“Todo lo malo que puede pasar, está pasando”: una avería deja sin gas manufacturado a La Habana
Energía
Sin luz, sin agua y ahora sin el último combustible al que tenía acceso una parte de la población de la capital
La Habana/Este martes, la Redacción de 14ymedio, situada en Nuevo Vedado, amaneció sin suministro de gas manufacturado. No era una situación anecdótica: desde varios puntos de La Habana, enseguida confirmaron la misma situación. “Sin luz, sin agua, sin conexión y sin gas”, decía como un mantra una vecina de Luyanó.
Un escueto comunicado de la Empresa de Gas Manufacturado confirmó el corte a primera hora de la mañana. “Debido a un imprevisto técnico de fuerza mayor detectado en el sistema de entrega y recepción de gas natural, se ha producido una caída de presión que ha afectado la red de distribución”, explicó la entidad.
La empresa añadió que su personal técnico especializado ya se encontraba “realizando las labores de diagnóstico y reparación del imprevisto en el menor tiempo posible”, sin ofrecer un plazo estimado para el restablecimiento del servicio.
La falta de información ha dejado a decenas de miles de habaneros preguntándose cuánto durará la avería. El corte afecta a uno de los pocos servicios energéticos que todavía funcionaban con relativa estabilidad en parte de la capital. El gas licuado en balitas ha desaparecido del suministro estatal y solo puede encontrarse en divisas, inaccesible para la mayoría de los cubanos.
“La gente no aguanta más. Los que te piden que ‘resistas’ tienen corriente, agua, comida, de todo”
En La Habana, además, el gas manufacturado alimenta pequeños generadores que muchos vecinos han adquirido para enfrentar los cortes eléctricos. Era la solución que habían encontrado aprovechando el único combustible aún disponible. Un vecino del municipio del Cerro aventuraba, en declaraciones a este diario, las consecuencias que podría tener la súbita popularidad de estas plantas generadoras: “Eso significa que en cualquier momento ellos van a subir el precio del gas de la calle o, simplemente, lo van a cortar”.
En Guanabacoa, donde varios vecinos acumulaban este martes más de 28 horas sin electricidad, el día comenzó también sin luz ni agua. Entre los residentes predominan las quejas y la sensación de abandono, pero hoy la posibilidad de protestar está vigilada por policías y militares, quienes merodean de noche y dan vueltas por los barrios.
“No queda nada: lo único que hay es mucho apagón y policía en la calle”, relata un residente, y añade: “La gente no aguanta más. Los que te piden que ‘resistas’ tienen corriente, agua, comida, de todo”.
Los videos grabados por 14ymedio muestran las aglomeraciones en lo que se ha vuelto su rutina cotidiana: largas colas frente a servicios básicos. Muchos de esos vecinos sólo están esperando para cobrar sus salarios mensuales, que rondan los 3.000 pesos –cinco dólares aproximadamente–, en un momento en que un litro de aceite puede llegar a costar 2.000 pesos.
“No queda nada: lo único que hay es mucho apagón y policía en la calle”
“Todo lo malo que puede pasar, está pasando”, resume otro vecino a la espera, notablemente cansado.
Otro resume cómo la crisis profundiza las diferencias económicas. “Hay gente que invierte miles de dólares en paneles solares. Montar un sistema con baterías para tener corriente todo el día cuesta unos 5.000 dólares. ¿Quién puede pagar eso?”.
La acumulación sostenida de carencias va desgastando la resistencia de cualquier ser humano. Un apagón, un corte de agua o la falta de gas pueden ser episodios soportables por separado. Pero la acumulación prolongada de estas carencias simultáneas está acabando con la paciencia de la población.