Tres ruedas no bastan para resolver el transporte en Matanzas
Transporte
Los triciclos eléctricos se multiplican por las calles de la ciudad, pero sus tarifas alejan a muchos pasajeros
Matanzas/Desde temprano, cuando el sol todavía entra de lado por las calles de Matanzas, los triciclos comienzan a subir por Contreras y a bajar por Milanés. Pasan junto al Preuniversitario José Luis Dubrocq, unos con timón de Lada, otros con paneles solares sobre el techo y muchos cubiertos por lonas que protegen a medias del calor. En pocas cuadras pueden verse varios modelos, colores y adaptaciones. Son ya parte del paisaje de una ciudad donde trasladarse se ha convertido en una negociación diaria entre el bolsillo, la necesidad y la paciencia.
No faltan pasajeros. En las aceras se forman pequeños grupos que esperan un ómnibus, un taxi o cualquier cosa con ruedas que los acerque a su destino. Sin embargo, algunos triciclos pasan con asientos vacíos. Sus choferes prefieren no detenerse a mitad de camino porque, según su lógica, tendrían que cobrar menos. Sin disminuir la velocidad, alegan que van alquilados o que doblan en la próxima esquina, una versión actualizada de aquella vieja costumbre de los carros estatales de justificar por qué no recogían a nadie.
"Ahí detrás, en la calle América, tienen una piquera. Están cobrando 125 pesos hasta Versalles y 250 hasta Peñas Altas. Quien se quede en un tramo intermedio tiene que pagar como si llegara hasta el final", protesta una cliente. Por una jornada de trabajo, la matancera gana menos de lo que cuesta llegar hasta su casa en uno de estos artefactos de tres ruedas.
Dentro, los viajeros parecen contorsionistas. Se rozan las piernas, se aprietan más cuerpos de los que caben sobre los duros asientos y sudan bajo una lona que tiembla con cada bache. La ventaja, sin embargo, resulta evidente: ante la crisis del transporte estatal, estos vehículos han ocupado calles y rutas abandonadas por otros medios.
"Están cobrando 125 pesos hasta Versalles y 250 hasta Peñas Altas. Quien se quede en un tramo intermedio tiene que pagar como si llegara hasta el final"
Del otro lado están los conductores, enfrentados al mantenimiento, los impuestos y, en los modelos híbridos, al combustible. "Cuando llego a la piquera y veo que hay 20 choferes delante de mí, pienso que tengo que buscar dinero para mi casa y, además, pagarle la comisión que le corresponde al dueño porque este triciclo no es mío", cuenta Yordanis a 14ymedio.
El joven trabajador por cuenta propia maneja un vehículo de seis plazas. Hay días en que apenas consigue llenarlo tres o cuatro veces. Prefiere entonces los viajes alquilados hacia zonas alejadas. "Por uno a Pastorita, Canímar o Gelpis se está cobrando entre 5.000 y 10.000 pesos, dependiendo del lugar de salida y el horario". Un servicio así, asegura, puede compensarle una semana entera de escasa recaudación.
En Milanés, mientras tanto, el sol va ganando altura y quienes esperan se arriman a las paredes buscando la estrecha franja de sombra. Un anciano con problemas en una rodilla, mira pasar los triciclos y hace sus cuentas. "¿No se darán cuenta de que si bajan un poquito el precio tienen más posibilidades de que la gente pueda pagar y, por tanto, dar más viajes?".
Los triciclos ocuparon el espacio, pero el precio no disminuyó: el trayecto cuesta más que antes, cuando se hacía a mayor velocidad y en asientos más cómodos
Los almendrones que hasta hace unos meses recorrían las calles próximas al Pre hasta Peñas Altas se han replegado hacia otras rutas. Los triciclos ocuparon el espacio, pero el precio no disminuyó: el trayecto cuesta más que antes, cuando se hacía a mayor velocidad y en asientos más cómodos.
El anciano levanta la mano y pregunta a un chofer si por 50 pesos pueden dejarlo seis cuadras más adelante. El conductor no acepta. El vehículo eléctrico sigue silenciosamente con la mitad de los asientos desocupados, mientras el frustrado cliente permanece apoyado en el poste.