La cubana Celia Ledón lleva el barroco latinoamericano a un nuevo terreno

La artista expone "instalaciones ponibles" que formarán parte de un homenaje al pintor y escultor español Manolo Valdés

La artista cubana Celia Lendón. (EFE/EPA/Cristóbal Herrera-Ulashkevich)
La artista cubana Celia Ledón. (EFE/EPA/Cristóbal Herrera-Ulashkevich)

(EFE).- Sombreros, pajitas para sorber refrescos, arandelas de lata, lonas de desecho o tejidos hechos con cinta de casete. Cualquier material le sirve a la artista visual cubana Celia Ledón para crear unas piezas a caballo entre la moda y la escultura que han llegado hasta el Kennedy Center de Nueva York.

"¡Hay gente que se pondría cualquier cosa!", dice en tono de broma cuando habla durante una entrevista con Efe sobre sus obras, las relaciones entre la moda y el arte y la dicotomía "pertenecer a un grupo y ser único" que plantea el hecho de vestirse.

Ledón está en pleno proceso de creación de una serie de Wearable Installations o "instalaciones ponibles" que formarán parte de un homenaje al pintor y escultor español Manolo Valdés en Doral, una ciudad vecina a Miami.

Ledón, que vive en Cuba y se graduó en diseño industrial en La Habana, dice que detrás de sus obras están presentes la idea del reciclaje, de la reutilización y la "descontextualización" de objetos

Para una de sus instalaciones la artista está confeccionando con una cenefa metálica un panier, la estructura que usaban bajo las faldas las mujeres pudientes del siglo XVII, como las que aparecen retratadas en el famoso cuadro de Velázquez Las meninas.

"No es lo mismo que un miriñaque, que es el que da forma redondeada", precisa esta artista, diseñadora de moda y directora de arte y de vestuario cinematográfico, que tiene 13 películas en su haber, incluida Yuli, de la española Iciar Bollaín y con el bailarín Carlos Acosta como protagonista.

Ledón, que vive en Cuba y se graduó en diseño industrial en La Habana, dice que detrás de sus obras están presentes la idea del reciclaje, de la reutilización y la "descontextualización" de objetos y elementos de la vida cotidiana, como las decenas de sombreros de paja para protegerse del sol que ha transformado en un vestido lleno de movimiento como los volantes de un traje de flamenca.

El interés de Ledón por las meninas es uno de los puntos de conexión de esta artista con Manolo Valdés, en cuyas obras se está inspirando para su actual proyecto, un encargo del Museo de Arte Contemporáneo de Doral (Dorcam).

La artista cubana pondrá el broche final a la exposición The Legacy, que ha reunido en los parques de Doral una veintena de esculturas de gran formato de Manolo Valdés.

La artista, que se declara una 'fashion victim', una víctima de la moda, dice que los latinos lo son en su mayoría

Un desfile de modelos luciendo sus "instalaciones ponibles" en una pasarela callejera por la que además pasarán bailarines y músicos despedirá la exposición de Valdés, residente desde hace décadas en Nueva York, aunque tiene también casa en Miami.

De los veinte vestidos y tocados que mostrará en el "espectáculo en 360 grados" ya ha terminado una decena y los otros los tiene "todos en la cabeza".

Trabaja sola y rodeada de materiales salidos de algún Home Depot o de un contenedor de desechos industriales.

Dos vestidos negros, uno hecho de pajitas y otro de las tiritas plásticas de las que se usan para asegurar algo o inmovilizar a alguna cosa o persona lucen en sendos maniquíes como muestras del "barroco latinoamericano" de Ledón, según su propia definición.

La artista, que se declara una fashion victim, una víctima de la moda, dice que los latinos lo son en su mayoría. Se preocupan mucho de su apariencia exterior, "a veces en exceso y en el mal sentido, pues se va por donde no deberían", dice Ledon, quien está muy interesada en el concepto de víctima de la moda, en el consumo desenfrenado y en el "sufrimiento" que implican, y quiere dedicar su próxima exposición al tema.

Ledón ha producido dos colecciones para la marca de ropa cubana Clandestina, País en construcción y Glorias deportivas, y tiene una colección propia de ropa de calle lista para producir en la que ha utilizado como base lo que en Cuba se llama púlover.

Cuando se le pregunta qué no se pondría nunca, subraya que un camiseta que deje ver el torso, una prenda con tirantes en los hombros, el estampado animal print en pantalones o faldas. Adora las mangas como la diseñadora venezolana Carolina Herrera.

Como diseñadora de moda huye del "pueblo uniformado" como llama a una manera de vestir común en casi todo el mundo y prueba a desensamblar prendas y agregarles retales y elementos de su variada colección de materiales.

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