Los estragos del ‘químico’ en las calles de Centro Habana
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“Esto aquí es un hervidero de vendedores informales, suciedad y derrumbes, la Policía no se asoma, la marginalidad campea por su respeto”
La Habana/Pueden ser menores de edad o, simplemente, jóvenes encogidas por una vida de malnutrición y otras penurias. Sentadas en el contén de la acera en la calle Ángeles esquina Monte, en Centro Habana, las dos –una de piel oscura y otra blanca, resumiendo la mezcla del país– se balancean hacia delante, colgadas sus cabezas hasta rozar el piso por momentos, con la saliva incontrolada derramándose de sus bocas. Los que pasan y las miran no dudan: “Eso es el químico”.
El cannabinoide sintético contra el que las autoridades luchan desde hace ya varios años aparece en las calles de la capital incluso en las zonas más transitadas, como esta, y a plena luz del día. Son apenas las diez de la mañana.
Rodeadas de curiosos, a las jóvenes no las ayuda nadie. Tampoco hay ningún policía que las asista. La gente que las ve se limitan a burlarse: “Mira, mira, cómo se le sale la baba a la negrita”, comentaba una mujer a otra con la que caminaba.
“Qué le puedo decir”, lamentaba un anciano testigo de la estampa, “esto aquí es un hervidero de vendedores informales, suciedad y derrumbes, la Policía no se asoma, la marginalidad campea por su respeto”.
Rodeadas de curiosos, a las jóvenes no las ayuda nadie. Tampoco hay ningún policía que las asista. La gente que las ve se limitan a burlarse
De poco sirven los esfuerzos del régimen ante una droga ante la que permaneció ciego, mudo y sordo durante demasiado tiempo. El pasado abril, la Aduana General de la República decomisó 22.800 dosis de químico procedente de Estados Unidos, lo cual le dio ocasión de culpar del fenómeno al enemigo de siempre, por ser “el principal origen” de la sustancia, y presumir de eficacia.
El Gobierno lleva un par de años, sin embargo, reconociendo un aumento del consumo de drogas, a diferencia de lo que sucedía en el pasado, y ha mostrado preocupación por su circulación en la Isla, especialmente entre los jóvenes. A la vez, insiste en afirmar que la Isla “no es un país productor ni de tránsito de drogas ilícitas” y que la política oficial es de “tolerancia cero”.
En 2025 las autoridades se incautaron de un total de 507 kilogramos de droga, principalmente cocaína, y detuvieron a 174 personas vinculadas con el tráfico de estupefacientes. El jefe del órgano antidrogas del Ministerio del Interior, Juan Carlos Poey, refirió el pasado diciembre que 51 jóvenes y 72 menores de edad estuvieron implicados en "83 hechos de tráfico y consumo de drogas". Además señaló que casi todos eran adolescentes de entre 13 y 16 años que consumen la droga conocida como químico (el 47%).
El Código Penal cubano sanciona "la tenencia y el tráfico de drogas ilícitas con penas desde cuatro a 30 años de cárcel, incluso prisión perpetua y hasta la condena de muerte".