Hace 50 años fue fusilado el joven narrador cubano Nelson Rodríguez Leyva, amigo de Reinaldo Arenas

Ese mismo día, fue también ejecutado el poeta Ángel López Rabí, de apenas 16 años, por un intento de desviar un avión hacia Miami

Imagen de un fusilamiento en Cuba tras el triunfo de la Revolución. (Facebook/Archivo Cuba)
Imagen de un fusilamiento en Cuba tras el triunfo de la Revolución. (Facebook/Archivo Cuba)

Reinaldo Arenas dedicó uno de sus mejores libros, Arturo, la estrella más brillante (Barcelona: Montesinos, 1984), con un escueto: "A Nelson, en el aire". Esa enigmática dedicatoria, aclarada en una nota al final del libro, significaba que dedicaba el libro a su amigo y colega de escritura Nelson Rodríguez Leyva.

Los dos amigos nacieron en 1943 y en provincia o "tierra adentro". Ambos, habaneros de adopción, apoyaron entusiasmados, como otros tantos miles de jóvenes, los primeros años del proceso revolucionario desatado en la Isla.

Rodríguez Leyva era de la provincia de Las Villas y había estudiado con los maristas. En 1960 fue maestro voluntario en la Sierra Maestra y participó en toda la campaña de alfabetización (1961) que recorrió la Isla. Desde muy joven escribía poesía y, sobre todo, narraciones breves. Con veintiún años le publicaron su primer y único libro, El regalo (La Habana: Ediciones R, 1964) en una editorial estatal (dirigida en ese momento por Virgilio Piñera) que pertenecía al periódico Revolución, órgano del Movimiento 26 de Julio.

Pasados tres largos años, al clausurarse las UMAP, Rodríguez Leyva fue liberado por "enfermedad mental". Ya en la calle, se dedicó a sobrevivir en La Habana de la Ofensiva Revolucionaria

En la contraportada de esa edición se pueden leer los escasos datos biográficos del jovencísimo escritor: "Nelson Rodríguez nació el 19 de julio de 1943 en Las Villas. Realizó sus estudios en los maristas. Maestro voluntario en la Sierra en 1960. Trabaja en el aeropuerto José Martí. Prepara un libro de poemas".

En 1965, Nelson fue internado en uno de los campos de concentración –en la provincia de Camagüey– llamados UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción). Pasados tres largos años, al clausurarse dichos centros de reclusión, Rodríguez Leyva fue liberado por "enfermedad mental". Ya en la calle, se dedicó a sobrevivir en La Habana de la Ofensiva Revolucionaria, de la microfracción y del lamentable apoyo de Fidel Castro a la invasión de Checoslovaquia por los tanques soviéticos. O sea, el fatídico 1968.

La trayectoria vital de este joven narrador, desde ese decisivo año cubano hasta 1971, que es cuando se topa con su destino, es un misterio. Reinaldo lo cuenta en la nota aclaratoria de la mencionada dedicatoria: "Desesperado, en 1971, intentó, provisto de una granada de mano, desviar de su ruta un avión de Cubana de Aviación, rumbo a la Florida. Reducido y en trance de ser asesinado por las escoltas militares del avión, Nelson tiró la granada que hizo explosión. El aparato aterrizó en el aeropuerto José Martí en La Habana. Nelson Rodríguez y su amigo y acompañante, el poeta Ángel López Rabí – de 16 años de edad– fueron fusilados". Más adelante precisa Arenas: "Una tercera persona, el escritor Jesús Castro Villalonga, quien no iba en el avión pero conocía el plan, fue condenado a treinta años de prisión".

Por supuesto, tras su ejecución, Nelson Rodríguez Leyva fue borrado, eliminado del panorama literario cubano y, por ello, no aparece en el discutido 'Diccionario de la literatura cubana'

Nelson fue fusilado, con 28 años, el mismo año que eran detenidos en La Habana Heberto Padilla y su esposa Belkis Cuza Malé y la posterior autocrítica del autor de Fuera del juego; la expulsión de Cuba del escritor chileno Jorge Edwards, declarado persona non grata y la condena a 10 años de prisión del periodista francés Pierre Golendorff. También es el año del represor Primer Congreso Nacional de Educación y Cultura donde Fidel Castro anuncia la nueva consigna cultural: "El arte es un arma de la Revolución".

Tras su muerte, Rodríguez Leyva dejó inédito un libro de relatos sobre su experiencia de los tres largos años pasados en las UMAP, manuscrito que fue confiscado durante su detención por las autoridades castristas. ¿Dónde estará ese manuscrito? ¿Existirá aún?

Por suerte, ha quedado la oportuna edición de 1964 de su libro de cuentos El regalo (que con toda seguridad se podrá consultar en alguna biblioteca universitaria estadounidense), aunque, por supuesto, tras su ejecución, Nelson Rodríguez Leyva fue borrado, eliminado del panorama literario cubano y, por ello, no aparece en el discutido Diccionario de la literatura cubana (La Habana: tomo I,1980 y tomo II, 1984), aunque, curiosamente, sus relatos sí aparecen en el libro Cuba: una revolución en marcha (París, Ruedo Ibérico, 1967), de los españoles Francisco Fernández-Santos y José Martínez, una antología de temática histórica y socioeconómica donde también hay una amplia selección poética y donde, además, se antologa a diez narradores cubanos de ese momento: Alejo Carpentier, José Lezama Lima, Virgilio Piñera, Onelio Jorge Cardoso, David Camps, Guillermo Cabrera Infante, Antonio Benítez Rojo, Jaime Sarusky, Jesús Díaz y Nelson Rodríguez Leyva.

