Holguín también se mueve al ritmo de la gasolina privada

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Mientras las mipymes amplían la venta de combustible, los residentes alertan sobre los riesgos de almacenar grandes cantidades de carburante 

Hasta hace poco, un tanque de ese tamaño habría levantado sospechas inmediatas de desvío de recursos o mercado negro.
Hasta hace poco, un tanque de ese tamaño habría levantado sospechas inmediatas de desvío de recursos o mercado negro. / 14ymedio
Miguel García

24 de julio 2026 - 15:29

Holguín/Sobre la plataforma de un triciclo eléctrico azul viaja un tanque blanco. A primera vista parece un depósito de agua, pero basta fijarse en la manguera enrollada sobre la carga para entender que transporta otra mercancía mucho más codiciada: combustible. La escena, captada en una carretera de Holguín, resume uno de los cambios más visibles que está experimentando la ciudad. La venta de gasolina y diésel por parte de las micro y pequeñas empresas privadas (mipymes) está modificando el paisaje urbano y la manera en que circulan vehículos y mercancías.

Hasta hace poco, un tanque de ese tamaño habría levantado sospechas inmediatas de desvío de recursos o mercado negro. Hoy, en cambio, forma parte de una actividad que gana espacio bajo el paraguas del sector privado. Entre los negocios particulares que comercializan combustible en Holguín destacan Calcol, cuyo objeto empresarial son los servicios gastronómicos, y Super Rápido, dedicado a realizar envíos, ambos ubicados en el Consejo Popular San Rafael, donde acuden desde transportistas particulares hasta pequeños comercios que dependen del diésel o la gasolina para mantener sus operaciones.

En las redes sociales circulan incluso imágenes promocionales con ofertas que fijan el litro de gasolina especial en torno a los 3.000 pesos

La competencia también ha llegado a un mercado históricamente dominado por la escasez. Los anuncios de estas empresas prometen disponibilidad inmediata, pago en efectivo o por transferencia y diferentes tipos de combustibles. En las redes sociales circulan incluso imágenes promocionales con ofertas que fijan el litro de gasolina especial en torno a los 3.000 pesos, un precio que muchos consideran asumible frente a las interminables colas de los servicentros estatales o la incertidumbre de tener los depósitos vacíos.

Sin embargo, la expansión del negocio también ha despertado inquietud entre los vecinos. Buena parte del combustible se almacena en locales que originalmente no fueron concebidos para ese fin y que, según residentes de la zona, carecen de las medidas de seguridad que exigiría el manejo de sustancias altamente inflamables. "Aquí entran y salen tanques todo el tiempo, pero nadie sabe si tienen permisos o cómo almacenan eso", comenta un vecino del entorno de una de estas mipymes. El temor a un incendio o una explosión ha comenzado a colarse en conversaciones donde antes se hablaba de apagones o falta de agua.

El tanque que avanza sobre el triciclo, balanceándose entre los baches de la carretera holguinera, es mucho más que una carga. Es el retrato de un país donde el combustible ha dejado de ser solo un recurso estratégico del Estado para convertirse también en mercancía privada, motivo de negocio y, al mismo tiempo, fuente de nuevas preocupaciones para quienes ven cómo, junto al olor de la gasolina, se instala otra incertidumbre en la puerta de sus casas.

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