"No queremos gente como tú en Cuba", dicen a los detenidos del 11 de julio

Cada vez que Lizandro pone la cabeza en la almohada recuerda los insultos, el olor del calabozo y el miedo

Uno de los manifestantes arrestados por la Policía durante el pasado 11 de julio en La Habana. (EFE/Ernesto Mastrascusa)
Uno de los manifestantes arrestados por la Policía durante el pasado 11 de julio en La Habana. (EFE/Ernesto Mastrascusa)
Natalia López Moya

01 de agosto 2021 - 14:08

La Habana/Lizandro lleva días tomando pastillas para poder dormir. Cada vez que pone la cabeza en la almohada recuerda los insultos, el olor del calabozo y el miedo. Ni siquiera ahora, excarcelado y en su casa a la espera de juicio, se atreve a contar lo vivido con su verdadero nombre y evocar las dos semanas de encierro le provoca un temblor general.

A Lizandro, de 27 años, lo detuvieron en La Habana el mismo 11 de julio, al calor de las protestas masivas que sacaron a las calles cubanas a miles de manifestantes. Desde el primer día que estuvo bajo custodia de las autoridades lo amenazaron para que no contara nada de lo que había pasado durante su encierro.

"Me detuvieron cerca del Capitolio, éramos cientos pero yo iba delante, entre los primeros", recuerda. "Cuando se formó la algarabía y los policías empiezan a dar golpes el grupo se separa y me quedé atrás, junto a otros muchachos que estaban gritando. Prácticamente quedamos encerrados en una cuadra, nos acorralaron pero muchos de los manifestantes siguieron gritando consignas.

"Al policía que me cuidó en ese momento lo único que le faltó fue ponerse a llorar, me dijo que tenía ganas de irse para su casa y dejar el uniforme y no hacer más eso porque no estaba de acuerdo con lo que estaban haciendo"

"En un momento se parquea una patrulla detrás de mí y sale un joven que estaba esposado y bastante golpeado y asoma la cabeza por la ventana y grita 'Libertad'. Me emocionó eso y grité lo mismo. En ese momento un policía me da un golpe por la cara que me dejó aturdido y me tumbó al suelo, ahí me cogieron y me separaron del grupo. Lo mismo hicieron con los otros, uno por uno".

Lizandro fue apartado del grupo principal. "Al policía que me cuidó en ese momento lo único que le faltó fue ponerse a llorar, me dijo que tenía ganas de irse para su casa y dejar el uniforme y no hacer más eso porque no estaba de acuerdo con lo que estaban haciendo sus compañeros. El policía me pidió de favor que no gritara más para no tener que tomar represalias conmigo.

"En ese momento, a unos pasos, a los otros manifestantes que continuaban gritando los policías le seguían dando golpes y más golpes. Al final me montaron en la misma patrulla con el muchacho que había sacado la cabeza por la ventanilla gritando 'Libertad'", explica. "Los policías pararon en un momento y abrieron la puerta y comenzaron a darle golpes para que se callara.

"Nos llevaron para la 4ª Unidad, en Infanta y Manglar, la estación del Cerro, y ahí todo fue terrible. Sobre todo por la cantidad de gente que llevaron conmigo y que seguían llegando y llegando, los calabozos estaban llenos de personas. Ahí me quitaron todo, la cartera, la gorra, la ropa y el teléfono, que todavía no me lo han devuelto.

"No nos dieron ni agua y a las cuatro de la madrugada nos subieron a un camión donde íbamos muy oprimidos, unos contra otros. El viaje fue larguísimo y después supe que nos llevaban a la prisión Jóvenes del Cotorro.

"Al llegar ahí y en el trayecto algunos policías dieron golpes. Los que peor la pasaron fueron los homosexuales, uno de los policías decían: ah, porque eres maricón... ¿maricón y protestando en la calle? y los golpeaban.

"Al que miraba directamente a los policías le decían: ¿y tú qué me miras? y lo golpeaban; también al que protestaba por cualquier cosa. Al llegar ahí nos trataron como perros, en el camión nos decían: ustedes ya no tienen derecho de nada"

"Al que miraba directamente a los policías le decían: ¿y tú qué me miras? y lo golpeaban; también al que protestaba por cualquier cosa. Al llegar ahí nos trataron como perros, en el camión nos decían: ustedes ya no tienen derecho de nada, ustedes ya son presos, lo perdieron todo, ahora van a ver lo que les va a pasar.

"Cuando llegamos nos bajaron y nos empezaron a desnudar y un oficial decía: busca al proctólogo para que le meta el dedo en el culo a todos los singaos estos, aquello fue tremendo, todavía no me creo haber vivido esa terrible experiencia. Pasar de no haber puesto un pie nunca en un calabozo a tener que pasar por esto.

"En ese lugar había dos tipos de dormitorios, unos como galeras que tenían filas de literas y cubículos, también una celda de castigo. A mí me tocó primero un cubículo, con 12 personas. Los dos primeros días aquello fue terrible, la comida no era comida, estuvimos más de 24 horas sin tomar agua.

"Cada vez que un muchacho de esos se paraba en la reja a gritar 'libertad' o decirles 'esbirros' y 'asesinos' lo sacaban a golpe limpio hasta la celda de castigo y ahí sí que no tenían nada. Era dormir en el bloque de piedra, sin colchón, y es muy estrecho.

"Dos días antes de soltarme me pasaron para la parte de la galera, ahí estaba mejor porque había más espacio para caminar, en el cubículo fueron muchos días encerrado sin poder caminar apenas, el agua la ponían un ratico nada más.

"Todo el tiempo nos decían que nos iban a condenar a 15 años de prisión por haber salido ese día, y que a la revolución no hay quien la tumbe"

"En el proceso de instrucción el instructor me dijo: 'así que tú eres de Playa y te cogieron en el Capitolio'. Mandaron a buscar mi teléfono a la unidad de policía y me pidieron la contraseña, le dije que eso era privado y me dijo que más me valía darla porque si no me iba a pudrir ahí dentro. Al final accedí.

"Todo el tiempo nos decían que nos iban a condenar a 15 años de prisión por haber salido ese día, y que a la revolución no hay quien la tumbe".

Finalmente, después de dos semanas, Lizandro fue excarcelado a la espera de juicio. "Pregunté si podía salir de mi casa y me dijeron que sí pero no de la provincia. Me amenazaron, me dijeron que cuando termine todo esto agarre un avión y me vaya. No queremos gente como tú en este país, repetía el instructor policial".

Su teléfono móvil se quedó en manos de la policía y un oficial le dijo que su última publicación en Facebook incitaba a la violencia. El dinero que llevaba en la cartera, menos de mil pesos, lo señalaron como el pago que había recibido para manifestarse.

"No puedo ni quedarme sentado, todo el tiempo siento los gritos, el dolor en el cuerpo y la peste del calabozo", relata Lizandro. "Mi familia me dice que haber salido a la calle el 11 de julio me jodió la vida, pero yo le respondo que me la cambió, me la cambió".

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