Los Escolapios piden la devolución del claustro de Guanabacoa, saqueado por vándalos
Cuba
“La paciencia se está agotando”, dicen a '14ymedio' en un visita a ese edificio histórico confiscado en 1961 y abandonado por las autoridades
La Habana/En cualquier país, el antiguo claustro y colegio de los padres escolapios en Guanabacoa sería tratado como una joya patrimonial. En Cuba, en cambio, permanece bajo control estatal desde 1961, abandonado por las autoridades municipales, expuesto al saqueo, al fuego, al vandalismo y al deterioro. Tras varios robos, un incendio y meses de reuniones infructuosas con el Gobierno y el Partido Comunista, los religiosos denuncian ante 14ymedio una situación que consideran insostenible: quieren recuperar el edificio para salvarlo y devolverlo al servicio de la comunidad.
“Hay que estar esperando, ser pacientes, pero la paciencia se está agotando”, dice a este diario el padre escolapio Iván Guerra Álvarez. “Nos vemos muchas veces como incapacitados o con las manos atadas, con ganas de hacer también, y no se nos escuchan nuestros reclamos”.
El conjunto incluye la iglesia, el claustro –la plazoleta donde se levanta un Cristo en el centro–, el antiguo colegio, un teatro y áreas museísticas. En sus aulas, todavía marcadas por pinturas infantiles, se impartían clases de primaria, secundaria y bachillerato hasta 1961, cuando el Gobierno revolucionario confiscó el inmueble. La congregación que lo fundó, oficialmente llamada Orden de los Clérigos Regulares Pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías, conserva hoy apenas una parte de lo que fue su presencia en Guanabacoa.
Los robos, según Guerra Álvarez, comenzaron “a partir del 28 de octubre del año pasado” y desde entonces se han repetido. Aquello encendió las alarmas dentro de la comunidad, que ve cómo un edificio ligado a su propia historia se deshace sin que quienes tienen su control actúen para protegerlo.
“Históricamente fue nuestra casa”, señala el sacerdote. “El claustro se nacionalizó, que no debía haber sido así, porque no es en sí una institución educativa, sino más bien la residencia nuestra”.
Para los escolapios, el daño no es solo material. Guerra Álvarez recuerda que el inmueble fue residencia de Faustino Míguez, santo de la orden recientemente canonizado, y que todavía conserva bustos de escolapios relevantes para la historia científica del país, además de tarjas conmemorativas. No se trata, insiste, de una ruina cualquiera, sino de un lugar donde se cruzan la memoria religiosa, educativa y nacional.
“Es de gran simbolismo religioso, pero también de nuestra historia y de la historia de Cuba”, afirma. Por allí pasaron personalidades del país, incluidos veteranos de la Guerra de Independencia. “Nos gustaría conservar esa historia también, viendo que casi todo el patrimonio cultural e histórico de Guanabacoa se está perdiendo”.
Ernesto Cuba Martínez, religioso escolapio en etapa formativa, coloca esa historia en una línea de tiempo más amplia. La orden llegó a Cuba en 1857 y fundó en Guanabacoa la primera escuela normal para maestros de Cuba y de América Latina. “Durante 10 años funcionó, y allí se formaron numerosos maestros de la Isla, a nivel nacional”, explica.
“Los escolapios fueron un paradigma en la educación cubana”, asegura Cuba Martínez. Entre las figuras vinculadas a la enseñanza escolapia menciona a Tomás Estrada Palma, primer presidente de la República, quien tuvo como profesor a un escolapio en Bayamo, y al cardenal Arteaga, “primer cardenal de Cuba y del Caribe”, alumno de los escolapios en Camagüey.
El religioso subraya también el vínculo de la orden con la tradición patriótica cubana. En el claustro hay un busto de José Martí; los escolapios recibían a veteranos de la Guerra de Independencia, y de sus aulas salieron figuras como Adolfo del Castillo y Néstor Aranguren. “Esa memoria no se puede olvidar”, insiste Cuba Martínez.
La dimensión científica del colegio también fue relevante. Según recuerda, el centro llegó a tener uno de los museos de Ciencias Naturales más importantes del país, con animales disecados, colecciones de moluscos y restos humanos. Parte de esos ejemplares, afirma, pasaron al Museo de Ciencias Naturales de La Habana y a otras instituciones. Lo que queda en Guanabacoa ofrece hoy otra imagen: “Está casi totalmente destruido, saqueado y vandalizado”.
