Las pérdidas en las empresas estatales de Ciego de Ávila se multiplican por diez

Las "pérdidas por corrupción" en la provincia ascendieron en 2021 a 71,5 millones de pesos

Imagen de archivo de un trabajador en la Empresa Azucarera de Ciego de Ávila. (Invasor)
Imagen de archivo de un trabajador en la Empresa Azucarera de Ciego de Ávila. (Invasor)

Las pérdidas por corrupción en Ciego de Ávila ascendieron en 2021 a 71,5 millones de pesos, una cifra astronómica si se tiene en cuenta que apenas se ha podido auditar el 60% de las 113 inspecciones previstas. Con el efecto de la Tarea Ordenamiento, la cantidad es más de diez veces superior a la de hace dos años, cuando el daño económico fue de cinco millones de pesos.

La Contraloría provincial llevó a cabo 68 inspecciones, de las cuales 15 fueron clasificadas como deficiente y mal. Odalys Marta Ordaz García, contralora jefa de Ciego de Ávila recordó que estos resultados se repiten año tras año.

"Ni siquiera el primer período de la Tarea Ordenamiento sacó de la ecuación los incumplimientos de las formalidades legales y las cláusulas de los contratos ya firmados, los errores en la confección de los documentos primarios de los inventarios, activos fijos, inversiones; faltantes y sobrantes en inventarios, pagos indebidos, cuentas por cobrar y pagar envejecidas y no documentadas, entre otras deficiencias identificadas", indica la información, publicada este lunes en el diario oficialista Invasor.

La misma nota explica que, aunque hace más de un año que se han implementado nuevas medidas de contabilidad, ni las administraciones ni los auditores "están del todo familiarizados con el documento", así que los primeros no ejecutan bien la norma y los segundos no controlan bien su cumplimiento.

"Hemos tenido situaciones donde no se elaboran planes de medidas a partir de los controles, o se espera a que venza el plazo establecido por ley para aplicar sanciones administrativas"

Pero el desconocimiento no es el problema. Las autoridades indican que falta asesoramiento, supervisión y control, que, sumados al "descontrol administrativo y contable, y la insuficiente preparación del personal contable, redundan en la inobservancia de la legislación vigente".

La Contraloría ha reprochado que se reduzca la cantidad de auditores, ya que esto se traduce en una falta de control que acaba dejando pérdidas millonarias. "Hemos tenido situaciones donde no se elaboran planes de medidas a partir de los controles, o se espera a que venza el plazo establecido por ley para aplicar sanciones administrativas. En resumen, no se valora el trabajo de los auditores", dijo Adrián Nieto Gutiérrez, supervisor de la Unidad Central de Auditoría Interna.

El vicecontralor, Reynol Pérez Fonticoba, agregó que, cuando es necesario reducir plantilla, la figura del auditor no debe estar entre los prescindibles, como ha ocurrido en algunos casos desde que las nuevas normas aumentaron la libertad de los directores de las entidades a gestionar a sus trabajadores. "Cuando algo como esto suceda, siempre hay que discutirlo. ¿Cómo un director de empresa puede darse el lujo de eliminar la plaza de auditor?", señaló.

Pérez añadió que es necesario dotar de más medios a los auditores para que la corrupción no alcance estos niveles, ya que reconoció que no se les ha dotado de más medios ni cuentan con la adecuada tecnología. Además, el funcionario consideró que los presuntos hechos delictivos detectados aún son bajos y pidió centrarse en las empresas que tienen excesivas pérdidas o, al contrario, reflejan un "sobrecumplimiento de utilidades".

La nota de Invasor reconoce otra cuestión preocupante. Según Antonio Sánchez Sibello, jefe de preparación y superación de cuadros en la Universidad de Ciego de Ávila, ya se detectan problemas de capacitación sobre las normas cubanas en la mismísima enseñanza universitaria, aunque se observan en todos los niveles.

Fiscalizar los resultados de las empresas estatales fue una batalla abanderada por Raúl Castro, quien, a esos fines, creó la Contraloría General de la República en 2009. Antes de eso, durante el mandato de Fidel Castro, la tónica era no rendir cuentas. Los informes de los contralores fueron, al principio, ampliamente difundidos por la prensa oficialista. Sin embargo, ante la debacle de los resultados, que evidenciaban la magnitud del desastre económico de la Isla, dejaron de aparecer en sus páginas.

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