tiros” y murieron combatiendo

“Nos encontrábamos durmiendo, descansando en la madrugada”, declaró el coronel ante las cámaras. “Apenas teníamos armamento”, añadió, al explicar que el grupo estaba en funciones de apoyo a la seguridad del presidente venezolano y no en disposición de combate. El ataque, aseguró, fue “desproporcionado”, con aviones, bombas, drones y helicópteros Apache, contra un grupo que no estaba en alerta ni armado para resistir.

La afirmación resulta incómoda para un relato que insiste en que los 32 cubanos “se batieron a tiros” y murieron combatiendo, como dejaron escrito en el primer comunicado sobre su muerte, mediante el que se decretaba duelo nacional. La imagen del combate heroico se diluye cuando quien habla es un alto oficial del propio Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, sentado en una silla de ruedas, describiendo una madrugada de descanso interrumpida por un bombardeo.

Mientras Díaz-Canel evocaba la Sierra Maestra, África y hasta Caracas como escenarios de una misma gesta histórica, el testimonio del coronel dibujaba otro cuadro, el de una misión opaca, sin armas suficientes, en territorio extranjero, y un ataque que sorprendió a los efectivos mientras dormían. 

La maquinaria propagandística ha intentado compensar ese vacío con sobreactuación. En la Mesa Redonda, el comentarista oficial Oliver Zamora elevó el tono hasta el alarde. Aseguró que Estados Unidos “tuvo que matar” a los 32 cubanos con un despliegue “tremendo” de fuerza bruta, y que incluso demoraron horas en lograrlo. Para Zamora, el hecho demostraba la imposibilidad de Washington de “interpretar” a un país como Cuba, curtido en décadas de confrontación.

La profusión de imágenes de los actos y ceremonias ha servido, además, para exponer a numerosos represores

Mientras el propagandista habla de resistencia feroz y de enemigos incapaces de doblegar a los cubanos, el coronel sobreviviente insiste en que estaban prácticamente indefensos y sin el armamento adecuado. Uno vende épica; el otro describe vulnerabilidad. 

La grieta también se trasladó al espacio digital. En YouTube, bajo la entrevista al coronel, un usuario identificado como @Jcontre3000 escribió: “Ese cobarde lo vimos en los videos de los soldados venezolanos llorando y huyendo, por eso está vivo. Un cobarde muere mil veces y este es un cobarde”. El comentario, lejos de ser anecdótico, expone el nivel de polarización y desconfianza que rodea incluso a los testimonios oficiales.

La profusión de imágenes de los actos y ceremonias ha servido, además, para exponer a numerosos represores. Varios activistas cubanos han identificado entre la multitud a agentes de la Seguridad del Estado responsables de interrogatorios, acoso y episodios de represión directa. El dato es relevante, porque se trata de individuos que rara vez muestran su rostro en las redes sociales o en los medios oficiales.

Entre quienes han identificado a estos funcionarios figura la activista Laura Vargas, quien ha documentado y denunciado episodios de vigilancia y accesos no autorizados a sus cuentas como parte de la represión digital ejercida contra voces críticas. También lo ha hecho el artista Hamlet Lavastida, conocido por su oposición cultural y política al régimen y por haber sido detenido y sancionado como preso de conciencia a raíz de sus obras y acciones públicas. En las imágenes han sido reconocidos, además, antiguos cuadros del poder caídos en desgracia, como el ex canciller Felipe Pérez Roque.

En el acto, Díaz-Canel volvió a pedir “cerrar filas” y advirtió que, de ser agredida, Cuba se defendería “con fiereza”. “Tendrían que secuestrar a millones o desaparecer del mapa a este archipiélago”, dijo. Pero más allá de las consignas, el homenaje dejó al descubierto una tensión que el régimen no logra resolver: la distancia entre la retórica de guerra permanente y la realidad de misiones silenciosas, mal explicadas y mortales, cuyos detalles emergen solo cuando algún sobreviviente se sale del guion.

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