Ese deterioro se ve especialmente en el área del museo, una de las más golpeadas por el hurto, con baldosas levantadas, madera desprendida y señales del saqueo. El teatro, en cambio, se mantiene en mejor estado porque lo utiliza el grupo teatral Océano para algunas actividades. Su director, Luis Emilio Martínez, también ha denunciado la situación de vandalismo y desidia que sufre el espacio.
Los escolapios aseguran que han tratado de resolver el problema por la vía del diálogo. Han sostenido reuniones y acercamientos con autoridades del Gobierno y del Partido Comunista a nivel municipal, provincial y nacional. Guerra Álvarez reconoce que la acogida, “sobre todo en el tema nacional y provincial”, ha sido buena. Pero escuchar, dice, ya no basta.
“Tenemos que pasar de esa recepción de la queja o de la solicitud como tal, y pasar a la acción”, afirma. A pesar de las comunicaciones, los hechos delictivos “se están agravando” y “da la sensación de que estamos hablando y eso se queda en el aire”.
Entre los problemas que preocupan a la orden está también la presencia de jóvenes que han escogido el lugar para consumir la droga conocida como “químico”. Para Guerra Álvarez, todo esto es consecuencia directa del abandono estatal. “Las instituciones estatales, en este caso Educación Municipal, que le corresponde el tema de mantener el inmueble de la mejor manera, no debieron haberlo abandonado como fue lo que se hizo”, denuncia. “Se quedó hasta sin custodios y todo, y eso propició lo que estamos viendo actualmente”.
La orden no tiene hoy la propiedad ni la custodia del claustro y del colegio, pero es quien más insiste en salvarlos. Hasta ahora, sin embargo, no ha recibido una solución. “No hemos tenido respuesta efectiva para decir si se devuelve o no se devuelve, o qué es lo que se va a hacer en relación al claustro”, lamenta el sacerdote.
La petición de los escolapios, insiste Guerra Álvarez, no busca engrosar el patrimonio de la Iglesia. “Cuando hablamos de rescatar el inmueble no es para incrementar nuestras propiedades, porque al final eso no nos interesa, sino más bien el fin que se le pueda dar para el uso dentro de la comunidad de Guanabacoa”.
El pasado 3 de mayo, la página Escolapios Cuba publicó una dura denuncia titulada: “¡El patrimonio de Guanabacoa se destruye! Los escolapios exigimos devolución urgente”. En ese texto, la congregación acusó a Educación Municipal y al Gobierno Municipal de una “desidia absoluta” y afirmó que “la titularidad estatal solo trajo abandono y ahora destrucción”.
La orden tiene claro qué haría si recupera el edificio. Cuba Martínez responde que el objetivo sería ponerlo “al servicio de la comunidad de Guanabacoa”. Habla de crear una casa de abuelos, ampliar el centro cultural, ofrecer repasos escolares a niños de primaria y secundaria, apoyar una guardería y abrir espacios de acompañamiento para personas con problemas de alcoholismo.
“Lo importante también es tener una estructura para poder nosotros enseñar a los demás, para poder educar a los demás y para que lo poco que queda en Guanabacoa se pueda recuperar”, dice. La devolución, subraya, tendría una función social: “Abrirnos hacia la sociedad para que la sociedad vea en nosotros un mensaje de esperanza”.
La comunidad escolapia en Guanabacoa es hoy mínima comparada con la que existía antes de 1959. Según explican a este diario, entonces había alrededor de 50 padres; tras el triunfo de la Revolución quedaron ocho y actualmente solo permanecen cinco: tres cubanos, un español y un mexicano. El superior, natural de Navarra, vivió antes en Venezuela y está en Cuba desde 2019.
Por eso, para los religiosos, el tiempo es decisivo. No quieren recibir las llaves cuando ya no haya nada que salvar. “Está abandonado, pero todavía no se ha destruido totalmente”, advierte Cuba Martínez. “Que tomen acción y que no se quede solo en palabras, sino en hechos”.
Luego deja la frase que resume la urgencia de toda la denuncia: “Vamos a aprovechar ahora y poder levantar lo que haya que levantar antes que todo quede en ruinas. Porque después, ¿quién lo va a levantar? Nadie”.