Estudiantes de la Universidad de La Habana proponen suspender el curso y cuestionan a la FEU

Cuba

En una reunión con el ministro de Educación Superior, señalaron los efectos de la crisis energética que imposibilita la vida académica, pero no recibieron respuestas concretas

El reclamo de los universitarios también recibió el respaldo del Observatorio de Libertad Académica.
El reclamo de los universitarios también recibió el respaldo del Observatorio de Libertad Académica. / 14ymedio
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17 de marzo 2026 - 15:15

La Habana/Más de 40 estudiantes universitarios trasladaron este lunes al ministro de Educación Superior, Walter Baluja, una serie de reclamos que retratan con crudeza el deterioro de la vida académica en Cuba. Tras más de dos horas de reunión a puerta cerrada, las autoridades escucharon los problemas expuestos, pero no ofrecieron soluciones concretas ni medidas inmediatas.

El encuentro tuvo lugar una semana después de una sentada inusual en la escalinata de la Universidad de La Habana, donde cerca de 30 jóvenes se congregaron de forma pacífica para denunciar las condiciones en las que intentan continuar sus estudios. La protesta, discreta pero significativa en el contexto cubano, trasladó al espacio público un malestar que hasta ahora se expresaba en conversaciones privadas y en redes sociales.

El reclamo de los universitarios también recibió el respaldo del Observatorio de Libertad Académica (OLA), que calificó la acción como una “reivindicación del derecho a una educación de calidad y a la representatividad real” dentro de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU). La organización subrayó que la sentada del 9 de marzo buscaba llamar la atención sobre la “inviabilidad” del modelo semipresencial impuesto por las autoridades en medio de la crisis nacional.

Durante la reunión con Baluja, los estudiantes insistieron en que la crisis energética, el colapso del transporte y las dificultades de conectividad han convertido la rutina académica en un ejercicio casi imposible. Los estudiantes señalaron que la falta de electricidad y acceso estable a internet dificulta seriamente el aprendizaje y el cumplimiento de las actividades docentes.

Varios estudiantes cuestionaron abiertamente el papel de la FEU, a la que acusaron de no representar sus intereses

La propuesta más sensible fue la de someter a consulta la continuidad del semestre. La agencia EFE recoge que los jóvenes plantearon evaluar si es necesario “detenerlo” ante las dificultades con el suministro eléctrico, la conectividad y el transporte. En el contexto cubano, este planteamiento trasciende lo académico y refleja el impacto directo de la crisis sobre el funcionamiento del sistema educativo.

A las dificultades materiales se suma una fractura institucional cada vez más visible. Varios estudiantes cuestionaron abiertamente el papel de la FEU, a la que acusaron de no representar sus intereses. El OLA respaldó esta crítica y llamó a la “democratización” de la organización estudiantil, recordando su encargo social de canalizar las demandas del alumnado y no de filtrarlas o desactivarlas.

El conflicto actual también retoma una demanda previa: el acceso a internet. Según el Observatorio, esta exigencia –que ya había sido planteada en junio de 2025 tras el aumento de tarifas de Etecsa– vuelve a ocupar un lugar central. La organización advirtió que la desigualdad en la conectividad está ampliando la brecha social entre estudiantes, favoreciendo a quienes pueden costear el servicio y marginando al resto.

En ese sentido, el OLA recordó las consideraciones de la Unesco, que define el acceso a internet como un “catalizador esencial de derechos económicos, sociales y culturales”. En un país donde el servicio está monopolizado por el Estado a través de Etecsa, la falta de conectividad no solo afecta el aprendizaje, sino que compromete la equidad dentro del sistema educativo.

La semipresencialidad, lejos de ser una solución, ha trasladado el peso de la crisis a los estudiantes, que dependen de una conexión a internet inestable y costosa

El encuentro con el ministro confirmó, para muchos, la sensación de que las autoridades priorizan el control sobre las soluciones. El Observatorio denunció, además, que los estudiantes han enfrentado un “tratamiento disuasorio, hostil y descalificativo” por parte de instancias oficiales, y exigió respeto, transparencia y apego a la legalidad vigente en el manejo del proceso.

En paralelo, varios reportes independientes y publicaciones en redes sociales denunciaron la presencia de agentes de la Seguridad del Estado en los alrededores de la universidad durante la protesta del 9 de marzo. El aparato estatal volvió a apostar por una vigilancia discreta, una estrategia que busca evitar la amplificación del conflicto sin renunciar al control.

El contexto en el que se produce este episodio es determinante. Cuba atraviesa una de las crisis energéticas más severas de las últimas décadas, con apagones prolongados que afectan tanto a los hogares como a las instituciones. La semipresencialidad, lejos de ser una solución, ha trasladado el peso de la crisis a los estudiantes, que dependen de una conexión a internet inestable y costosa para cumplir con sus obligaciones académicas.

A ello se suma el deterioro del transporte público y una situación económica general que obliga a muchos jóvenes a priorizar la supervivencia sobre la formación. El resultado es un sistema educativo que funciona a medio motor, cada vez más condicionado por una crisis que ya no solo limita el aprendizaje, sino que pone en cuestión su propia viabilidad.

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