Toque de queda, túneles y aviones en fuga: las bolas de mayo en Cuba
Rumores
La crisis energética y el secretismo oficial alimentaron un mes de rumores sobre medidas extremas, Opción Cero o huidas de la cúpula del régimen
La Habana/En Cuba, donde el secretismo oficial es una enfermedad crónica, los rumores no son simples fantasías de portal ni exageraciones de cola. Funcionan como un termómetro social, como una alarma defectuosa pero insistente, como el anticipo torcido de lo que las instituciones callan, niegan o administran a cuentagotas. Mayo volvió a demostrarlo: mientras los apagones se alargaban, las protestas se multiplicaban y el malestar se colaba por cada rendija, la Isla vivió pendiente de una sucesión de bolas que mezclaron miedo, deseo, propaganda, intuición popular y mucha desesperación.
El rumor más sonado del mes fue el de un posible toque de queda a partir del 1 de junio. La versión corrió con la velocidad de las malas noticias: restricciones nocturnas, control militar de las calles, limitaciones de movimiento y un país obligado a recogerse temprano bajo el pretexto de la crisis energética. La bola tenía todo el contexto previo para prender: apagones de madrugada, cacerolazos, patrullas más visibles en algunas zonas y una población que ya no descarta casi nada. Las autoridades salieron rápido a desmentirla, pero en Cuba un desmentido oficial rara vez mata un rumor; a veces solo le da alas.
La bola tenía todo el contexto previo para prender: apagones de madrugada, cacerolazos, patrullas más visibles en algunas zonas y una población que ya no descarta casi nada
La posibilidad de un toque de queda hablaba menos de una medida concreta que del estado de ánimo nacional. Mucha gente no creyó necesariamente que el 1 de junio amanecería con soldados en cada esquina, pero sí reconoció en la bola algo verosímil: la tentación del poder de responder con control policial a una crisis que ya no puede resolver con consignas. En los grupos de WhatsApp, en las colas del pan y en las paradas de guagua, el comentario se repetía con una mezcla de burla y temor: “Esto lo desmienten hoy y lo aplican mañana con otro nombre”.
Otra cuenta regresiva acompañó todo mayo: la supuesta fecha límite que la Administración de Donald Trump habría dado al régimen cubano para entregar el poder. Como todo buen rumor de calendario, el plazo fue mudándose. Primero era una semana, después un día exacto, luego otro. Cada fecha vencida no liquidaba la bola, sino que la empujaba hacia adelante. La ansiedad política encontró así su propio almanaque clandestino, donde cada amanecer podía ser el último del castrismo y cada noche terminaba con la frustración de que nada había cambiado.
La ansiedad política encontró así su propio almanaque clandestino, donde cada amanecer podía ser el último del castrismo y cada noche terminaba con la frustración de que nada había cambiado
En esa misma cuerda circularon versiones sobre Raúl Castro refugiado en túneles subterráneos en La Habana y sobre un mensaje de la CIA dirigido a los militares cubanos. La imagen del anciano general escondido bajo tierra condensaba una fantasía muy extendida: la de una cúpula que ya no gobierna desde la épica, sino desde el búnker. No importaba demasiado si el túnel existía o no. Lo significativo es que muchos estén dispuestos a imaginarlo encerrado y temeroso bajo toneladas de concreto.
También regresó con fuerza la escena de la escapada en avión. Aeronaves listas para despegar, maletas llenas de dólares, familiares de dirigentes acomodados en los primeros asientos y voceros oficiales abandonados en tierra porque ya no cabían en el vuelo. La película se repitió en varias versiones, con nombres añadidos o borrados según el narrador. En el fondo, la bola expresaba una sospecha antigua: que quienes piden resistencia al pueblo tienen preparada una salida de emergencia para ellos.
Entre los rumores más elaborados estuvo la llegada de la Opción Cero, presentada como una alerta máxima ante la ausencia de suministros externos. El texto, con tono de comunicado apocalíptico, anunciaba la paralización total de la vida nacional: electricidad reservada solo para hospitales y puntos estratégicos, transporte detenido, bombeo de agua colapsado, cadenas de frío perdidas, racionamiento extremo y comunicaciones interrumpidas. La recomendación de llenar bañaderas, cubos y tanques añadió un toque doméstico que lo hizo todavía más creíble. Las autoridades también salieron a desmentirlo, pero el daño ya estaba hecho: miles de cubanos habían leído en esa exageración una descripción bastante reconocible de sus miedos cotidianos.
Frases como que Trump sacaría a Raúl Castro de Cuba “como hicieron con Maduro” circularon profusamente, convertidas en titulares de sobremesa y en audios reenviados con urgencia
La prensa internacional, y en especial algunos medios estadounidenses, echó combustible al incendio. Frases como que Trump sacaría a Raúl Castro de Cuba “como hicieron con Maduro” circularon profusamente, convertidas en titulares de sobremesa y en audios reenviados con urgencia. En un país exhausto, cualquier movimiento de Washington se interpreta como señal, amenaza o promesa. La política exterior se consume entonces como novela por entregas, con villanos, salvadores y finales inminentes que casi nunca llegan.
Mayo también tuvo su cuota de delirio tecnológico. Una bola aseguró que entraría en vigor un Sistema Obligatorio de Registro de Cuentas Digitales, vinculado al reemplazo masivo de carnés de identidad por una versión con chip y registro biométrico. Según la versión, cada ciudadano tendría que declarar sus cuentas en redes sociales y aplicaciones de mensajería, con nombre de usuario, enlace de perfil, correo y número asociado, además de informar de cualquier cuenta nueva en un plazo máximo de 72 horas. Era absurdo, sí, pero no completamente ajeno al clima de vigilancia que se respira en la Isla. Por eso corrió.
Los aviones y barcos de Estados Unidos que se acercaron a Cuba terminaron de alimentar el mes
La supuesta sustitución de Esteban Lazo como presidente de la Asamblea Nacional también dio de qué hablar, hasta que volvió a aparecer en los medios oficiales, aferrado a su cargo casi eterno frente al Parlamento. Su reaparición no impidió que muchos siguieran especulando sobre pugnas internas, relevos pospuestos y movimientos en una nomenclatura que cada vez parece más opaca y rígida.
Los aviones y barcos de Estados Unidos que se acercaron a Cuba terminaron de alimentar el mes. Cada trayectoria fue leída como amenaza, ensayo, advertencia o antesala de algo mayor. En mayo, la geopolítica bajó al nivel de la bodega. Se comentaba de las movidas entre la Casa Blanca y la Plaza de la Revolución entre una libra de arroz incompleta, una cola para el gas y una noche sin corriente.
Así cerró el mes: con más preguntas que certezas y más bolas que comunicados creíbles.