Los rumores de diciembre en Cuba pronosticaron la caída de Maduro

Informe

Otro heredero de la dinastía Castro, el odio al ministro de Energía y los ataúdes de cartón alimentaron las 'bolas' del último mes del año

Nicolás Maduro bailando, en una imagen de hace unas semanas.
Nicolás Maduro bailando, en una imagen de hace unas semanas. / EFE/Captura
14ymedio

07 de enero 2026 - 14:33

La Habana/Diciembre termina con el oído pegado al piso y la mirada puesta en las grietas del país. Este mes, como casi todos en Cuba, no se entiende sin el rumor: esa forma paralela de información que circula de esquina en esquina, de WhatsApp en WhatsApp, navegando entre la desesperanza y el humor, entre el miedo y el deseo. En un país donde el secretismo sigue siendo política de Estado, las bolas funcionan como brújula, como desahogo y, a veces, como profecía. 

Este diciembre ha sido especialmente ruidoso. Mientras el país atraviesa una crisis económica interminable y un malestar social creciente, las voces callejeras no callan y las señales se cruzan; algunas huelen a pánico, otras a esperanza y otras tantas a simple necesidad de explicarlo todo o de adelantarse a los anuncios estatales.

La publicación de la tasa oficial flotante de cambio entre el peso cubano y el dólar provocó un alud de especulaciones. Desde que el nuevo mecanismo solo era un “atrapa tontos” para poder tener una base de datos clara de quiénes manejan divisas en la sociedad cubana, hasta el rumor de que solo se trata de una operación para que la cúpula gobernante logre llenar las maletas antes de subirse al avión. Hubo runrunes para todos los gustos. 

La publicación de la tasa oficial flotante de cambio entre el peso cubano y el dólar provocó un alud de especulaciones

Otro de los chismes más insistentes hablaba de Venezuela. Desde hacía semanas, y antes de la detención de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos el pasado sábado en un operativo, se repetía que la operación militar lanzada por Estados Unidos en el Caribe no apuntaría solo a la caída de Maduro, sino al desmantelamiento del aparato político de La Habana. La idea se ha extendido por barrios, colas, mercados y chats: si cae Caracas, cae La Habana. Si se desploman los bolivarianos, los castristas se quedan sin respiración artificial. 

En esos cuchicheos callejeros, Maduro había caído ya. Otros afirmaban que negociaba su salida. Otros aseguraban que voló hacia Doha. Otros lo ubicaban en Moscú. Y algunos agregaban que aterrizaría en La Habana, donde sería un invitado incómodo y un prisionero rodeado de lujos.

En más de un hilo de Telegram se ha podido leer: “El problema no es Venezuela, es Cuba”. No faltan quienes aseguran que el desplome del chavismo sería como empujar una ficha de dominó en el escenario regional. Otros, más cautos, recuerdan la longeva habilidad del régimen cubano para sobrevivir a cualquier sacudida, como ocurrió tras la implosión de la Unión Soviética. Pero la ansiedad está ahí: Caracas es una de las últimas columnas que sostiene al castrismo, y muchos piensan que ya se agrieta.

Otro rumor se ha instalado, duro y oscuro, en La Habana, relacionado con la crisis de las drogas sintéticas. Los cuchicheos hablan ya de una epidemia silenciosa y de la complicidad de la Policía que se hace de la vista gorda. Desde el Estado solo llegan declaraciones vagas y respuestas ejemplarizantes pero no propuestas para rescatar a los adictos. En cambio, en la calle hay miedo. Y no solo a la droga, sino a lo que significa: pérdida del control social, empobrecimiento extremo, ruptura familiar y una violencia que crece con rapidez.

También hay habladurías sobre un huracán mucho más largo y destructivo que Melissa. En el reparto Chicharrones, varios vecinos denunciaron irregularidades en la distribución de materiales para damnificados. Entre las frases que más se repite: “las tejas no están llegando a quienes perdieron sus casas”. Según las voces anónimas, parte de los recursos habrían terminado en manos de funcionarios y personas cercanas al régimen que reciben el privilegio de estos insumos. Las denuncias apuntan a favoritismo, corrupción y abuso. “Se quedaron con lo mío”, dice una madre que duerme en casa de sus suegros. Como siempre, el desastre natural fue apenas el comienzo: lo más devastador llegó después.

Si un rumor ganó fuerza en diciembre fue el que apunta a posibles movimientos sucesorios en el poder

Otro de los rumores destacados este mes tiene nombre y apellido. Corrió como pólvora que Vicente de la O Levy, ministro de Energía y Minas, había sido destituido por Miguel Díaz-Canel y Raúl Castro. Muchos celebraron la “noticia” como si fuera confirmación, pero el tiempo la aplastó: no hubo destitución, ni renuncia, ni cambio de cargo. De la O Levy continúa visible, dando declaraciones y apareciendo en actos públicos. El rumor nació más de los deseos colectivos, de los cubanos agobiados por la crisis energética interminable, que de una señal real de movimiento político. El pueblo quiere responsables, y quiere verlos caer. No es casual que las bolas vuelvan una y otra vez a los mismos nombres.

Pero si un rumor ganó fuerza en diciembre fue el que apunta a posibles movimientos sucesorios en el poder. Ya antes se especulaba con que Oscar Pérez-Oliva Fraga, sobrino nieto de Raúl y Fidel Castro, iría camino a la presidencia. Este mes esa posibilidad ganó músculo con su nombramiento como diputado a la Asamblea Nacional, además de mantener los cargos de ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera y viceministro primero, reforzando lo que 14ymedio describió como una operación de continuidad generacional cuidadosamente diseñada. 

Para muchos, esta incorporación al aparato parlamentario sella la sospecha de que la dinastía no terminó con Raúl. “Castro hay para rato”, se escucha con desánimo en las calles. Otros creen que es solo ruido, algo así como la ilusión de futuro en un sistema que solo recicla cuadros. Pero la idea quedó instalada: si el árbol genealógico vuelve a tocar el poder, la Isla será un tablero político cerrado.

Y como diciembre no estaría completo sin rumores de muerte, llegan los más macabros: en Puerto Padre, Las Tunas, se dice que están reutilizando féretros en los velatorios debido al aumento de fallecidos por arbovirosis. Otros afirman que están haciendo ataúdes con las cajas de cartón del pollo importado desde Estados Unidos. Las autoridades no han dicho nada; los vecinos, en cambio, hablan mucho. El rumor parece un espejo de la pobreza: si no hay medicinas, si no hay ambulancias, si no hay pan, ¿por qué habría madera para los féretros?

Enero espera en la cola, también lleno de nuevas bolas. Porque en Cuba, la realidad no se anuncia: se sospecha.

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