El transporte en Cuba "está garantizado"... solo para el homenaje a los muertos en Venezuela
Transporte
Sí hay combustible para la escenografía política, pero no para la vida diaria
La Habana/El transporte “está garantizado”. Así lo anuncian, con tono rimbombante y lenguaje administrativo, los comunicados oficiales difundidos en Santiago de Cuba. Las autoridades informan que hay varios ómnibus asignados, puntos de salida precisos, horarios tempranos y rutas aseguradas. No se trata, sin embargo, de una mejora estructural del sistema ni de un alivio para los miles de ciudadanos que cada día quedan varados en paradas sin servicio. El combustible disponible está destinado a los actos de “homenaje fúnebre a los combatientes cubanos caídos en Venezuela”, programados este jueves en la Plaza de la Revolución Antonio Maceo y, horas después, en el cementerio Santa Ifigenia.
La Empresa Provincial de Transporte de Santiago de Cuba anunció que ha diseñado un “aseguramiento especial” para trasladar masivamente a la población hacia ambos escenarios. Desde las 5:30 de la mañana, unidades básicas recogerán asistentes en al menos doce puntos del municipio cabecera –Abel Santamaría, Ciudamar, Punta Gorda, Caney, Boniato, Versalles, Altamira, entre otros– con el objetivo de garantizar una asistencia masiva al acto político-fúnebre en la plaza. Para la segunda ceremonia, prevista a las cuatro de la tarde en Santa Ifigenia, se habilitarán ómnibus de desconcentración en la Prolongación de Martí.
Ese despliegue contrasta de forma directa con la situación que viven los santiagueros –y los cubanos en general– en su día a día. Apenas un día antes, notas oficiales y publicaciones en redes institucionales habían anunciado la suspensión o reducción de rutas suburbanas e interurbanas por “falta de combustible”.
La escena se repite en todo el país, con rutas canceladas sin previo aviso
En Guantánamo, este mismo martes las autoridades locales reconocieron sin rodeos la magnitud del problema. El Consejo de la Administración Provincial informó que las rutas urbanas 2, 5, 6, 8, 9 y 10 quedarían totalmente suspendidas “debido al déficit de combustible”, dejando a miles de guantanameros sin transporte público para sus desplazamientos habituales. En el escueto aviso, el Gobierno se limitó a recomendar el uso de “medios alternativos” y a pedir “comprensión”, una fórmula ya habitual que traslada a los ciudadanos el costo de una crisis que el propio Estado admite no poder gestionar.
También en La Habana, las autoridades locales reconocieron que casi la totalidad de los microbuses “gacelas” están parados y que solo un pequeño grupo de estos vehículos opera con restricciones y sin poder completar todos los viajes planificados. Las gacelas –una pieza clave del transporte público en la capital– funcionarán “hasta que el combustible lo permita”, según el escueto comunicado oficial, que pidió disculpas por las molestias y prometió mantener informada a la población.
La escena se repite en todo el país con rutas canceladas sin previo aviso, ómnibus que no salen, frecuencias reducidas al extremo y trabajadores que deben caminar kilómetros para llegar a sus centros laborales. La escasez de combustible, reconocida de forma permanente por las autoridades, y agravada tras la intervención de EE UU en Caracas, que se saldó con la detención de Nicolás Maduro, es la explicación estándar para justificar un transporte público colapsado.
Sin embargo, cuando el calendario marca una fecha política sensible, el combustible aparece de forma milagrosa. La Plaza de la Revolución Antonio Maceo no se llena sola. Tampoco Santa Ifigenia. La asistencia “espontánea” a estos actos requiere planificación, logística y, sobre todo, mucho combustible. Así, ómnibus que no circulan el resto de la semana son puestos a rodar para asegurar la imagen de un pueblo acompañando al poder en su narrativa heróica y sacrificial.