"No estamos tan inundados como cansados de que nos mientan"

El intenso aguacero del miércoles volvió a anegar las partes bajas de la capital

Los datos del Instituto de Meteorología indican que a las siete y media de la noche, se habían acumulado, en tres horas, 55 milímetros en el municipio de Plaza de la Revolución. (14ymedio)
Los datos del Instituto de Meteorología indican que a las siete y media de la noche, se habían acumulado, en tres horas, 55 milímetros en el municipio de Plaza de la Revolución. (14ymedio)

Carlos guarda aún el periódico que hace cinco años anunciaba el comienzo de una obra hidráulica que disminuiría el flagelo de las inundaciones en la barriada habanera del Cerro donde vive. Este miércoles por la tarde, el trozo de papel fue de lo poco que no se mojó en su casa cuando una nube negra trajo aguas por la cintura en toda la zona.

Un torrencial aguacero ocurrido la tarde de este miércoles en La Habana inundó partes bajas de la ciudad y causó pérdidas materiales en numerosas viviendas. La lluvia, abundante y sin pausa, cayó durante más de 45 minutos, en los que se anegaron las calles, se cortó el paso de vehículos y el agua entró en la planta baja de algunas viviendas del municipio Cerro, Centro Habana y Diez de Octubre, principalmente.

Los datos del Instituto de Meteorología indican que a las siete y media de la noche, se habían acumulado, en tres horas, 55 milímetros en el municipio de Plaza de la Revolución, 50,8 en Centro Habana y 34 en la estación de Casablanca.

Carlos vive cerca del Centro Deportivo El Pontón, una zona baja donde los vecinos que viven a ras de suelo llevan décadas sufriendo situaciones como esta. La mayoría de las familias han echado manos de trucos como muros, escaleras, niveles intermedios y otras soluciones de urgencia para que, cuando las aguas suben, se puedan salvar la vida y los muebles.

Inundaciones ayer en la zona del Centro Deportivo El Pontón, donde vive Carlos. (14ymedio)
Inundaciones ayer en la zona del Centro Deportivo El Pontón, donde vive Carlos. (14ymedio)

"No hubo tiempo a nada. Aunque habían anunciado lluvias, nadie advirtió de que iban a ser de esta intensidad", se queja Eulalia, una vecina de la calle Santo Tomás, otra de las más afectadas, que tuvo que refugiarse en casa de unos amigos que viven en un segundo piso. Con su perra y algunas pertenencias a cuestas, miró desde un balcón como el agua se colaba en su casa.

En la noche, cuando ya pudo regresar tras mermar las aguas, Eulalia vio destrozado su sofá y toda la casa convertida en un lodazal. "Nací y he estado en este barrio toda mi vida y no estamos tan inundados como cansados de que nos mientan", cuenta a 14ymedio con indignación la mujer. "Este problema se lleva planteando por años y a cada rato nos dicen que se va a solucionar, pero sigue".

En Cuatro Caminos, donde se ubica el recién inaugurado mercado que toma el nombre de la popular esquina, decenas de personas se vieron sorprendidas por el aguacero. Algunas trataron de seguir, rumbo entre las aguas revueltas, zapatos en mano para proteger el calzado de la humedad, pero otras prefirieron esperar en los portales que también terminaron inundados.

El área tiene un drenaje original construido en 1910, cuando la ciudad apenas tenía el 5% de la urbanización que muestra hoy

No faltaron tampoco los jóvenes que jugaban en medio del espontáneo torrente formado en las calles, ni los latones de basura convertidos en inusuales embarcaciones flotantes que se movían a merced de la corriente. En pocos minutos, el panorama de esa parte de la ciudad cambió totalmente y lo que había sido una carrera para encontrar comida en medio del desabastecimiento creciente se convirtió en una lucha por evitar mojarse, ser arrastrado por las aguas o golpeado por algún objeto que pasaba flotando.

En la intersección de Belascoaín y Monte se podían ver algunos vehículos detenidos por la altura de las aguas que ahogaron sus motores, choferes que subían sus motocicletas a los sitios más altos y el tráfico totalmente detenido.

Una de las zonas con inundaciones más severas fueron los alrededores de la avenida Cristina, desde Cuatro Caminos hasta la calle Manglar, especialmente en su esquina con Matadero, también parte de la calle Monte.

"Hacia allá no avancen, se van a quedar atrapados", le decía una joven a una pareja que caminaba con dificultad y el agua por la cintura en medio de la fuerte corriente, "Esto es para largo y nos puede agarrar aquí el toque de queda, se preocupaba la mujer que había salido para hacer compras y lo único logrado hasta el momento era toda la ropa mojada.

Carlos lleva cinco años guardando la página de 'Trabajadores' que anunciaba las obras para solucionar las inundaciones.
Carlos lleva cinco años guardando la página de 'Trabajadores' que anunciaba las obras para solucionar las inundaciones.

El recorte de periódico Trabajadores que guarda Carlos contiene una entrevista fechada en 2015 con el ingeniero Javier Toledo Tápanes, delegado del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos en La Habana. Tras unas inundaciones severas ocurridas ese año y que afectaron especialmente a la barriada del Cerro, el funcionario aseguró que la "costosa obra" para solucionar las acumulaciones de agua en la zona debía "aprobarse para el 2016 o el 2017".

La infraestructura iba a solucionar los problemas en la llamada cuenca de Matadero, que abarca la zona del Pontón y sus alrededores como Cuatro Caminos. El área tiene un drenaje original construido en 1910, cuando la ciudad apenas tenía el 5% de la urbanización que muestra hoy.

"No podemos olvidar que en el momento en que se diseñó el sistema de drenaje había muchos terrenos para que ocurriese una infiltración natural. El avance en las urbanizaciones ha eliminado muchas y no hay obstáculos para que el agua corra libremente", afirmó entonces Toledo.

En los últimos años, la única solución que se ha aplicado en la barriada de Carlos ha sido "reconvertir el centro deportivo El Pontón en una laguna, lo cual no resuelve el problema". Los niños y jóvenes de la zona "se quedaron sin un lugar para hacer deportes y la piscina que era muy popular se convirtió en un hueco para el vaciado de las lluvias". Pero "el remiendo no ha funcionado".

Cinco años después, Carlos sigue esperando la obra que iba a evitar que su casa se convirtiera en un lago y sus pertenencias, en botes flotantes.

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