Con pocos libros y en apagón, así abre México su librería en La Habana

Casi todos los ejemplares llevan el sello del Fondo de Cultura Económica, pero también hay títulos de otras editoriales mexicanas y españolas, que Cuba no tiene autorización para vender

Del techo, áspero por el mal repello, cuelgan sin disimulo las tuberías del agua y la instalación eléctrica. (14ymedio)
Del techo, áspero por el mal repello, cuelgan sin disimulo las tuberías del agua y la instalación eléctrica. (14ymedio)

La librería Tuxpan del Fondo de Cultura Económica de México, localizada en la esquina de L y 27, en El Vedado habanero, abrió este lunes la puerta a los lectores. El ministro cubano de Cultura, Alpidio Alonso, y el escritor Paco Ignacio Taibo II, director del Fondo, inauguraron el proyecto tal y como está: inacabado, chapucero y mal decorado.

En abril de este año, Taibo había asegurado a la prensa que la Tuxpan, nombre con que habían rebautizado a la antigua librería Fernando Ortiz, sería abierta el día 30 de ese mes. Luego, se retrasó la apertura para mayo, para hacerla coincidir con la visita oficial a Cuba del presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, lo cual tampoco ocurrió. El comején, el poco acceso a los materiales de construcción y las trabas burocráticas hicieron afirmar a los directivos del Fondo que se tomarían la inauguración con mucha calma.

"Si no viera los libros, pensaría que estoy en la funeraria de la calle Zanja", comentaba una lectora, tras la apertura, a la que también asistieron escritores y funcionarios como Fernando Rojas, Graziella Pogolotti y Alberto Marrero. 

Al atravesar el pórtico amarillo, durante el caluroso apagón en que se sumergió la Tuxpan después del acto, el visitante encuentra un salón enlosado por un mármol gris y mortuorio, pulido de cualquier forma, salpicado por la cal y la pintura de las paredes. 

“Si no viera los libros, pensaría que estoy en la funeraria de la calle Zanja”, comentaba una lectora. (14ymedio)
“Si no viera los libros, pensaría que estoy en la funeraria de la calle Zanja”, comentaba una lectora. (14ymedio)

Del techo, áspero por el mal repello, cuelgan sin disimulo las tuberías del agua y la instalación eléctrica. A la izquierda, una sala de actos y reuniones que se parece demasiado a una capilla fúnebre. 

Los libros, en el centro del salón, están dispuestos sobre una escalinata de piedra sin otra clasificación que unas placas para indicar las materias. Sorprende, sin embargo, la gran cantidad de empleados que parece haber contratado la librería: una veintena, uniformados con pulóveres rojos y pantalón oscuro. 

Un lector curiosea con desgano entre los títulos, que le ofrecen poco interés. Los años de Allende , una novela gráfica, comparte estantería con Fidel: 17 aproximaciones , de John Saxe-Fernández. Hay novelas de Martín Luis Guzmán, manuales de matemática recreativa y libros navideños para colorear, estos últimos a 370 pesos. Otros textos técnicos, como El campo de México en un agujero negro , de Amador Terán, valen 50 pesos. 

Una vez elegido el libro, el cliente acude al mostrador. Allí, una de las solícitas empleadas le explica que, debido al corte de electricidad, no puede escanear el libro para conocer su precio. "Vuelva a las dos de la tarde", le dice, "y entonces se lo podrá llevar". 

El Gobierno de López Obrador ha respaldado las escaramuzas del director del Fondo, que ha incumplido varias veces las normas internacionales de distribución y derechos de autor

Casi todos los ejemplares llevan el sello del Fondo, pero también hay títulos de otras editoriales mexicanas y españolas. Agua por todas partes , la colección de crónicas de Leonardo Padura, cuesta 420 pesos en su edición de Tusquets. Las novelas de Joselo Rangel, el rockero mexicano, a solo 100. Hay lugar, incluso, para que Andrés Manuel López Obrador venda sus propios libros, en ediciones de Planeta. Quien desee leer Hacia una economía moral tendrá que desembolsar 220 pesos. 

Se desconoce a qué artificio legal está recurriendo el director del Fondo para vender estos libros en La Habana. No es la primera vez que la negligencia y el poco respeto de Paco Ignacio Taibo II sumerge al prestigioso sello mexicano en un pleito legal con grupos editoriales como Penguin, que ha presentado varias demandas legales al escritor. 

Se desconoce a qué artificio legal está recurriendo el director del Fondo para vender estos libros en La Habana. (14ymedio)
Se desconoce a qué artificio legal está recurriendo el director del Fondo para vender estos libros en La Habana. (14ymedio)

El Gobierno de López Obrador ha respaldado las escaramuzas del director del Fondo, que ha incumplido varias veces las normas internacionales de distribución y derechos de autor. Es muy probable que la venta de libros impresos por Tusquets, Planeta, Booket, Debolsillo y otras editoriales responda a este patrón de ilegalidades, pactado con entera impunidad entre La Habana y México. 

A pesar de que en La Habana se vende apenas una porción de los títulos del Fondo, y no los de mayor calidad, el director de asuntos internacionales de esa casa editorial, Marco Barrera Bassols, aseguró al diario mexicano La Jornada que "el pueblo cubano podrá tener acceso permanente a los 11 mil libros que articulan el catálogo de este sello". 

"La librería Tuxpan sigue en construcción, no porque no esté terminada, sino porque se encuentra en infinito cambio"

Barrera no tuvo escrúpulos en calificar el lugar de "magnífico", tras un "arduo proceso de diseño y restauración". "Colaboraron con nosotros dos arquitectos jóvenes cubanos, Anadis González y Fernando Martirena, a petición de Wilfredo Prieto, uno de los artistas más importantes en este momento no sólo en Cuba, sino en el mundo", añadió el funcionario. 

Tanto la habitual excusa del "bloqueo inhumano" como "el clima y la humedad prevalecientes en La Habana ralentizaron más el proceso para diseñar e instalar un espacio permanente de exhibición y venta de material bibliográfico", aseguró Barrera. 

"La librería Tuxpan sigue en construcción, no porque no esté terminada, sino porque se encuentra en infinito cambio". Los lectores habaneros que asistieron este lunes al recinto, en medio de un apagón y bajo la nube de humo negro que cubre La Habana, pudieron constatar que las palabras del funcionario sobre la librería perpetuamente "inacabada" del Fondo de Cultura Económica son más que una metáfora.

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