Alimentación
Sin electricidad tampoco hay pollo
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La Habana/Cuando un cliente abre la puerta de una nevera en la tienda La Puntilla ya no espera encontrar una bandeja de pollo o un paquete de queso. Lo primero que siente es la ausencia de ese golpe de aire frío que antes escapaba del refrigerador. Los motores están apagados, las estanterías vacías y el silencio solo lo rompe el zumbido lejano de una planta eléctrica. En una Habana donde el calor y los apagones se han convertido en compañeros inseparables, hasta el frío parece haber desaparecido de las tiendas.
Este jueves, el mercado, en el municipio de Playa, ofrecía un panorama desolador. Los refrigeradores permanecían vacíos y apagados. La zona de carnicería parecía detenida en el tiempo, con varios empleados sin apenas trabajo frente a mostradores sin mercancía. La explicación, según uno de los trabajadores, tiene varias causas, pero todas desembocan en la misma crisis.
“Nadie tiene manera de mantener algo frío, ni en los almacenes, ni en los camiones y mucho menos aquí”, explica el empleado a 14ymedio. A los prolongados apagones se suma otro problema: la falta de suministros. “Tampoco nos está llegando mercancía de ese tipo”, reconoce.
“Nadie tiene manera de mantener algo frío, ni en los almacenes, ni en los camiones y mucho menos aquí”
La escena se repite en otros puntos de la capital. A pocos kilómetros, en el mercado en dólares próximo al puente del río Almendares, el panorama resulta igualmente desalentador. Los congeladores permanecen vacíos y una cinta impide el acceso a la zona destinada a los productos cárnicos, una señal inequívoca de que no hay nada que vender que requiera refrigeración.
La misma respuesta reciben los clientes en la tienda de la calle 26. “No, no nos está llegando nada de eso”, responde una empleada cuando un comprador pregunta por carnes, embutidos o quesos. El intercambio apenas dura unos segundos. La ausencia de productos hace innecesarias mayores explicaciones.
En respuesta a una pregunta de este diario sobre si la mercancía llega pero no la reciben, argumentando la falta de refrigeración, o simplemente ni siquiera el Estado intenta suministrar productos refrigerados a sus propias tiendas en dólares, la trabajadora aclara que es “parte y parte”. Los administradores “no hacen los pedidos y si llega un camión con pollo le dicen que no pueden aceptarlo porque luego tenemos mucha merma y eso no se puede justificar, la propia empresa no te acepta que declares unas pérdidas de ese volumen”.
En La Mariposa, en la calle Tulipán, de Nuevo Vedado, el deterioro de la oferta comercial ha alcanzado un punto casi simbólico. Una de las neveras, desconectada de la corriente, ya no conserva alimentos: sirve como estantería improvisada para almacenar paquetes de macarrones. Donde antes había productos congelados ahora solo quedan pastas secas, capaces de soportar jornadas enteras sin electricidad.
La transformación también alcanza a establecimientos que durante años fueron referencia para quienes disponían de divisas. La tienda La Isla de Cuba, situada a pocos metros del Parque de la Fraternidad, permanece cerrada desde hace semanas, otro síntoma de las dificultades que atraviesa una red comercial cada vez más incapaz de garantizar un suministro estable.
La crisis tampoco perdona al sector privado. Los pequeños comercios que hasta hace unos meses competían por ofrecer una amplia variedad de carnes congeladas han reducido considerablemente su catálogo. En la mayoría solo quedan paquetes indivisibles de unas diez libras de muslos de pollo. Los populares paquetes mixtos de muslo y contramuslo, mucho más demandados por las familias porque permitían aprovechar mejor la compra, prácticamente han desaparecido de los refrigeradores. También escasean el picadillo, las salchichas, los quesos y otros alimentos que dependen de una cadena de frío estable.
Los populares paquetes mixtos de muslo y contramuslo, mucho más demandados por las familias porque permitían aprovechar mejor la compra, prácticamente han desaparecido de los refrigeradores
“Eso es tirarse al mar sin salvavidas, nadie quiere meterse en ese riesgo ahora”, reconoce el administrador de una mipyme con un local en la calle Ayestarán. “Viene mucha gente preguntando y se nota que hay algo de desespero pero nadie nos puede exigir que compremos una mercancía que se nos va a echar a perder una gran cantidad de ella, eso es una decisión de nosotros y hemos decidido no arriesgarnos”.
Los comerciantes reconocen que el riesgo económico resulta demasiado elevado. Mantener mercancías congeladas durante apagones que en muchas zonas de La Habana superan ampliamente las doce horas diarias implica asumir pérdidas difíciles de recuperar. A ello se añaden las interrupciones eléctricas en almacenes, cámaras frigoríficas y centros de distribución, además de las dificultades para transportar alimentos refrigerados en un país donde el combustible también escasea.
Según las cifras oficiales publicadas recientemente, las ventas del sector continúan cayendo y los datos correspondientes a los primeros meses del año ya reflejan una contracción significativa respecto a 2025. Sin embargo, todo apunta a que las estadísticas de junio y julio podrían ser aún peores, al coincidir con la agudización de la crisis energética, marcado por apagones de más de 20 horas en numerosas provincias y cortes cada vez más prolongados también en la capital.
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