Con libretas alquiladas, los 'coleros' de Luyanó toman de nuevo el poder

Los residentes del lugar infieren que alguien deja el documento a cambio de que se queden con la mitad de los productos

Los vecinos de Luyanó se quejan que las autoridades hacen la vista gorda de las irregularidades entre los empleados y coleros. (14ymedio)
Los vecinos de Luyanó se quejan que las autoridades hacen la vista gorda de las irregularidades entre los empleados y coleros. (14ymedio)

La paz en la tienda de la calle Melones de Luyanó, en La Habana, donde, tras la muerte de un anciano, el pasado 1 de noviembre, se destapó una red de corrupción entre empleados y coleros, no ha durado mucho.

Los primeros, aseguran los vecinos del barrio, tenían un equipo de 15 personas a las que permitían comprar lo que querían y que les llevaban almuerzo, café, refrescos, merienda. Tras el escándalo, mandaron al establecimiento a nuevos agentes del grupo de "lucha contra coleros" (LCC) que, al menos el primer día, dejaron claro, con un sermón ante la multitud, que eran "impenetrables" a la corrupción, que se abstuvieran de intentar sobornarlos con dádivas.

"A raíz del explote, a finales de la semana pasada, no se veía coleros alrededor de la tienda, pero ya el martes empezaron a salir de sus cuevas", cuenta María, que sufre desde hace meses el desabasto y las corruptelas de la calle Melones. Ese día, ya se volvió a ver "chanchullo", refiere. "Los mismos de siempre" cogieron los 20 primeros turnos y la gente que estaba ahí desde la madrugada empezó a protestar. Sin éxito: "Cuando los LCC empiezan a recoger libretas, los 'coleros' le echan guapería. La mayoría de la fila no les dice nada porque son personas mayores que no quieren enfrentarse a ese tipo de elementos".

Para colmo, casi tienen que lamentar otra vida: una señora mayor se desmayó en mitad de la multitud y tuvo que ser asistida por una doctora. "A las dos por lo menos les dieron la oportunidad de comprar antes de tiempo".

"Cuando los LCC empiezan a recoger libretas, los 'coleros' le echan guapería. La mayoría de la fila no les dice nada porque son personas mayores"

Otro día, que se puso a la venta salchichas, la gente se sublevó cuando fue informada de que solo se venderían 50 unidades. Cuentan los vecinos que alguien llamó a las autoridades, que un policía "le faltó el respeto a un joven" y que ambos "se enredaron a piñazos".

María no se explica que apenas haya pasado una semana del operativo y las autoridades vuelvan a hacer la vista gorda con las "irregularidades". "Cómo es posible, si las leyes dicen que sólo puedes comprar por tu núcleo, y tienes que tener el carné de identidad de ese núcleo, y ellos están comprando a toda hora, todo el mundo los conoce".

Los residentes del lugar infieren que los coleros operan con lo que llaman "libretas alquiladas": alguien les deja su libreta a cambio de que se queden con la mitad de los productos; así, explican, se garantizan por lo menos la otra mitad.

En la cola "del picadillo", tuvo que venir un teniente a ayudar en la organización junto a uno de los nuevos LCC y uno de los vecinos se quejó de la situación con los intimidantes acaparadores: "¿Y ustedes tienen miedo, pero a qué le tienen miedo? ¡Sáquenlos ustedes, no los dejen meter!", reproduce María. "La gente decía: bueno, pero si ellos son la policía y no se meten y conocen a los que se están colando, cómo están mandando a enfrentarlos a las personas mayores".

"¡Tremenda chivatería es lo que hay aquí!", refiere María que gritaba uno de esos "elementos" a los que todo el mundo conoce.

Los residentes del lugar infieren que los coleros operan con lo que llaman "libretas alquiladas": alguien les deja su libreta a cambio de que se queden con la mitad de los productos

En otro momento, narra, llegó un funcionario, "alguien del gobierno que llegó en una de esas moticos, se metió en la tienda un rato y luego salieron todos muertos de risa". Parece, puntualiza María con sorna, que "los impenetrables ya han sido penetrados".

Aunque no hablen en voz alta, dice la mujer, todos en el barrio lo tienen claro. "Todo el mundo sale disgustado diciendo que cómo es esto, que siempre es lo mismo, la gente se insulta", cuenta una enfermera que había salido de su guardia para tratar de coger algún perrito. "Al final, la situación está volviendo a coger el mismo matiz que con el otro grupo".

Este viernes, uno de los tres días de la semana en que "entra" pollo, volvió a armarse el caos en la fila de la tienda de Melones, y, de nuevo, tuvo que poner orden la Policía. María sigue sin comprar esta semana su paquetico de pollo: "Qué más da que cambien a los equipos, si el problema de corrupción con los LCC va a ser el mismo".

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