Los santiagueros vuelven a bailar su conga después de dos años suspendida por la pandemia

Paso Franco, una de las agrupaciones más antiguas de Santiago de Cuba, hizo un recorrido por el centro de la ciudad

La conga que sonó este miércoles fue Paso Franco, una de las más antiguas de Santiago de Cuba. (14ymedio)
Decenas de santiagueros junto a la conga Paso Franco este 29 de junio de 2022. (14ymedio)

Los santiagueros volvieron a "arrollar" este miércoles en el centro de la ciudad con su tradicional conga luego de dos años de pandemia. Las concentraciones populares, muy típicas en esta zona del país, estuvieron suspendidas por el covid-19, y esta vez, como ha sucedido años atrás, no pudo faltar la militarización del desfile callejero para reprimir en caso de discusiones entre los participantes o de coros "fuera de lugar" en contra del Gobierno.

La conga que sonó este miércoles fue Paso Franco, una de las más antiguas de Santiago de Cuba y su recorrido incluyó las calles San Pedro, Princesa y San Fernando en el corazón de la ciudad.

Se acercan los carnavales, que se realizan a finales de julio en Santiago, y como es habitual las diferentes agrupaciones folklóricas salen a recorrer los barrios como preámbulo del festejo que incluye un concurso de bailes, vestuario y diseño sonoro.

De igual manera, por estas fechas es frecuente escuchar el sonido de la corneta china, -el instrumento más característico de la conga santiaguera-, debido a que entre el 3 y el 9 de julio también se desarrolla el Festival del Caribe o Fiesta del Fuego, un evento que reúne a los principales artistas afrodescendientes del país y celebra la influencia de la cultura africana en la región.

Aunque los carnavales de Santiago de Cuba son considerados por muchos cubanos los mejores del país, desde antes de la pandemia fueron perdiendo calidad. La escasa venta de cerveza a granel, que es la más consumida por los asistentes al festejo por su bajo precio, la poca variedad en las ofertas gastronómicas y los altos precios de muchos alimentos, contribuyeron a que cada vez asistieran menos personas, e incluso, algunas zonas que habilitaban para el festejo fueron desapareciendo.

En cambio, las zonas de la ciudad donde sí se mantienen los espacios del carnaval se convierten en un martirio para los residentes, que se quejan ante las autoridades locales por los olores a orina, la suciedad de las calles, la música a todo volumen y las constantes discusiones entre algún que otro asistente borracho o peleas entre parejas.

Con la inflación que vive el país y los altos precios de los servicios y alimentos, algunos santiagueros se aventuran a decir que "no se asomarán por los carnavales a nada" porque incluso, señalan, que "el transporte estatal está pésimo" para llegar hasta el lugar el privado muy caro.

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