En Luyanó, la sed también cotiza en el mercado

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Un botellón de cinco litros de agua potable se vende por 2.000 pesos mientras los aguadores acumulan listas de espera

A razón de 400 pesos el litro, llenar un vaso para calmar la sed demanda una cantidad de recursos que muchas familias no pueden pagar.
A razón de 400 pesos el litro, llenar un vaso para calmar la sed demanda una cantidad de recursos que muchas familias no pueden pagar. / 14ymedio
Natalia López Moya

02 de noviembre 2026 - 15:21

La Habana/En Luyanó, el agua se ha convertido en un artículo de lujo. Sobre una nevera de un comercio privado, un botellón de cinco litros lleva pegado un precio escrito a mano: 2.000 pesos. A su lado, un elefante de peluche parece custodiar el envase, como si fuera una joya de varios quilates. La escena tiene algo de chiste cruel en una barriada habanera donde las tuberías llevan secas más de una semana.

La etiqueta del pomo promete "agua purificada", pero el verdadero atractivo está en que contiene algo que escasea en las casas de la zona. A razón de 400 pesos el litro, llenar un vaso para calmar la sed demanda una cantidad de recursos que muchas familias no pueden pagar. Ni hablar de cocinar, lavar la ropa o fregar los platos, para esas tareas habría que hipotecar uno o varios salarios mensuales.

"Tengo toda la ropa sucia, mi madre está con hepatitis y en mi casa no hay una gota de agua ni para tomar", cuenta una joven que salió este lunes a recorrer los comercios de Luyanó

"Tengo toda la ropa sucia, mi madre está con hepatitis y en mi casa no hay una gota de agua ni para tomar", cuenta a este diario una joven que salió este lunes a recorrer los comercios de Luyanó. Después de buscar una solución entre estantes y mostradores, terminó frente al botellón de 2.000 pesos. La necesidad no admite muchas comparaciones de precios, mucho menos cuando en la casa espera una persona enferma y la pila de la cocina lleva días transformada en solo un adorno de pared.

Los aguadores, personajes habituales de la geografía habanera, tampoco dan abasto. Sus tanques recorren las calles y algunos llevan motores para impulsar el agua hasta depósitos situados en pisos altos. Antes bastaba con localizarlos y negociar el servicio; ahora trabajan con listas de espera. Los vecinos aguardan su turno como quien se ilusiona con una consulta médica especializada o con una guagua interprovincial. La sustancia esencial para la vida humana se distribuye mediante una suerte de reserva informal.

Pero el problema no termina cuando se consigue llenar un cubo. Entonces hay que decidir qué hacer con el agua. Un poco para beber, otro tanto para preparar la comida y una cantidad mínima para el aseo. El inodoro exige su cuota, los platos se amontonan en el fregadero y la lavadora reclama una parte. Cada litro puede ser motivo de disputa. Los residentes de las áreas más afectadas han improvisado mecanismos para recolectar la lluvia porque, aunque no sirva para tomar, es bienvenida para limpiar el piso o restregar un pantalón.

"Lo que tenemos que hacer es salir todos para la calle, pero todos, no un grupito", convocaba a voz en cuello este lunes un vecino, harto de las tuberías secas

"Lo que tenemos que hacer es salir todos para la calle, pero todos, no un grupito", convocaba a voz en cuello este lunes un vecino, harto de las tuberías secas y de esperar soluciones. La indignación también circula por Facebook, donde existe un grupo que se hace llamar "Víctimas de Aguas de La Habana". Una usuaria lanzó allí una pregunta que se lee como un ultimátum: "¿Creen que somos unos gorgojos?" Y enseguida se respondió a sí misma: "Pues no, somos seres humanos y necesitamos que nos traten como tal".

En Luyanó, como en tantos barrios habaneros, el negocio de la sed prospera a golpe de apagones hidráulicos. El Estado no consigue llevar el agua hasta las casas, pero el mercado ya encontró la manera de venderla a precio de lujo.  

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