En Guantánamo, los coches de caballo han sustituido a los vehículos, que se han quedado sin combustible

Transporte

Entre el alza del precio del alimento para los caballos y las multas de hasta 16.000 pesos, los conductores apenas sobreviven

"Nosotros mantenemos a la gente en movimiento"
"Nosotros mantenemos a la gente en movimiento". / 14ymedio
Dayamí Rojas

08 de marzo 2026 - 08:55

Guantánamo/En Guantánamo el sonido de los cascos contra el asfalto se ha vuelto, otra vez, parte del paisaje cotidiano. Donde antes rugían motores de Lada y Moskvich o pequeños camiones privados, ahora avanzan lentamente coches de caballos que cargan pasajeros, sacos de viandas, tanques de agua o cualquier mercancía que necesite moverse por la ciudad. La crisis del combustible ha devuelto protagonismo a estos vehículos de tracción animal, pero la vida de quienes los conducen está lejos de ser fácil.

A media mañana, en una esquina cercana al parque Martí, Rodolfo sostiene las riendas de su caballo mientras espera clientes bajo el sol. El animal sacude la cabeza espantando moscas y el coche de madera cruje cada vez que alguien sube al estribo después de preguntar el precio del pasaje.

"Antes cobraba entre 20 y 50 pesos por un tramo corto, pero ahora tengo que pedir más. Si no, no me alcanza para mantener el caballo", explica el cochero a 14ymedio. El aumento de las tarifas ha provocado discusiones frecuentes con los pasajeros. "La gente se queja, y yo los entiendo, pero nadie ve lo que cuesta mantener este negocio".

En Guantánamo, los coches de caballo han sustituido a los vehículos

La escena se repite en varias calles de la ciudad. En las paradas improvisadas, los pasajeros negocian el precio antes de subir al coche. Una mujer con varias bolsas de mercado protesta cuando escucha la cifra que le pide el cochero para llevarla hasta el reparto Caribe.

"Eso es un abuso, chico. Cada día lo suben más", murmura. Pero termina acomodándose en el asiento trasero porque no tiene muchas alternativas. Las guaguas casi no pasan y los taxis particulares están paralizados por la falta de gasolina. En Guantánamo, como en muchas ciudades del país, los coches de caballo han pasado de ser un transporte pintoresco a convertirse en una pieza esencial del engranaje urbano.

Sin embargo, para los cocheros el trabajo se ha vuelto cada vez más complicado. Rodolfo enumera los problemas sin soltar las riendas. "Las herraduras están carísimas, el pienso casi no aparece y la hierba hay que buscarla lejos", dice. Alimentar al animal puede convertirse en una jornada adicional de trabajo. Muchos cocheros salen al amanecer hacia las zonas rurales cercanas para cortar pasto o comprar algún saco de alimento.

"Si no comes tú, puedes aguantar, pero el caballo no. Y si el caballo se enferma, se acabó el trabajo", añade.

Las restricciones para circular por ciertas calles también han reducido las oportunidades de conseguir clientes. En los últimos meses, las autoridades municipales han limitado las vías por donde pueden transitar estos vehículos, argumentando cuestiones sanitarias y de ornato público.

Alimentar al animal puede convertirse en una jornada adicional de trabajo.
Alimentar al animal puede convertirse en una jornada adicional de trabajo. / 14ymedio

"Nos tienen dando vueltas como si estuviéramos en un laberinto", se queja Rodolfo. "Hay calles por donde antes pasábamos y ahora dicen que está prohibido. Eso significa más vueltas, más cansancio para el caballo y menos pasajeros".

En una parada cercana, otro cochero coincide con él. Apoyado contra el lateral de su coche, observa el tránsito casi inexistente de la mañana. "Lo que quieren es sacarnos de las calles", dice con amargura. "Pero cuando no hay gasolina, ¿quién mueve a la gente?".

Las multas también forman parte de la rutina. Los inspectores municipales revisan documentos, rutas autorizadas y condiciones del coche. Una infracción puede costar hasta 16.000 pesos cubanos, una cifra que para muchos resulta imposible de pagar.

"Una multa de esas te deja muerto", afirma Rodolfo. "Hay gente que ha tenido que vender cosas de la casa para pagarlas". El miedo al robo es otra preocupación constante. Los caballos se han vuelto un blanco codiciado para los matarifes que los sacrifican de forma ilegal para vender la carne.

"Yo duermo aquí, al lado de mis caballos", explica a este diario Javier, un guantanamero que pasa las madrugadas lejos de su cama porque teme que le roben sus animales. El vandalismo se ceba especialmente en quienes tienen vacas, cerdos u otro animal que pueda terminar vendiéndose en el mercado informal.

Javier suele pasar la noche en un pequeño cobertizo improvisado en el patio. "Si lo dejas solo, te lo pueden robar. Y sin caballo no hay coche ni comida para la familia", explica.

"Hay cocheros que han parado el coche y están esperando que las cosas cambien".
"Hay cocheros que han parado el coche y están esperando que las cosas cambien". / 14ymedio

Algunos colegas suyos ya han decidido abandonar temporalmente el oficio. El costo de los insumos, las multas y las restricciones de circulación han convertido el trabajo en una actividad cada vez menos rentable.

"Hay cocheros que han parado el coche y están esperando que las cosas cambien", cuenta Javier. "Pero mientras tanto la ciudad sigue necesitando transporte".

A lo largo del día, su coche recorre avenidas polvorientas, calles con baches y esquinas donde los pasajeros levantan la mano buscando un asiento libre. En cada trayecto se mezclan las quejas de los clientes con las preocupaciones del cochero.

"Nosotros mantenemos a la gente en movimiento", insiste Rodolfo. "Pero nadie nos ayuda". El caballo resopla mientras el cochero se sube al asiento delantero. Un par de pasajeros se acercan preguntando si los puede llevar hasta el hospital. El cochero calcula el precio y mira al animal antes de responder. Después da un pequeño tirón de las riendas y el vehículo comienza a avanzar lentamente por la calle.

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