Muere en Cuba Orlando Manrufo, el humorista que dio vida a Mariconchi
Obituario
El actor, ganador de un premio Aquelarre, llenó durante años el Teatro América de La Habana con su popular espectáculo escénico
La Habana/El humorista cubano Orlando Manrufo Córdova, conocido por su popular personaje de Mariconchi, falleció este miércoles en Cuba, a los 68 años. Así lo confirmaron varios colegas, entre ellos Luis Silva, Carlos Otero y Marcos García. El actor, que dedicó cerca de tres décadas a hacer reír al público cubano, era especialmente recordado por su espectáculo La Esquina de Mariconchi, que durante años llenó el Teatro América de La Habana.
"Acabo de conocer del fallecimiento del gran humorista, y tan simpático, Orlando Manrufo (Mariconchi). Triste noticia", escribió Luis Silva, conocido por interpretar a Pánfilo en el programa televisivo Vivir del cuento. El actor envió sus condolencias a la familia y mencionó especialmente a Olivia, hija mayor del fallecido, quien interpretó a Indirita en el mismo espacio humorístico.
También Marcos García expresó su pesar: "¡Adiós, mi querido Orlando Manrufo! De verdad que la vida sin tus ocurrencias será un poco más difícil". Por su parte, el presentador Carlos Otero lo recordó como una de las figuras más queridas de la comedia en la Isla gracias a su interpretación de Mariconchi.
Mariconchi podía opinar sobre cualquier asunto, desde los conflictos familiares hasta las dificultades económicas
Aunque se había formado como ingeniero en Transporte Marítimo, Manrufo terminó dedicándose a una vocación que había manifestado desde niño: la imitación de voces y la interpretación humorística. Su mayor creación fue aquella mujer de edad avanzada, entrometida, deslenguada y convencida de conocer todos los secretos de la vida cotidiana.
Mariconchi podía opinar sobre cualquier asunto, desde los conflictos familiares hasta las dificultades económicas, las relaciones de pareja o las obsesiones del cubano por viajar al extranjero. El personaje, construido sobre la picardía popular, encontraba material para sus ocurrencias en los problemas de la sociedad cubana.
La trayectoria de Orlando Manrufo estuvo estrechamente vinculada al Festival Nacional del Humor Aquelarre, donde obtuvo un premio en 1997. En 2003 compartió con Marcos García la presentación de la gala de clausura del certamen, una muestra de la larga relación profesional que mantenían ambos artistas.
Durante años, el Teatro América, situado en la calle Galiano, en Centro Habana, acogió las presentaciones de La Esquina de Mariconchi, bajo la dirección artística de Ricardo Isidrón. En 2015, una reseña publicada por este diario señalaba que, pese a no encontrarse entre los humoristas privilegiados por la televisión nacional, Manrufo conseguía desbordar la sala con su espectáculo.
Con su muerte desaparece uno de los representantes de una generación de humoristas que hizo del teatro un espacio para retratar, entre carcajadas, las contradicciones de la vida cubana
Su popularidad lo llevó también al Teatro Karl Marx, donde participó en producciones junto a otras figuras del humor cubano. En 2019 integró el elenco de Bailando en Cuba 2: la historia no contada, compartiendo escenario con Luis Silva, Andy Vázquez, Omar Franco, Irela Bravo y otros integrantes de Vivir del cuento. En aquella comedia, Mariconchi, Pánfilo y Bienvenido formaban un disparatado jurado de baile.
El humorista continuó activo hasta fechas recientes. Apenas un mes antes de su muerte, el pasado 4 de octubre, apareció en el episodio 93 del programa La Risa por Delante, del canal El Vidrio. Allí compartió anécdotas familiares, recuerdos de los doblajes de Multivisión y una experiencia particularmente cubana: una endoscopia que se complicó cuando se interrumpió el suministro eléctrico.
En agosto también había participado en otra entrega del mismo espacio, donde recordó episodios de su infancia y habló de su claustrofobia y de las ocasiones en que había quedado atrapado en ascensores.
Con su muerte desaparece uno de los representantes de una generación de humoristas que hizo del teatro un espacio para retratar, entre carcajadas, las contradicciones de la vida cubana. Mariconchi, aquella señora que parecía tener una respuesta ingeniosa para todo, deja ahora un silencio difícil de llenar en el Teatro América, donde los espectadores encontraron en la risa un alivio pasajero a sus penurias. Al terminar cada función, sin embargo, debían regresar a las calles de una Cuba cuya realidad, cada vez más amarga, hacía que hasta los chistes más absurdos parecieran quedarse cortos.