La rebelión de los barberos cubanos contra los precios topados

Los profesionales del corte de cabello los ven insostenibles, pero los usuarios sienten que los costos superan sus posibilidades

Los barberos sostienen que sus gastos son demasiado altos como para poder permitirse cobrar los precios que dicta el Gobierno. (14ymedio)
Los barberos sostienen que sus gastos son demasiado altos como para poder permitirse cobrar los precios que dicta el Gobierno. (14ymedio)

Hace unos meses fueron los vendedores de productos agrícolas, luego los taxistas privados y ahora les ha tocado el turno a los barberos. Los intentos del Gobierno de topar precios en "el sector de las tijeras" ha chocado con una fuerte resistencia de estos trabajadores privados.

Un artículo en la prensa oficial, que criticaba la subida de precios que desde finales del año pasado han experimentado los servicios de barbería ha desatado un aluvión de críticas, tanto de los profesionales del corte de cabello como de los usuarios que sienten que los costos superan sus posibilidades.

"Soy barbero, vivo en Ciego de Ávila y solo comprar un paquete con cien hojas de cuchillas de afeitar me sale en 1.500 pesos", detalla Alejandro, un cuentapropista de la periferia de esta ciudad del centro de Cuba que añade: "Los clientes me exigen que use una cuchilla nueva, así que en cada uno invierto 15 pesos".

Alejandro compra cada cierto tiempo un pomo de colonia, para refrescar la piel y despedir a sus clientes con un olor a lavanda, por otros 250 pesos

Alejandro compra cada cierto tiempo un pomo de colonia, para refrescar la piel y despedir a sus clientes con un olor a lavanda, por otros 250 pesos; el talco que les agrega cuesta 40 pesos la caja y el pomo de laca, para satisfacer a quienes quieren quedar impecables por horas después del pelado, le lleva entre 375 y 500 pesos.

Pero "la cosa no queda ahí", dice a 14ymedio el emprendedor. "Solo un pote de cera me cuesta 250 pesos, cada mes mi inversión roza los 4.000 pesos para poder seguir trabajando, tras el pago de la licencia, los impuestos y la seguridad social, los insumos que necesito, y eso que no estoy en La Habana", concluye.

Alejandro no solo debe pagar el "aquí y el ahora", la inversión inicial de su local alcanzó los 94.000 pesos, que ayudaron a costear su pareja, su madre y un hermano emigrado. "El Gobierno no calcula esa parte, pero todo el mundo sabe que aquí un negocio que se respete es porque tiene dinero que le mandaron del extranjero".

Las inversiones invisibles, con capital enviado desde fuera de la Isla, son muy comunes. Es raro el negocio próspero al que no haya llegado algún dólar proveniente de un pariente, un amigo o a través de terceros que viven en el extranjero. Sin ese pulmón foráneo, la mayoría de los emprendedores cubanos no podrían sobrevivir pero no es un dato declarado en las cifras oficiales.

Para el barbero de Ciego de Ávila la posibilidad de tener clientes se reduce a que estos asistan a su salón. "Es una ciudad pequeña, no se puede inventar mucho, así que si me obligan a tener un precio topado tendré que entregar la licencia", asegura. "Pero esto es un arte, no pueden vernos como obreros porque en este sillón cada persona que se sienta quiere algo diferente, personal".

Es raro el negocio próspero al que no haya llegado algún dólar proveniente de un pariente, un amigo o a través de terceros que viven en el extranjero

En la capital cubana, debido a la mayor penetración de internet y a un auge de los servicios a domicilio, hay algunos que buscan evadir la posible imposición de tarifas máximas bajo el manto de las visitas a las casas de los usuarios y de ofrecer sus artes en el mercado informal. Allí, donde los decretos y las orientaciones gubernamentales no llegan.

"Todavía tengo fuerzas, ya verás cómo será la cosa ahora, pago mis impuestos y voy a las casas de mis clientes por 100 pesos cada pelado y listo", afirmó este lunes en la mañana un barbero mientras le arreglaba la barba a uno de sus clientes que sin protestar le puso en la mano el precio demandado antes de salir de la barbería.

"Pelearse con el barbero es como fajarse con el cocinero, te puede hacer una pila de cucarachas en la cabeza o escupirte la comida", reconoce Lázaro Miguel, un joven que este martes aceptó pagar 75 pesos por un breve corte, después de regatear mucho con un barbero de la calle Marquéz González, en Centro Habana.

En el salón donde se peló Lázaro Miguel el comentario entre los barberos es: "Ellos quieren que uno cobre 25 por un pelado, pero hay gente que se sienta en ese sillón y pide maravillas; no es justo pagar lo mismo por el pelado de toda la vida que por el corte a la moda", se queja.

"Yo sé lo que vale mi trabajo y no puede ser que se siente en el sillón el hijo de dos médicos que, entre los dos ganen más de 12.000 pesos y me pida que le haga un pelado especial, que le pase la máquina por un lado y le dé tijera por el otro, pero yo tenga que cobrarle 20 o 50 pesos por eso. No tiene sentido para mí ni para él, ni para sus padres", reflexiona el trabajador por cuenta propia.

"Afeitado, con crema, loción y masaje son 100 pesos, más el arreglo de barba que son otros 50". "No puedo bajar porque no me da la cuenta"

"Afeitado, con crema, loción y masaje son 100 pesos, más el arreglo de barba que son otros 50". "No puedo bajar porque no me da la cuenta", agrega Reynaldo, un cuentapropista. "¿Qué más quieren?", se pregunta. "Esto es más que una barbería, esto es un parlamento", asegura el dueño de un negocio de corte de pelo en la calle Neptuno.

"El que viene aquí se queda como mínimo una hora, eso no es solo para verse bien sino para sentirse bien. Los clientes llegan, se sientan, hablan, toman agua, ponen a cargar sus móviles y hasta van al baño y usan agua y papel sanitario ¿Quién paga eso?", reclama.

Fajarse con el barbero puede ser aún peor que reclamar ante el chef de un restaurante. El plato de comida pasa, pero unos malos tijeretazos en el pelo pueden durar por muchos días.

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