Murió Pánfilo, el cubano que convirtió la “jama” en un reclamo nacional

Obituario

Juan Carlos González Marcos acabó encarnando con una sola palabra la crisis que el poder insiste en maquillar con eufemismos

La vida de Pánfilo terminó siendo la prolongación de su grito.
La vida de Pánfilo terminó siendo la prolongación de su grito. / Captura de pantalla / Redes sociales
14ymedio

27 de marzo 2026 - 13:34

La Habana/Juan Carlos González Marcos, conocido popularmente como Pánfilo, murió este jueves en El Vedado, La Habana, tras años de deterioro físico, pobreza y abandono. La noticia fue confirmada por personas de su entorno que siguieron de cerca su situación. Con él desaparece no solo un personaje carismático de las calles habaneras, sino también una de las imágenes más crudas y espontáneas de la crisis cubana: la del hombre que, en medio de una grabación callejera, interrumpió todo para pedir “jama”. 

Pánfilo saltó a la notoriedad en 2009, cuando irrumpió de forma inesperada en una entrevista sobre reguetón que se grababa en una calle de La Habana. En evidente estado de embriaguez, lanzó su grito de “jama” y concentró en una sola palabra la suma de urgencias no solo suyas, sino de todo un país.

Para los cubanos, jama significa comida. El Diccionario de americanismos la define como “alimento, en especial el sólido”. La palabra procede de jamar, verbo coloquial que significa comer y que la RAE registra como voz de origen caló, es decir, del habla de los gitanos de España. Desde ahí pasó al español popular hasta asentarse en Cuba como una de las formas más corrientes, directas y reconocibles de nombrar la comida.

Pánfilo se convirtió en portavoz de una necesidad básica que el poder cubano ha sido incapaz de resolver tras casi siete décadas al mando

El video se propagó rápidamente, en una época en que internet y las redes sociales todavía estaban lejos de ser de uso aceptado en la Isla. Su reclamo, a medio camino entre la denuncia, el ruego y la guapería criolla, empezó a circular de teléfono en teléfono, entre memorias USB y conversaciones callejeras. Fueron apenas unos segundos, pero bastaron para condensar una experiencia nacional.

Sin proponérselo, Pánfilo se convirtió en portavoz de una necesidad básica que el poder cubano ha sido incapaz de resolver tras casi siete décadas al mando. La fuerza de aquel momento estuvo, precisamente, en su falta de artificio. No hablaba como político, ni como experto, ni siquiera como activista. Hablaba como alguien atrapado en la escasez y en la intemperie material de la vida cubana. Por eso su frase prendió tan rápido. Era reconocible, auténtica y cubanísima. Detrás del humor involuntario, de la torpeza alcohólica y de la escena casi grotesca, estaba el retrato de un país donde conseguir comida se había vuelto una obsesión compartida.

Con los años, Pánfilo dejó de ser solo el protagonista de un video viral para convertirse en una referencia popular. Su nombre quedó asociado a la miseria y a la supervivencia. Sus palabras empezaron a repetirse en los barrios, en las colas, en las redes y en el habla cotidiana como una forma de resumir la angustia de vivir en Cuba. Así, el personaje terminó convertido en símbolo.

En contraste, los burócratas siguen refugiándose en eufemismos como “coyuntura” o “contingencia” para no llamar a la crisis por su nombre

Él mismo reapareció en distintas ocasiones repitiendo su reclamo. Lo más duro no era que insistiera en la frase, sino que el país siguiera siendo el mismo, o peor. Su reiteración no hablaba de una obsesión personal o un gancho para atraer simpatías, sino de la persistencia de una catástrofe nacional. En contraste, los burócratas seguían refugiándose en eufemismos como “coyuntura” o “contingencia” para no llamar a la crisis por su nombre.

Mientras su figura ganaba peso simbólico, su vida real se hundía cada vez más. Durante años, su existencia estuvo ligada a la pobreza extrema, el alcoholismo, la enfermedad y el deterioro. En septiembre de 2023, personas cercanas alertaron de que vivía prácticamente en la calle, enfermo y necesitado de ayuda básica. Se habló de ropa, de zapatos, de asistencia urgente. La vida de Pánfilo terminó siendo la prolongación de su grito. Su cuerpo deteriorado, su enfermedad, su pobreza y su desamparo fueron la continuación de aquella escena inicial en la que pedía comida. 

Murió el hombre. Queda la frase. Queda también el régimen que provocó su grito. En Cuba, el hambre no fue solo un episodio viral. Fue y sigue siendo una estructura. Y Pánfilo, con su irrupción torpe, triste e inolvidable, la retrató mejor que la mayoría de los discursos.

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