Alain Delon, el galán que venció las tijeras de la censura cubana quiere morir

El ícono del cine francés ha anunciado su intención de optar por la eutanasia

Delon recibió el premio César del cine francés en 1985 al mejor actor protagonista por el filme 'Notre Histoire'. (EFE)
Delon recibió el premio César del cine francés en 1985 al mejor actor protagonista por el filme 'Notre Histoire'. (EFE)

El hombre que deslumbró a millones de cubanos quiere morir. Alain Delon ha anunciado su intención de optar por la eutanasia y en esta Isla la noticia apenas ha comenzado a llegar a un público que lo veneró como uno de los pocos intérpretes que se coló por los resquicios de la censura en los años más duros del realismo socialista.

Anthony Delon, hijo del ícono del cine francés, fue el encargado de confirmar la noticia. "Me pidió que organizara esto, sí", declaró al medio francés RTL. Prometió estar con él hasta el último día, lo que hará junto con su hermana Anouchka, porque es difícil hacerlo solo.

La decisión del actor de 86 años estaría motivada por la muerte de su primera esposa Nathalie Delon, en enero de 2021, tras un cáncer de páncreas agresivo y no poder recurrir a la eutanasia porque la ley la prohíbe en Francia.

Apenas se hizo pública la decisión, fue el mismo Delon el que compartió un mensaje de despedida.

"Me gustaría dar las gracias a todos los que me han acompañado a lo largo de los años y me han brindado un gran apoyo. Espero que los futuros actores puedan encontrar en mí un ejemplo no solo en el lugar de trabajo, sino en la vida cotidiana, entre victorias y derrotas. Gracias, Alain Delon".

"Me gustaría dar las gracias a todos los que me han acompañado a lo largo de los años y me han brindado un gran apoyo"

La postura del ícono francés sobre la eutanasia no es nueva. "Puedes estar de acuerdo o no, pero al menos tienes el derecho a hacerlo. Estoy totalmente a favor", respondió al semanario suizo L'Ilustré sobre si estaría dispuesto a recurrir a esta instancia en caso de que le diagnosticaran una enfermedad incurable.

Dueño de una filmografía impresionante y aupado como uno de los sex symbols del séptimo arte, Delon trazó una huella profunda en la Cuba de los 60 y los 70, cuando las tijeras revolucionarias eran implacables con las producciones que llegaban desde fuera de la Isla. Pero ante su rostro el acero de la intolerancia se detuvo... casi se detuvo.

Las pasiones fratricidas de Rocco y sus hermanos (1960), las aventuras de El tulipán negro (1964), su interpretación en El Zorro (1975) y otros tantos papeles que sacudieron las butacas de los cines cubanos le ganaron un audiencia incondicional y aliviada de poder verlo a él y no a un camarada mascullando consignas en una trinchera. También dejó frases que lo recuerdan en el argot popular.

Delon recibió el premio César del cine francés en 1985 al mejor actor protagonista por el filme Notre Histoire, dirigido por su compatriota Bertrand Blier.

Delon fue un bálsamo en una Cuba de barbas y ceños fruncidos; de uniformes militares y hombres que se rascaban la entrepierna

Era bello, refinado y libre. Tres condiciones que le ganaron la reputación de vara con la que medir la elegancia masculina. Quienes se quedaron más abajo eran, irónicamente, considerados en esta Isla con el apelativo de Alan Brito Prieto o Ledan Delao, ambas formas populares de reinterpretar el nombre del francés.

Pero más allá de su rostro y las bromas o alabanzas que generara, Delon fue un bálsamo en una Cuba de barbas y ceños fruncidos; de uniformes militares y hombres que se rascaban la entrepierna. Parecía delicado, pero tenía esa audacia para ser diferente en cada papel que a la grisura revolucionaria le faltaba.

La vejez lo retiró progresivamente del foco mediático y el accidente cerebrovascular que sufrió en 2019 acabó de recluirlo, reseñó EFE. Tras ser operado en París y pasar parte de su recuperación en una clínica suiza, encontró refugio en su propiedad de Douchy, al sur de París, donde asegura que querrá ser enterrado.

Hoy ha anunciado su obituario por anticipado y los cinéfilos cubanos están de luto de antemano. El hombre al que no se le despeinaba el cabello en medio de la balacera, que seguía gentil a pesar de tantos desaires y que, cuando sonreía, parecía que amanecía en la sala de cine, prefiere morir que seguir. Mala noticia en mal momento.

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