Los inspectores de la "guagüita blanca y roja" multan las ventas de garaje en La Habana

La batalla del Gobierno contra los coleros, revendedores y acaparadores amenaza con extenderse a otras transacciones comerciales

Si las quejas de los residentes en el inmueble llegan hasta los oídos de los inspectores o la policía, las posibilidades de que revisen el punto de venta se multiplican. (14ymedio)
Si las quejas de los residentes en el inmueble llegan hasta los oídos de los inspectores o la policía, las posibilidades de que revisen el punto de venta se multiplican. (14ymedio)

Ya no está el cartel que hasta hace unos días anunciaba una venta de garaje en la calle 26 de La Habana y los clientes imaginan que la propietaria se fue "a ver los volcanes" o no tiene mercancías. Sin embargo, el cierre obedece a la cautela que se extiende ante los anuncios oficiales de revisar esta forma de comercio para que solo ofrezca "renglones autorizados".

"No puedo arriesgarme a una multa, así que este fin de semana no abrí", cuenta a 14ymedio Tahimí, una habanera de 38 años que se sumó al carro de las ventas de garaje nada más se aprobaron a mediados de 2021. "Parte de mis ofertas son ropa y zapatos de segunda mano, pero lo que más vendo son útiles para el hogar y otros productos importados", reconoce.

Las autoridades cubanas se han lanzado a una batalla contra las ilegalidades que ha puesto bajo la lupa a los coleros, revendedores y acaparadores pero también amenaza con extenderse a otras transacciones comerciales. En una reciente reunión de los más altos funcionarios de La Habana, se llamó a "ordenar las ventas de garajes" y regular el lugar dónde se hacen y los productos que ofertan.

El anuncio ha puesto en alerta a quienes en una escalera, a la entrada de un edificio o en un parqueo de vehículos habían improvisado una pequeña tienda donde exhiben desde vestidos y carteras hasta fosforeras, pegamento instantáneo y cajas de cigarrillos. "Se supone que solo podemos tener cosas usadas o que nos sobren en la casa", lamenta Tahimí.

Las protestas populares del año pasado obligaron al Gobierno a legislar un paquete exprés de medidas para calmar los ánimos sociales. Permitir las ventas de garaje formó parte de aquellas flexibilizaciones

La mujer recuerda que a finales de 2013 se prohibió la venta de productos importados en tiendas privadas, que se surtían de las mulas y sus viajes a países como México, Panamá o Rusia. Pero las protestas populares del año pasado obligaron al Gobierno a legislar un paquete exprés de medidas para calmar los ánimos sociales. Permitir las ventas de garaje formó parte de aquellas flexibilizaciones.

Las autoridades establecieron que no se necesitaría licencia comercial ni estar dado de alta como trabajador por cuenta propia, pero sí haría falta tramitar un permiso ante el Consejo de la Administración Municipal, con un costo de 50 pesos. Semanas después se "actualizó" la norma y se eliminó dicho permiso. "Nadie se metía con lo que vendíamos, pero ya he conocido a varios vecinos a los que les han puesto multas por tener en exposición alimentos y café".

Otros prefieren no dejarse llevar por los temores. "A mi nadie ha venido a decirme que no puedo vender estas cosas", advertía este domingo otro comerciante que mantiene su punto de venta en la calle Tulipán en la zona en que discurre por la barriada del Cerro. Sobre una pequeña mesa tiene varios modelos de gafas de sol, memorias USB y un par de controles remotos universales. Todo nuevo y en su estuche original.

"Nadie se metía con lo que vendíamos, pero ya he conocido a varios vecinos a los que les han puesto multas por tener en exposición alimentos y café". (14ymedio)
"Nadie se metía con lo que vendíamos, pero ya he conocido a varios vecinos a los que les han puesto multas por tener en exposición alimentos y café". (14ymedio)

No obstante, el comerciante señala que "en Galiano y Monte han hecho redadas y le han puesto multas lo mismo a los merolicos de toda la vida que a la gente que estaba haciendo una venta de garaje". Detectar la diferencia es difícil porque las mercancías que ofrecen cada vez se parecen más en medio del desabastecimiento de las tiendas estatales que obliga a buscar en el mercado informal todo tipo de productos cotidianos.

En la barriada de Luyanó, los vecinos avisan cuando se acerca "una guagüita blanca y roja que trae a los inspectores" que supervisan los puestos de los cuentapropistas y las ventas de garaje. A estas últimas solo se les permite ahora estar abiertas durante los fines de semana y comerciar mercancías de segunda mano o nuevas que sobren en una casa, y de las que solo se cuente con un ejemplar o dos.

Cualquier infracción es castigada con multas que van desde los 3.000 pesos hasta superar los 10.000, según testimonios recopilados por este diario. Una penalización bastante dura si se contrasta con la permisividad que había caracterizado este tipo de actividad económica hasta ahora.

Cualquier infracción es castigada con multas que van desde los 3.000 pesos hasta superar los 10.000, según testimonios recopilados por este diario

Para evadir los controles, algunas ventas de garaje han pasado al espacio virtual. "Vendo pacas de ropa de uso en buen estado", reza un anuncio en un grupo de Facebook creado para estos fines. "Combo de pantalón, zapatos, blusa y accesorios femeninos a muy buen precio", añade otro clasificado que asegura que el cliente "no tiene que moverse de su casa, la mercancía es la que se mueve hasta sus manos".

Tampoco faltan los que se erigen como suministradores de los vendedores. "Tengo ropa para venta de garaje, la vendo por separado o en combos de 12 piezas cada uno", detalla otro clasificado en una página que parece estar rebosante de ofertas de objetos de segunda mano y otros por estrenar. Muchos provienen de las familias, cada día más numerosas, que se preparan a salir del país y no pueden llevarlos en sus maletas.

Pero no solo las autoridades tienen bajo la lupa la venta de garaje. En un bloque de 12 pisos en Nuevo Vedado, los vecinos se quejan de que un comercio de este tipo ha invadido parte de las escaleras y atrae a "gente que entra y sale todo el tiempo" para revisar y probarse ropa. "Está bien que se ganen un dinerito pero al final están usando un espacio público para su lucro privado", lamentaba este sábado una vecina.

Si las quejas de los residentes en el inmueble llegan hasta los oídos de los inspectores o la policía, las posibilidades de que revisen el punto de venta se multiplican. "Siempre pueden tener un motivo para cerrarlo o poner una multa, porque nadie se ajusta a vender solo lo que está permitido vender", añadía la mujer. La mirada laxa sobre las ventas de garaje ha llegado a su fin y solo transcurrió un poco más de un año desde que se permitieron.

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