"La muerte estaba detrás de la puerta", recuerda Alfredo

La película 'El corazón normal' cuenta con detalle el inicio incierto de una enfermedad, que para entonces se vinculaba exclusivamente a los homosexuales

El corazón normal. (L. del Valle)
El ciclo de cine gay que se desarrollará en el Centro provincial del Cine de Holguín durará hasta el próximo día 20 de diciembre. (Leonardo del Valle)

Alfredo tenía 35 años en 2000, cuando fue diagnosticado seropositivo. Hace dos semanas este hombre homosexual de 52 años asistió junto a su madre a la presentación de El corazón normal, la película que abrió el ciclo de cine gay que se desarrollará en el Centro provincial del Cine de Holguín hasta el próximo día 20. Era 1 de diciembre y el espacio cultural fue uno de los pocos lugares públicos que rindió homenaje a quienes trabajan por erradicar el virus del Sida o mejorar la calidad de vida de quienes han desarrollado la enfermedad.

A juzgar por las opiniones de los trabajadores de la sala, la acogida del público fue excelente, con una asistencia que superó con mucho al de ediciones anteriores. El corazón normal cuenta con detalle el inicio incierto de una enfermedad, que para entonces se vinculaba exclusivamente a los homosexuales, y lo hace a través de imágenes verdaderamente conmovedoras y en franca consonancia con el desconocimiento del Sida en la década de los años 80.

Alfredo y su madre, como tantos otros en el público, se estremecieron durante las escenas más duras de la cinta, respaldada con un guión excelentemente construido.

"Tenía loca a la enfermera, iba todos los días a la dirección municipal de Higiene y Epidemiología. Yo lo sospechaba, estaba esperando el resultado de la prueba definitiva, la que dice si verdaderamente tienes o no tienes VIH ", cuenta sobre los días previos a recibir el diagnóstico.

Alfredo y su madre, como tantos otros en el público, se estremecieron durante las escenas más duras de 'El corazón normal', respaldada con un guión excelentemente construido

El 6 de junio le dieron el resultado. "Esa mañana llegué y la enfermera estaba reunida, pero salió enseguida a atenderme. Nunca olvidaré la cara con la que me miró. No la dejé ni hablar. Le dije: 'tu cara me lo dice todo'. Le pregunté si había dado positivo". Aquel sí retumbó en sus oídos como un martillazo.

"Le pregunté que cuando tenía que irme para el sanatorio y me dijo que ese mismo día". Alfredo pidió a la enfermera dos días para prepararse, pero la enfermera apenas le dio uno.

"Me parece estar viendo ahora mismo llegar a Alfre con la niña, su hermana -recuerda Nelda, su madre-. Ella me dijo: 'mami necesito hablar contigo' y me llevó para el cuarto. Yo pensé que me iba a decir algo de mi nieta, pero no fue así".

"Yo no sé de qué forma la noticia se conoció en la cuadra", cuenta Alfredo, que hasta ese momento ignoraba que sus vecinos lo quisieran tanto hasta que les vio despedirlo llorando cuando se dirigía al sanatorio de Aguas Claras. "Fue muy doloroso. Era como si no fuera a volver nunca", recuerda.

El momento más duro de esas interminables 24 horas después de saber que había contraído el virus fue cuando su madre le dio la espalda y se dispuso a salir del sanatorio.

Alfredo recuerda aquella época con terror. "Uno sentía que la muerte estaba detrás de la puerta. En el Sanatorio estuve tres meses", repasa

"Recuerdo que lo que sentía era como si me estuvieran arrancando la vida, cuando iba saliendo no tuve valor de mirar para atrás. Desde ese momento empecé a ir todos los días a visitarlo al sanatorio, hasta me ingresé allí con él. A medida que iba conociendo de la enfermedad iba adquiriendo más fortaleza espiritual", afirma Nelda.

Alfredo recuerda aquella época con terror. "Uno sentía que la muerte estaba detrás de la puerta. En el Sanatorio estuve tres meses", repasa. "Realmente esa etapa me preparó para saber cómo convivir con la enfermedad, aunque nunca estuve de acuerdo con aquel sistema en el que prácticamente estábamos presos sin cometer delito alguno".

Alfredo relata que en el sanatorio convivió con buenas personas, pero también con otras que venían de la prisión. Aún así, fue aceptando poco a poco su situación y para pasar el rato se dedicó a la costura, una habilidad que aprendió desde muy joven. Cosía para los pacientes, para los trabajadores y hasta para los vecinos que vivían cerca.

Durante el visionado de la película, Alfredo recordó el momento en que trató de suicidarse, algo muy común entre los pacientes que han sido diagnosticados con el virus y que caen en una fuerte depresión.

Durante el visionado de la película, Alfredo recordó el momento en que trató de suicidarse, algo muy común entre los pacientes que han sido diagnosticados con el virus

"Al salir del sanatorio fui a buscar mi vida, la que tenía antes del resultado", dice Alfredo en alusión a su trabajo en una escuela primaria. La marginación a la que se vio sometido le llevó a abandonar el colegio poco después y se dedicó a la costura en su casa.

Alfredo constató la ignorancia de los propios médicos ante la enfermedad cuando le detectaron un cáncer de riñón. "Para operarme tuve que derrumbar muros de ignorancia y eso no fue muchos años atrás".

Sus ojos se pierden en el infinito y se agita al rememorar esos momentos tan difíciles. No oculta que El corazón normal lo impactó. "Gracias a Dios estoy vivo, y también a los adelantos científicos, pero vi muchos pacientes morir. Ese desasosiego que mostraban los personajes de la película, ese dolor fulminante, lo sentí yo, mamá lo sintió", agrega Alfredo.

"Hoy la juventud ve el Sida como algo muy normal, como un catarro, y no lo es", advierte.

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