“Son las mismas balitas, pero en dólares”: surge un nuevo negocio de venta de gas
Gas
La plataforma KMCERO parece una mipyme privada, pero usa la logística de la estatal Cupet
La Habana/“Esas balitas, como las estás viendo, son de aquí. Las mismas que te despachan por la libreta, que se dejen de cuento”. La frase la soltó una mujer en una cola de San Miguel del Padrón, en La Habana, mientras varios clientes esperaban para recoger un cilindro de gas comprado en dólares a través de internet. Señalaba las balitas de siempre, las que durante décadas han circulado por la red estatal cubana de distribución de gas licuado.
En teoría, ese producto llega mediante un sistema regulado. Cada cliente contratado recibe una cuando le corresponde, entrega la vacía y espera el próximo ciclo. Pero los retrasos son frecuentes y muchas familias pasan semanas pendientes de una entrega que puede cambiar la rutina de una casa. Sin gas, cocinar se convierte en una carrera de obstáculos, y más ante el aumento de los apagones.
Ese circuito, saturado y lento, tiene ahora una puerta paralela. En la plataforma KMCERO, presentada como un mercado digital para derivados del petróleo, se oferta un cilindro de gas licuado de 10 kilogramos por 24 dólares. El comprador debe entregar otro vacío y en buen estado. El pago se realiza con tarjetas Clásica, AIS, Tropical, Visa o Mastercard. La operación excluye el peso cubano, aunque el producto sea el mismo que muchas familias esperan por la vía regulada.
El único punto de recogida visible hasta ahora está en un callejoncito situado en Ciudadmar y 7ma, en San Miguel del Padrón. A la pregunta de si habría otros sitios disponibles, el encargado contestó que existía la intención de habilitar uno más, aunque todavía estaba “en proceso”.
Unas 15 personas, cada una con su balita vacía, están en una cola discreta. Una pregunta circula: si alguien compra ahora el gas en dólares, ¿podrá usar después ese mismo cilindro cuando vuelva la distribución por la libreta?
Una mujer respondió sin dudar. “La última vez, según recuerdo, cuando dieron balitas, ya nadie pedía los números, entregabas una y listo. Además, si media población ahora las va a comprar por aquí, es obvio que lo van a permitir”. Luego remató con el detalle que más inquietaba a los presentes: “No son como las blancas que mandaban de Supermarket, son las mismas del servicio normado”.
La comparación con Supermarket23, otra plataforma de compras en divisas usada por cubanos dentro y fuera de la Isla, ayuda a ubicar el nuevo negocio. Allí una balita puede rondar los 30 dólares. La de KMCERO cuesta 24, aunque exige trasladarse hasta el punto de recogida. Para quienes no tienen una tarjeta compatible, la cuenta final aumenta. Un hombre sentado en el lugar explicó que tuvo que comprarle los dólares a una amistad mediante tarjeta Clásica, de modo que terminó pagando más.
La página añade el obstáculo de la disponibilidad. Según testimonios recogidos por este diario en el punto de entrega, los cilindros se agotan con rapidez. “Para coger una balita tienes que estar listo a las 7:00 am, con todo rápido, porque las balitas vuelan”, comentó una clienta. Después de pagar, tampoco se recibe el producto de inmediato. La recogida queda para el día siguiente.
El proveedor que aparece en KMCERO es Progas. Sobre esa empresa, sin embargo, abundan las interrogantes. La página no ofrece una explicación clara de quién está detrás de la operación. El apartado “Quiénes somos” no resulta accesible o no aporta información suficiente. La marca comercial aparece por un lado, la plataforma por otro y la promoción llega desde entidades estatales.
Ese último detalle es clave. KMCERO fue promocionada por Tecnomática junto a la pyme estatal TM-NEXGEN como una tienda virtual para la compra de combustibles y lubricantes en Cuba. Tecnomática forma parte del ecosistema empresarial vinculado a Cupet, el grupo estatal que encabeza el sector petrolero en la Isla. En la propia plataforma se comercializan productos asociados a combustibles, aceites y gas, un negocio que requiere permisos, transporte especializado, almacenamiento seguro y acceso a infraestructuras que rara vez están al alcance de un pequeño emprendimiento privado.
La sospecha crece al mirar de cerca los materiales. Los clientes entregan cilindros iguales a los del sistema estatal y reciben otros similares. La logística apunta a instalaciones ya existentes. El transporte observado por vecinos y usuarios recuerda al utilizado históricamente por Cupet. Ninguno de esos elementos prueba por sí solo que Progas sea una fachada de la empresa estatal. Juntos, sin embargo, dibujan una operación difícil de presentar como un negocio privado independiente.
“Si el producto, los envases, la logística y la promoción pertenecen al circuito estatal, ¿qué aporta exactamente Progas además de una nueva etiqueta y una vía de cobro en dólares?”, se pregunta un cliente mientras aguarda en la fila.
Progas aparece precisamente en una zona gris que varios observadores de la economía cubana vienen señalando desde hace años: la creación o utilización de empresas formalmente privadas para operar allí donde las entidades estatales cargan con mala reputación comercial o buscan evadir sanciones de EE UU. Bajo ese esquema, una sociedad con apariencia de actor no estatal puede importar combustibles, contratar servicios o presentarse ante proveedores extranjeros como un negocio independiente, aunque dependa en la práctica de activos, permisos, logística o decisiones del Estado.
En sectores estratégicos como el combustible, donde el control oficial ha sido casi absoluto, una marca poco transparente obliga a mirar más allá del nombre comercial. La pregunta no es solo quién despacha el cilindro, sino quién posee el producto, los envases, los camiones, los almacenes y el dinero que entra por cada venta.
Nadie sabe de dónde viene el gas, si de la planta de Energas en Varadero o de una importación privada, en asociación con el Estado cubano, único actor económico autorizado a cobrar en dólares. Lo que sí queda claro es que ya no se consiguen balitas en moneda nacional.
Para las familias cubanas, la respuesta inmediata no está en los documentos mercantiles, sino en la cocina. Quien tiene tarjeta, conexión y divisas puede intentar comprar. Quien depende del salario en pesos debe seguir esperando la distribución regulada. La balita que antes formaba parte de un sistema racionado aparece ahora en una tienda digital, con otro nombre, otra moneda y una pregunta sin responder: quién cobra realmente por el gas.