Sancti Spíritus sobrevive con una hora de luz tras apagones de hasta 27 horas
Sancti Spíritus
La escasez y los cortes eléctricos dejan barrios enteros sin pan mientras el calor convierte las noches en un suplicio
Sancti Spíritus/La crisis energética en Cuba, que se ha vuelto más insostenible este mayo, es incluso peor en las provincias. El propio Gobierno ha reconocido esta semana el agravamiento de la falta de combustible cuando el ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, admitió la desesperada situación al anunciar que el país ya no tiene “nada de diésel, nada de fueloil”.
En Sancti Spíritus hay zonas que sufren apagones de hasta 27 horas continuas para recibir luego apenas una hora de electricidad antes de regresar al corte prolongado. “Se puede sentir privilegiado el que tenga cortes de 24 horas seguidas de dos horas de electricidad”, cuenta a este diario una vecina de Sancti Spíritus. “En algunos circuitos de la ciudad los momentos de corriente no llegan ni a la hora”.
En las provincias nunca ha existido la misma atención estatal que recibe la capital. Desde hace años, los apagones diarios forman parte de la rutina fuera de La Habana, pero los espirituanos ya se ven desesperados. En Cabaiguán, los cortes alcanzan hasta 26 horas seguidas, interrumpidas apenas por unos minutos de luz antes de volver a la oscuridad. En las zonas rurales de la provincia, la situación es todavía peor.
Uno de los efectos más visibles de los apagones y de la falta de combustible es la escasez de pan. “Hace tres días que por aquí no pasan los panaderos”, comenta la misma vecina. Algunos vendedores explican que, además de los prolongados cortes eléctricos, el precio de la harina se ha disparado y ya ronda los 350 pesos la libra en el mercado informal.
Ni siquiera quienes han logrado instalar paneles solares –comprados en el mercado negro o adquiridos a los elevados precios estatales– consiguen sobrellevar la situación
Ni siquiera quienes han logrado instalar paneles solares –comprados en el mercado negro o adquiridos a los elevados precios estatales– consiguen sobrellevar la situación. Las baterías de respaldo apenas alcanzan a cargarse por completo debido a la inestabilidad del servicio.
Con el calor del verano comenzando a azotar, intentar dormir se ha convertido en un verdadero suplicio. El cansancio acumulado marca la vida cotidiana de las familias que, tras noches enteras sin electricidad, deben salir igualmente a “resolver” los alimentos del día y cómo cocinarlos.
Las familias intentan adaptarse consumiendo alimentos que no necesiten refrigeración, porque las neveras apenas logran enfriar con tan pocas horas de corriente. En muchos hogares ya es habitual cocinar con carbón, pero también ese recurso escasea y alcanza ya unos 1.500 pesos el saco en el mercado negro. Ante la imposibilidad de cocinar con gas o con hornillas eléctricas, muchas personas comen alimentos fríos o reducen su alimentación a una sola comida diaria, aprovechando las pocas horas de electricidad disponibles.
A veces nos desesperamos porque todavía no se aprecia la mejora en el servicio eléctrico con la multiplicación de los parques solares
Mientras tanto, los medios oficiales continúan presentando la transición energética como un "respiro" para la provincia. Una nota publicada este jueves por Escambrayanuncia que en lo que va de año se han instalado en Sancti Spíritus 115 módulos solares de 2 kilovatios donados por China para sostener servicios considerados vitales, como policlínicos, funerarias, hogares de ancianos y sucursales bancarias.
Sin embargo, el mismo medio reconoce que los sistemas fotovoltaicos siguen siendo “lo suficientemente costosos como para que todo el que quiera no logre adquirirlos”.
“A veces nos desesperamos porque todavía no se aprecia la mejora en el servicio eléctrico con la multiplicación de los parques solares”, admite Escambray, antes de anunciar con orgullo que para el 2030, Cuba planifica alcanzar un 24% de energía generada a partir de fuentes renovables.
La fecha lejana y el bajo porciento no es un "respiro" para los espirituanos, que mientras esperan continúan sobreviviendo entre el calor, la escasez y las largas horas a oscuras.