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Paladares cerradas, dueños en la cárcel

Paladar Me Son, en La Ceiba. (Ignacio de la Paz/14ymedio)
Ignacio de La Paz

11 de noviembre 2016 - 09:36

Camagüey/Cerrados y silenciosos. Así se ven por estos días varios de los restaurantes privados más exitosos de las provincias de Las Tunas y Camagüey. Sus propietarios están acusados de varios delitos económicos y están en la cárcel a la espera de ser procesados, pese a las peticiones de sus abogados para que se les libere a cambio de una fianza.

El mes pasado, tras un registro exhaustivo en la paladar Me Son, a 15 kilómetros de la capital tunera, las autoridades llevaron a Valentín, su dueño, a la prisión El Típico. De poco le sirvió a Valentín tener en su propia casa la presidencia del Comité de Defensa de la Revolución, cuentan los vecinos del poblado La Ceiba, en el municipio de Majibacoa.

"La policía cargó con todo, solo dejaron lo que no se podía arrancar, no sé si volveremos a trabajar", se lamenta una empleada del local. "Venían clientes de Holguín y hasta de más lejos. También funcionábamos como casa de fiestas".

El propietario de Me Son es acusado de "haber cometido graves ilegalidades, como tener productos sin la debida justificación, trabajadores sin contrato y atrasos con el pago de los impuestos a la Oficina Nacional de la Administración Tributaria

Juan Carlos, un joven agricultor de la zona que suministraba a la paladar con "viandas y vegetales todas las semanas", confirma que "el lugar se había vuelto muy famoso" y que "era cuestión de tiempo para que la policía le cayera encima".

Según una fuente de la fiscalía provincial, Valentín es acusado de "haber cometido graves ilegalidades, como tener productos sin la debida justificación, trabajadores sin contrato y atrasos con el pago de los impuestos a la Oficina Nacional de la Administración Tributaria (ONAT)".

En los últimos meses las autoridades han advertido de que la licencia para restaurantes privados no incluye la realización de actividades culturales, contratación de artistas, ni bares. En La Habana varias paladares han sido cerradas por transgredir esas normas.

Los problemas judiciales de Valentín se suman al arresto, el pasado verano, de Roberto, el propietario de La Moncloa, la paladar más exitosa de Las Tunas. Las detenciones y la severidad legal contra los acusados desataron las alarmas en el sector privado. "Todo el mundo está quieto en base", comenta un familiar del dueño.

En la vecina Camagüey, al menos tres dueños de paladares también han sido detenidos y procesados en los últimos meses.

Cerca de 500 personas trabajan en los 74 restaurantes privados registrados legalmente en esa provincia. Ante los temores que recorren al sector por cuenta propia, un funcionario del Consejo de Administración Provincial, Jesús Polo Vázquez, aclaró que los registros y arrestos solo son acciones para "mantener la legalidad en el ejercicio de la gestión no estatal", por lo que "mientras cumpla con lo establecido por la ley, ninguna instalación será cerrada injustificadamente".

Polo Vázquez calificó a los detenidos de "inescrupulosos que se enriquecen" con la evasión fiscal. "Cuba tiene derecho a defender sus impuestos, porque de allí sale la educación, la salud, cultura y otros servicios sociales".

La familia de Alberto Raiko discrepa con el funcionario e insinúa que la detención desde hace un mes del propietario de la paladar Mi Hacienda, en el reparto Alturas del Casino, es "una medida extrema para asustar a los cuentapropistas exitosos".

Los empleados de La Herradura, de Rafael Papito Rizo, una de las paladares más renombradas de Camagüey, comparten esa percepción. El nombre del pequeño empresario llegó a convertirse en sinónimo de calidad y buena mesa gracias a una trayectoria de más de dos décadas. Hoy, el restaurante ubicado en el reparto Villa Mariana está cerrado.

El caso más sonado, sin embargo, ha sido el del céntrico restaurante 1800 de la Plaza de San Juan de Dios, ganador por dos años consecutivos del premio a la excelencia Trip Advisor. El local fue clausurado hace algunas semanas después de un registro de varias horas. La policía "cargó hasta con la consola del aire acondicionado", cuenta un familiar del propietario, Edel Fernández Izquierdo.

A Fernández Izquierdo se le acusa de tener envases de gas licuado sin contrato y valiosas obras de arte que no estaban anotadas en el Registro de Patrimonio

"Decomisaron 150 cajas de cervezas y 200 botellas de vinos que Edel había comprado por venta libre sin que le dieran comprobante en una Feria de Turismo en La Habana", asegura el pariente. "También se llevaron botellas de licores que eran regalos de clientes amigos de Edel".

A Fernández Izquierdo se le acusa de tener envases de gas licuado sin contrato y valiosas obras de arte que no estaban anotadas en el Registro de Patrimonio. En su barrio muchos apuntan a que el detonante fue que el próspero empresario logró comprar un auto Peugeot y otro inmueble en Camagüey. "Ahí fue donde todo explotó", cuenta un vecino, Ramón Buenaventura.

El dueño de 1800 está en la cárcel de Cerámica y su padre, retirado del Ministerio del Interior con grados de coronel, aún no sale de la sorpresa por lo ocurrido. "No le ha valido de mucho el uniforme, porque no se trata de algo que hizo su hijo, sino de dar el ejemplo para que los demás no se pasen de la raya", asegura Buenaventura.

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