'El Mecanismo': la serie que no se verá en la televisión estatal

La ficción está basada libremente en la corrupción en Brasil desvelada por la operación Lava Jato

La serie de ficción, basada en elementos reales, gira en torno a la investigación que destapó la red fraudulenta tejida alrededor de la petrolera semiestatal Petrobras. (El Mecanismo)
La serie de ficción, basada en elementos reales, gira en torno a la investigación que destapó la red fraudulenta tejida alrededor de la petrolera semiestatal Petrobras. (El Mecanismo)

Cuando se habla de series brasileñas algunos piensan en los culebrones dramáticos que cada año transmiten los medios cubanos. Esas telenovelas llenas de intrigas, amores y odios han formado parte de la parrilla televisiva de la Isla por décadas, pero cabe esperar que El Mecanismo, una producción que aborda la corrupción desvelada por la operación Lava Jato, no correrá la misma suerte.

Desde hace un par de semanas la serie dirigida por el cineasta José Padilha, y producida por Netflix, ha desembarcado en Cuba a través de las redes informales de distribución de contenido. Con una trama dinámica y excelentes actuaciones, El Mecanismo se estrenó en esa empresa multimedia el pasado marzo y desde entonces no ha dejado de levantar pasiones.

Esas pesquisas desembocaron en el descubrimiento de los tentáculos de coimas, lavado de dinero y pagos a políticos que la constructora Odebrecht extendió durante décadas por toda la región

La serie de ficción, basada en elementos reales, gira en torno a la investigación que destapó la red fraudulenta tejida alrededor de la petrolera semiestatal Petrobras. Esas pesquisas desembocaron en el descubrimiento de los tentáculos de coimas, lavado de dinero y pagos a políticos que la constructora Odebrecht extendió durante décadas por toda la región.

Padilha, que ya se había lucido en Narcos, estructura su serie a partir de un libro del periodista Vladimir Netto y logra transmitir a los espectadores una sensación gradual de asco. La repulsión crece en la medida en que surgen los nombres de los implicados, las estrategias de soborno y el calado profundo de esas prácticas en la vida política y económica del gigante sudamericano.

Debido a lo poco que se ha tratado el tema en los medios nacionales, los espectadores de la Isla probablemente tengan la tentación de leer la historia en clave documental, aunque es imprescindible tener en cuenta el mensaje de advertencia que aparece al inicio de cada capítulo: "Este programa es una obra de ficción inspirada libremente en eventos reales. Personajes, situaciones y otros elementos fueron adaptados para efecto dramático".

No obstante, junto a la libertad creativa que ha llevado a Padilha a cambiar o recrear sucesos reales, El Mecanismo mantiene aristas auténticas de Lava Jato que no han sido contadas en Cuba, de ahí su doble carácter de entretenimiento y revelación. A diferencia de otros países donde el escándalo ocupó extensos titulares en los medios, en la Isla esté será el primer acercamiento de muchos a la dimensiones de esa podredumbre.

No obstante, junto a la libertad creativa que ha llevado a Padilha a cambiar o recrear sucesos reales, 'El Mecanismo' mantiene aristas auténticas de Lava Jato que no han sido contadas en Cuba

El caso, que sacudió a todo el continente y alcanzó a naciones tan lejanas como Angola o Mozambique, interesa especialmente en Cuba, donde Fidel y Raúl Castro mantuvieron estrechas relaciones con dos de los personajes de esta truculenta historia: Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Rousseff, quienes aparecen con nombres cambiados pero fácilmente identificables.

En los mismos años en que Odebrecht compraba licitaciones, sufragaba campañas electorales por América Latina y repartía millones para tapar cualquier investigación en su contra, las autoridades cubanas abrazaban, sonrientes y cómplices a dos políticos que estaban hundidos hasta las orejas en tamaña corruptela.

No en balde, la constructora Odebrecht fue elegida, a dedo, para la modernización del puerto de Mariel. El megaproyecto, una especie de elefante blanco que utilizó el raulismo para intentar atraer inversionistas, fue inaugurado en enero de 2014 por Dilma Rousseff y el mandatario cubano. Cuando sonreían ante las cámaras de la prensa extranjera faltaban escasas semanas para que el escándalo pusiera a tambalear a la presidenta.

Desde entonces, la prensa oficial ha mostrado mayoritariamente las sacudidas que han provocado las revelaciones de Lava Jato en los Gobiernos de centro y de derecha en la región. Esa estrategia informativa priorizó los detalles sobre la salida de la presidencia de Pedro Pablo Kuczynski en Perú y la orden de extradición contra el exmandatario Alejandro Toledo, también acusado de recibir sobornos de Odebrecht.

Ambos exmandatarios brasileños se cuentan entre los más acérrimos críticos de la serie desde que se lanzó en Netflix

En contraste, los medios nacionales apenas mencionaron la condena del vicepresidente ecuatoriano Jorge Glas por iguales motivos y han multiplicado por cero todas las evidencias que señalan a Nicolás Maduro como parte de los tejemanejes de la poderosa constructora. La vinculación de Michel Temer fue mostrada en las páginas de Granma, como la de Lula y Rousseff, solo que en el caso de estos últimos aparecía como una "conspiración de la derecha".

Como era de esperar, ambos exmandatarios brasileños se cuentan entre los más acérrimos críticos de la serie desde que se lanzó en Netflix. Lula ha asegurado que la "pieza que es una mentira más" y Rousseff la acusó de "distorsionar la realidad" y propagar mentiras de toda suerte.

Más allá de las ronchas que levanta, la llegada a Cuba de El Mecanismo ayuda a romper el manto de silencio que la Plaza de la Revolución ha lanzado sobre partes de esta historia, pondrá sobre la mesa de discusión social el tema y azuzará los deseos de muchos de indagar sobre sus detalles reales.

La serie es además una magnífica posibilidad de acercarse a sólidas actuaciones, como la de Selton Melo, que interpreta al policía Marco Rufo, un investigador obsesionado por el caso que conoce desde la infancia a Roberto Ibrahim (Alberto Youseff en la realidad), el cambista cuya detención destapa el escándalo.

Esta no es una producción para llorar por una pareja separada en el pasado o por un hijo no reconocido, sino por la podredumbre de un país

El gerente de la constructora, Marcelo Odebrecht (en la serie presentado como Ricardo Brecht), logra transmitir esa calculada frialdad de quien sabe que tiene en su bolsillo a presidentes y senadores de todo el continente. Mientras que el personaje de Verena Cardoni, al que da vida Caroline Abras, se desmarca de los estereotipos femeninos que abundan en las telenovelas brasileñas.

Esta, a diferencia de esos culebrones de amores no correspondidos y odios exaltados, no es una producción para llorar por una pareja separada en el pasado o por un hijo no reconocido, sino por la podredumbre de un país. Frente a la pantalla no pasa una historia de absoluta ficción, sino otra basada en el destape de una torcida red de corrupción que extiende sus hilos hasta esta Isla.

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