A plena luz del día, vecinos de San Miguel del Padrón protestan y exigen "corriente"
Protesta
Después de más de 24 horas sin electricidad, un ruidoso cacerolazo se arma delante de la Dirección Municipal
La Habana/“¡Ya pusieron la corriente!”, gritaba una mujer desde el portal de su casa, sin que los cacerolazos cesaran. Un hombre con uniforme verde olivo miraba a la multitud con pánico en su rostro. La Policía agarraba por el brazo a otro manifestante y el tumulto gritaba: “¡Suél-ten-lo!”. Ese era el panorama este miércoles, a plena luz del día, en un barrio de la periferia de La Habana.
Tras largas horas sin electricidad y en medio de una escasez que convierte cada apagón en un castigo insoportable, vecinos del municipio San Miguel del Padrón salieron a protestar frente a la sede del gobierno local, golpeando cazuelas y reclamando respuestas. Los videos difundidos por el periodista Mario Pentón muestran a decenas de personas concentradas en la zona, con cacerolas, voces alteradas y consignas directas contra la precariedad cotidiana. La protesta ocurrió a mediodía, después de más de 24 horas sin servicio eléctrico en algunas áreas del municipio.
San Miguel del Padrón no es una excepción. Es, más bien, otro punto del mapa donde el colapso del sistema eléctrico nacional se traduce en comida echada a perder, niños sin dormir, ancianos sofocados por el calor y familias obligadas a reorganizar su vida alrededor de un calendario de apagones que rara vez se cumple. En los últimos días también se han reportado cacerolazos y protestas en otros barrios de La Habana, entre ellos Luyanó y Nuevo Vedado, una señal de que el malestar se desplaza desde las casas oscuras hacia la calle.
La protesta coincidió con otra jornada crítica para el sistema eléctrico cubano. La Unión Eléctrica admitió que el servicio había estado afectado durante todo el día anterior y también en la madrugada de este miércoles. Para la hora de mayor consumo, la empresa estatal prevé un panorama todavía peor: una demanda de 3.250 megavatios frente a una disponibilidad de apenas 1.230, lo que deja un déficit superior a los 2.000 MW y anuncia largos apagones en buena parte del país.
En medio de la tensión, el mandatario Miguel Díaz-Canel atribuyó el agravamiento de la crisis al “bloqueo energético” de Estados Unidos. En un mensaje publicado en X, el gobernante aseguró que la entrada de un solo buque en abril permitió aliviar parcialmente los apagones, aunque Cuba necesitaría al menos ocho embarcaciones de combustible al mes. Su explicación, centrada en la presión externa y las sanciones estadounidenses, contrasta con el hartazgo de los vecinos, que no salieron a exigir consignas políticas, sino corriente, comida y respuestas inmediatas.
Para muchos cubanos esas explicaciones ya no alcanzan. La población lleva años escuchando promesas de recuperación, mantenimientos, inversiones, parques solares, compras de combustible y estrategias de transición energética, mientras la vida real se sigue organizando en torno al apagón.
La gente sale cuando se le acaban las reservas de paciencia, cuando la oscuridad deja de ser una molestia y se convierte en humillación
La respuesta oficial tampoco llega en el terreno donde más se necesita. En los barrios, los funcionarios suelen aparecer tarde, cuando la protesta ya empezó, o no aparecen. En muchos casos, la policía y los cuadros locales parecen moverse con más rapidez para contener una concentración que para explicar un cronograma eléctrico. En San Miguel del Padrón, según reportan testigos, el servicio fue restablecido durante la protesta, un detalle que alimenta una conclusión peligrosa para el poder: la presión en la calle consigue lo que no consiguen las quejas formales.
La coincidencia con la programación televisiva del día también resulta significativa. La Mesa Redonda anunció para este miércoles un programa dedicado a la electricidad, el combustible y el gas licuado, con la participación del ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy. Pero la comparecencia televisada, aun cuando ofrezca datos, difícilmente podrá competir con la contundencia de una cazuela golpeada en la puerta de un gobierno municipal.
La protesta de San Miguel del Padrón no parece organizada por ningún grupo político ni responde a una convocatoria visible. La gente sale cuando se le acaban las reservas de paciencia, cuando la oscuridad deja de ser una molestia y se convierte en humillación.
En Cuba, reclamar “corriente y comida” es pedir lo básico en cualquier parte del mundo. También es señalar el fracaso de un Estado que prometió seguridad material a cambio de obediencia política. Cuando ni siquiera puede garantizar la luz, la obediencia empieza a resquebrajarse.