"Si no fuera por los privados, muchos abuelitos se quedarían con medio plato"

SAF

El Sistema de Atención a la Familia se sostiene a duras penas gracias al sector no estatal

Con su mugrienta y descascarada fachada, el comedor California anticipa el panorama que los clientes encontrarán dentro
Los municipios están aportando un 1% de su presupuesto para reparar el lamentable estado de los comedores, afirma el oficialismo. / 14ymedio
14ymedio

16 de junio 2026 - 10:20

Madrid/Los comensales del Sistema de Atención a la Familia (SAF) se han quedado sin postre. Lo reconocen las autoridades en un amplio reportaje publicado este martes en Cubadebate dedicado a abordar los problemas que enfrenta este programa que funciona casi como última red para los más vulnerables, pero que hoy, con los inexistentes recursos del Estado sobrevive –o, más bien, malvive– casi con el mero soporte de los privados y las cooperativas. 

La situación es tan extrema que el pasado febrero el Gobierno autorizó una alternativa casi cien por cien privada, los hogares de atención comunitaria. Pensados idealmente para poblaciones más pequeñas y rurales, estos centros los gestionan trabajadores por cuenta propia con licencia de servicios gastronómicos, dan servicio a grupos de hasta 10 personas vulnerables y cuentan con un pequeño impulso del Estado al arranque –el módulo equivalente a dos meses, financiación para equipos y asesoría, entre otras cosas–, a cambio de prestar los servicios requeridos y a un máximo de 50 pesos por menú.

Este domingo, el diario provincial de Villa Clara contó que ya hay 29 hogares de este tipo en Guantánamo, Holguín y Santiago de Cuba. La zona oriental será la que más tenga (105) de los 325 que se prevé abrir en la Isla. Lo llamativo es que esta opción, pensada para poblaciones más remotas a las que el SAF costaba más llegar, han tenido que activarse en la capital cubana, como reconoce el reportaje de Cubadebate. “En la periferia de La Habana –Cotorro, Arroyo, Habana del Este, La Lisa– han ido más lejos. Ante la ausencia de entidades estatales o privadas que puedan dar el servicio de alimentación, están creando los llamados hogares de atención comunitaria”, reseña. 

Lo llamativo es que esta opción, pensada para poblaciones más remotas a las que el SAF costaba más llegar, han tenido que activarse en la capital cubana, como reconoce el reportaje

Además, los comedores del SAF funcionan cada vez con más sostenimiento de los privados. Liliam de la Rosa Domínguez, administradora de uno de estos centros, El Río –en Plaza de la Revolución– explica que el pasado mes tuvo unos 84 comensales. “En mi caso tengo actores estatales, que es el restaurante que nos presta ayuda para mejorar la alimentación”, pero también colaboran mipymes que aportan platos fuertes, helados, especias o hasta pan dos veces por semana. “Ese pan no se cobra, es gratis. Ahora estamos afectados con la harina, sin embargo, ellos siguen comiendo su pan”, dice. 

Según la funcionaria, Comercio Interior exige cinco raciones: vianda hervida, ensalada, arroz, potaje y un plato proteico (picadillo, hamburguesa, croqueta, pescado, pollo o cerdo). El postre, señala, “pasó a mejor vida”, aunque aparece en el listado como plato que debe estar “en teoría”. Los datos revelan que hay unas 76.000 personas censadas en las 1.445 unidades del SAF, que nació como programa estatal en 1998 y hoy necesita una contribución del 1% del presupuesto municipal para hacer obras, ya que hay locales en estado lamentable, admite José Antonio González, directivo del Comercio en La Habana. 

En la capital hay unos 16.092, afirma el funcionario. Aunque la cifra oscila y la tendencia es al alza, por una cuestión demográfica, también admiten que hay quienes han dejado de ir por falta de transporte. 

Frente a la buena marcha –relativa– del SAF El Río, el Villanueva, en Boyeros, relata infinidad de problemas. Varias de las usuarias agradecen su existencia, así como la compañía y esfuerzo de sus trabajadores, pero cuando se les pregunta por la comida los lamentos comienzan. “Para mejorar... hace falta el suministro. La calidad de los alimentos”, dice una. “. “Aquí ha habido crisis con el gas, pero nunca hemos dejado de comer (...). Yo quisiera que mejorara la comida. Que aumentaran la cantidad. Porque las chequeras no alcanzan”, “No hay desayuno, no hay merienda, solo el almuerzo y la comida. Y eso no alcanza para todo el día”.

Los trabajadores señalan que el alimento no es el único problema y demandan médicos y trabajadores sociales, pero –dicen–, “los salarios son muy bajos, las condiciones son malas”. Además, la inflación golpea al sistema. “Ahora la libra de azúcar está a 400 pesos, si la encuentra. Un jubilado no puede tomarse un vaso de agua con azúcar. La situación económica del país está muy mal”, repasan. Otra de las usuarias, Elsa, explica que tiene una pensión de 4.000 pesos, pero solo los principales recibos se llevan por delante 3.500. 

“Como las instituciones apadrinan escuelas, que apadrinen los comedores de viejos. Que busquen padrinos. Aunque sea para donaciones”

El medio pregunta a la jubilada cómo podría mejorar la atención de los SAF. “Como las instituciones apadrinan escuelas, que apadrinen los comedores de viejos. Que busquen padrinos. Aunque sea para donaciones”, reclama. El administrador, que ahora se encarga de recoger madera para poder cocinar a falta de gas, cree que los privados de la zona colaboran menos que los de otros. “Los particulares pueden hacer más. Yo sé que para todos está malo, pero pueden ayudar un poco más. En otros barrios lo hacen, pero aquí no”.

Enrique Martínez, administrador de El Rampeño, en El Vedado, sostiene que la verdadera columna vertebral del SAF es la cooperación entre el sector estatal y el sector no estatal. “Hoy el estado nos da un cierto nivel de alimentos y un poquito de plato fuerte, que es lo único que tenemos”, admite. El Estado aporta unos diez o doce kilos de jamonada y algo de picadillo de pescado: miseria para 95 usuarios. “No cubre el mes”, dice, y admite que sin los privados “muchos abuelitos se quedarían con medio plato”. 

Después de recorrer varios comedores, Cubadebate señala que es obligado ir más allá del concepto actual y elabora una serie de demandas que está por ver quién puede cumplir ante el panorama actual. “Quizás sea hora de pensar más allá. Convertir los SAF en centros integrales, no solo comedores. Que el médico tenga un horario fijo. Que el mensajero no dependa de la buena voluntad de un vecino que se murió y nadie lo reemplazó. Que los dientes que faltan, las dentaduras, los bastones, dejen de ser un lujo. Y que el sector no estatal reciba estímulos reales para apadrinar, no inspectores que los ahuyentan”.

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