Mike Porcel, de censura en censura

Al retirar de la programación el documental 'Sueños al pairo', las autoridades han vuelto a escamotear a los cubanos la obra del trovador

Mike Porcel
Mike Porcel ha llegado de la mano de dos jóvenes cineastas que han querido contar la historia de su intento de salida del país durante el éxodo masivo del puerto de Mariel.

Había oído hablar de él en los mismos términos que se usan para describir una criatura mitológica. Quienes escucharon a Mike Porcel me contaban de sus letras, de su dominio de la guitarra y de una voz que destacaba entre otros trovadores, pero mi generación jamás lo oyó en la radio ni lo vio en un concierto. Lo único que sabíamos era que había existido, que lo habían borrado de nuestra historia musical y que nos arrebataron sus canciones.

Este febrero, décadas después, volví a escuchar el nombre de Porcel. La censura del documental Sueños al pairo de la Muestra Joven de Cine ha vuelto a escamotear a los cubanos la obra de este trovador. Sin embargo, a diferencia de aquellos años 80 en que las autoridades culturales podían condenar al ostracismo y a la muerte social a cualquier artista incómodo, el nuevo tijeretazo de la intransigencia solo ha servido para devolvernos al autor de Ay, del amor y Diario.

Porcel ha vuelto por la puerta grande, como debe ser. En lugar de a través de uno de esos cínicos homenajes oficiales que se les hace a quien antaño fue excluido y vilipendiado, el cantautor ha llegado de la mano de dos jóvenes cineastas que han querido contar la historia de su intento de salida del país durante el éxodo masivo del puerto de Mariel, el posterior silenciamiento de su voz durante los nueve largos años en los que fue obligado a permanecer en Cuba condenado al ostracismo y con la colaboración de un gremio artístico que fue cómplice de su destierro de los escenarios.

El Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) ha "agasajado" a Porcel, como era de esperar. No solo excluyendo el documental de la Muestra Joven, también negado el permiso para el uso de imágenes de sus archivos en la obra. El resultado es que, en vez de una Cuba heroica y aguerrida, durante largos minutos vemos un pueblo adocenado, dispuesto a linchar a quienes quieran partir del "paraíso socialista". Muchos de aquellos rostros que se muestran en los execrables actos de repudio hoy pasan su vejez en Miami o viven de remesas en La Habana.

Los directores, José Luis Aparicio y Fernando Fraguela, logran con su obra enfrentarnos a nuestra propia responsabilidad, incluso la de aquellos que apenas éramos unos niños cuando la voz de Porcel fue prohibida. Aunque la culpa no se hereda y muchos ni siquiera supieron de la existencia del trovador, el mero hecho de haber aceptado y contribuido -con la falta de curiosidad o el miedo a preguntar- a sostener una versión parcial de nuestra cultura, con nombres autorizados y otros vedados, representa una carga colectiva.

Ante la cámara también vemos pasar algunos de los rostros trovadorescos del momento, los amigos de copas, los cantantes que sumaron a su repertorio los temas de Porcel, entre los que también están los que callaron o miraron a otro lado cuando el estigma de "gusano" se posó sobre la vida del artista. Algunos de ellos contribuyeron por envidia, temor o mediocridad a enterrar en vida a un hombre al que hasta hacía muy poco abrazaban y con el que querían aparecer en las fotos de familia cuando su canción En busca de una nueva flor se convirtió en himno del XI Festival de la Juventud y los Estudiantes en 1978.

Sueños al pairo es un doloroso recorrido por las heridas no sanadas de una nación. Hasta el día de hoy, la Plaza de la Revolución no ha hecho la autocrítica pública de aquellos excesos en los que fomentó el enfrentamiento de cubanos contra cubanos amparados unos en una supuesta superioridad ideológica que, lamentablemente, se sigue inculcando en las escuelas y promoviendo en los medios nacionales.

Las hordas de la intolerancia política se mantienen hasta hoy convocadas, ahora -por oportunismo económico- ya no la emprenden contra los emigrados pero siguen prestas a destrozar la vida de un disidente, de un activista de derechos humanos o de un periodista independiente.

El doblemente censurado, el proscrito Mike Porcel, ha regresado para hacernos comprender cuán poco han cambiado los límites.

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