Holguín desmonta bajo vigilancia policial uno de sus principales mercados de alimentos
Holguín
El cierre de Los Chinos deja en el aire el sustento de cientos de vendedores y el abastecimiento de miles de vecinos
Holguín/“Esto está del carajo”, dice un vecino de Holguín mientras observa, a prudente distancia, el desmontaje de los kioscos de Los Chinos, uno de los puntos de abastecimiento más concurridos de la ciudad. Dos patrullas bloquean este viernes el acceso al lugar en los extremos de la calle. Policías a pie, inspectores y presuntos agentes de civil vigilan cómo se desarman los puestos donde durante años miles de holguineros compraron viandas, granos, especias, carnes, conservas y cualquier producto que no aparecía en los mercados estatales.
El operativo se produjo este jueves en el Reparto Lenin, en la zona conocida como Los Chinos, después de meses de advertencias oficiales, quejas vecinales y rumores de reubicación. Las autoridades no solo desmontaron puestos y carretillas, sino que intervinieron un espacio que, con todos sus problemas, funcionaba como una especie de mercado mayorista y minorista al mismo tiempo, en medio de la crisis.
“Hay policías regados por todos los kioscos, supervisando el desarme”, cuenta un cliente habitual del lugar. Según su descripción, en la zona había entre 10 y 15 agentes, además de inspectores y posibles agentes de la Seguridad del Estado vestidos de civil. “No son dos o tres policías. Es un fuerte operativo policial”, insiste.
Desde hace más de un año, el argumento oficial venía presentando la reorganización de Los Chinos como una medida necesaria para recuperar el orden urbano. En febrero de 2025, el periódico provincial Ahora confirmó que los vendedores sin licencia debían desmontar sus puestos antes del día 16 de ese mes o se exponían a multas de hasta 30.000 pesos. El propio medio admitía entonces que el asunto había “revolucionado a todo Holguín”, porque en el lugar trabajaban más de 1.000 personas entre comerciantes, transportistas e intermediarios.
La prensa oficial también reconocía una paradoja incómoda. Al haber tantos vendedores, la competencia generaba precios más favorables para la población. En una ciudad golpeada por los apagones, la inflación y el desabastecimiento, Los Chinos se había convertido en una solución imperfecta, caótica, insalubre en muchas áreas, pero funcional para quienes necesitaban comprar comida.
“Es verdad que estaban un poquito caros, pero aparecían aquí”, dice una vecina del casco urbano. “Ahora la gente se pregunta dónde va a comprar sus alimentos. Era un lugar céntrico, donde se servía buena parte del municipio de Holguín”.
Los trabajadores tampoco tienen claro qué ocurrirá con ellos. Uno de los vendedores, entrevistado de manera informal en medio del desmontaje, aseguró que no les habían dicho “para dónde los van a mandar” ni cómo serían reorganizados. “El estado de opinión de los trabajadores es pésimo”, relata otro testigo. “Se están quejando porque va a quedar una pila de personas desempleadas”.
La preocupación no borra, sin embargo, los problemas acumulados en el lugar. Vecinos del Reparto Lenin señalan que durante años hubo quejas por el bloqueo de aceras, la acumulación de basura, los malos olores y la ocupación de espacios cercanos a la secundaria básica Carlos Manuel de Céspedes. Radio Angulo publicó en mayo que en el entorno del mercado existían puestos improvisados, alimentos sin control sanitario, basura acumulada y ventas fuera de las regulaciones urbanísticas y comerciales. También recordó que en la zona hay, además, dos círculos infantiles y dos escuelas primarias.
Un residente cercano a la escuela secundaria asegura que los vendedores se colocaban frente al centro, bloqueaban el paso de estudiantes y padres, y discutían con quienes intentaban estacionarse para comprar. “Había tantos kioscos aglomerados que siempre terminabas frente a uno. Entonces algunos se ponían agresivos y te mandaban a moverte porque les tapabas la vista. Era un desorden terrible”, cuenta.
Otros vecinos mencionan la presencia de vendedores de medicamentos, el consumo de alcohol, personas durmiendo en los alrededores y problemas de higiene. “Se orinaban en los pasos de escalera de los edificios y en la parte trasera de la escuela. Tiraban cajas, basura y nailons sucios con agua de picadillo. El olor era insoportable”, dice un residente. “Yo sé que eso le resolvía problemas al pueblo, pero también había mucha indisciplina”.
La postura oficial se apoya precisamente en ese deterioro. Desde 2024, el Gobierno local había insistido en la necesidad de “ordenar” Los Chinos, retirar a quienes ocuparan espacios públicos sin permiso y trasladar a los vendedores autorizados a zonas más adecuadas. Sin embargo, incluso la prensa estatal reconocía que la alternativa no estaba lista.
Esa falta de previsión es el centro de la inconformidad actual. Para muchos holguineros, el problema no es que se intente ordenar el mercado, sino que se haga en medio de una crisis alimentaria y sin una respuesta visible para consumidores y trabajadores. “No se puede permitir el desorden, pero tampoco se puede quitar de golpe el lugar donde la gente compraba”, resume una clienta.
Este viernes, el miedo también marcaba el ambiente. Algunos vecinos prefieren no acercarse demasiado al operativo. “Sacar el teléfono para hacer fotos ya es un problema, porque la vigilancia está fuerte”, dice un residente. El mercado de Los Chinos es, al mismo tiempo, alivio y síntoma de la crisis cubana. Un mercado nacido del fracaso del abastecimiento estatal, tolerado durante años por las propias autoridades y luego convertido en problema público cuando su crecimiento desbordó las reglas.