En 1981, Reinaldo Arenas, ya exiliado en Nueva York, escribe un largo poema dedicado a su amigo Nelson Rodríguez Leyva, que aparecerá, con posterioridad, en su poemario Voluntad de vivir manifestándose (Madrid: Betania, 1989):

Si te llamaras Nelson (A un joven norteamericano)

Los que te tienen, oh libertad, no te conocen

José Martí

Si te llamaras Nelson
estarías ahora desfilando marcialmente
(mano levantada, paso firme, pelo al rape)
frente a la tribuna donde el Jefe
conceda quizás la gracias de un saludo.

Si te llamaras Nelson
grabarías en la memoria esta escena
y luego clandestinamente
en el breve descanso o el pase reglamentario
(veinticuatro horas)
escribirías.

Si te llamaras Nelson
pasarías días enteros (los mejores) en la cola
del helado
pasarías toda tu vida esperando un par de zapatos
que una tía "bondadosa" prometió enviarte de "El Norte".

Si te llamaras Nelson
estarías ahora siendo interrogado
no porque hayas protestado públicamente
no porque hayas salido a la calle con tus hermosos cabellos sueltos
no porque hayas criticado abiertamente
como haces aquí
el sistema (allí nadie se atrevería a tanto)
sino porque alguien descubrió que eras poeta
o algo por el estilo
y por lo tanto ya esgrimen contra ti
"el cuerpo del delito".

Si te llamaras Nelson
de la misma plaza donde gritas o te diviertes
serías conducido a un campo de trabajo forzado
te levantarías al alba y contarías las horas
solo por la llegada del camión custodiado
que te llevará al barracón.

Si te llamaras Nelson
por lo que haces por lo que no haces
llevarías siempre un mono azul, una cabeza rapada
unas botas rusas molestísimas y un número
junto al pecho.

Si te llamaras Nelson
conocerías el verdadero significado
de esa libertad que desprecias y atacas
porque nunca la habrías disfrutado.

Si te llamaras Nelson
estarías ahora intentando salir de tu país
estarías ahora lanzándote al mar
estarías ahora siendo capturado en pleno vuelo
estarías siendo capturado antes de que iniciases la estampida
(el mejor delator es allí siempre tu mejor amigo)
estarías ahora otra vez incomunicado y esperando la sentencia
estarías ahora caminando con las manos atadas
hacia el pelotón de fusilamiento.

Si te llamaras Nelson
tendrías como única recompensa a toda tu vida
la visión de tus propios hermanos apuntándote.
Pero si te llamaras Nelson
ni siquiera en el momento en que la metralla entra en tu cuerpo
podrás gritar
como gritas aquí defendiendo impunemente a los verdugos
porque ellos hombres previsores
te llevarán amordazado al paredón.

Si te llamaras Nelson
estarías ahora pudriéndote en una fosa común
estarías ahora enterrado en un lugar anónimo
que nadie irá a fotografiar
estarías ahora bien sepultado en un hueco
donde nadie irá a descubrirte ni sabrá qué hiciste
ni quién fuiste
ni si realmente has existido.

Si te llamaras Nelson
comprenderías lo que significa esa libertad
gracias a la cual ( y contra la cual) gritas y
comenzarías a conocerte y a despreciarte.

Pero te llamas Jimmy, Tom, Eddy y ya recoges la pancarta, impresa en tinta impecable. Tomas el tren o el auto y regresas a casa pues esta noche has de estar ready para asistir al concierto de los Rolling Stone (ya tienes el pulóver lumínico) en el Madison Square Garden o ver el Festival de Cine soviético (qué progresistas) en el Carnegie Hall Cinema. Y luego, con un grupo de amigos (o de amigas), riendo, bebiendo, fumando, aullando de vida, Village abajo, rumbo al río.

Si te llamaras Nelson...

(Nueva York, 14 de agosto de 1981)

Coda

Este sentido poema de Reinaldo Arenas sobre su amigo y colega Nelson Rodríguez Leya demuestra el cariño y admiración que el autor de Antes que anochezca le profesaba. Un par de años antes de suicidarse, Reinaldo me propuso editar póstumamente El regalo en una recién fundada Betania (cuando nuestra casa editora le publicó dos poemarios: Voluntad de vivir manifesándose (1989) y Leprosorio. Trilogía poética (1990), que reunía por primera vez casi toda su obra poética), sobre todo para recordar a Nelson, pero como no logramos publicarlo entonces, solo ahora nos complace cumplimentar un deseo compartido con el siempre recordado amigo Arenas y así rescatar la figura de un joven narrador cubano fusilado en 1971.

En la difícil y traumática relación entre los escritores y artistas (intelectuales) cubanos y el régimen del 59, el fusilamiento de Nelson Rodríguez Leyva no fue más que otro eslabón en la gran cadena que impuso a Cuba la represión castrista: desde la creación (copia del modelo soviético) de la UNEAC (Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba, 1961) a las UMAP (1964) hasta la recogida de firmas en documentos oficialistas, pasando por los canallescos actos de repudio, y sin olvidar la confiscación y clausura de todos los medios de comunicación (revistas, periódicos, emisoras de radios y canales de televisión) al inicio de la Revolución, o los poetas que sufrieron presidio político en los años 60, como Jorge Valls Arango, Ángel Cuadra. Miguel Sales y Ernesto Díaz Rodríguez; el cierre de Ediciones El Puente (1965), y el internacionalmente más conocido caso Padilla (1971).

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Nota de la Redacción: Este texto se publicó originalmente como introducción a la edición de El regalo realizada por la editorial Betania con motivo del quincuagésimo aniversario del fusilamiento de Nelson Rodríguez Leyva, que el editor pone a disposición de los lectores de 14ymedio de manera gratuita aquí.

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