Muere en Miami La Niña de Placetas, leyenda del Escambray

La exguerrillera anticastrista Zoila Águila Almeida falleció en el exilio víctima del covid, a los 82 años

En 2018 la autora escribió este texto con la esperanza de recibir noticias de la expresa política

Zoila Águila Almeida, La Niña del Escambray, aparece aquí con una ametralladora Thompson. Estuvo alzada hasta 1964. Su esposo fue fusilado y ella fue presa política plantada. (Foto publicada en 'Escambray, La Guerra Olvidada', de Enrique Encinosa)
Zoila Águila Almeida, La Niña del Escambray, aparece aquí con una ametralladora Thompson. Estuvo alzada hasta 1964. Su esposo fue fusilado y ella fue presa política plantada. (Foto publicada en 'Escambray, La Guerra Olvidada', de Enrique Encinosa)

Escribo con la esperanza de que se sumen más personas a buscar información actualizada de Zoila Águila Almeida, La Niña de Placetas, La Niña del Escambray, la mujer que marcó pautas en la historia de Cuba cuando apostó por la lucha armada, único camino para enfrentar la naciente dictadura comunista.

Zoila Águila, natural de Placetas, se unió muy joven a los insurgentes que se alzaron en el Escambray contra el comunismo, y por eso le decían "la niña". Cuentan los que la conocieron que en la lucha frontal contra la milicia que lo que le faltó en edad le sobró en valor.

El descrédito y los falsos testimonios fueron las técnicas empleadas en el Escambray para anular a los alzados. Fidel Castro los tildó de asesinos, ladrones, violadores, asaltantes de caminos, entre otros calificativos, y de inmediato los medios de comunicación estatales replicaron los términos. Eso ocasionó que las personas que no vivían en el Escambray ni tenían familiares allegados que hubieran sido alzados o estuvieran en las cárceles por oponerse sintieran un fuerte rechazo a los insurgentes. Cientos de cubanos ignorantes de la verdad los odiaron y se sumaron a vilipendiarlos.

Fue la única mujer que se incorporó a la lucha armada y estuvo todo el tiempo en las montañas en primera fila, participando en combates

Así, la Niña de Placetas, se vio envuelta en las peores acusaciones. Fue la única mujer que se incorporó a la lucha armada y estuvo todo el tiempo en las montañas en primera fila, participando en combates, primero en la guerrilla de Porfirio Guillén Amador y más tarde en la de Julio Emilio Carretero.

Los que estuvieron cerca de ella en los combates conocieron su valor y energía a la hora de los encuentros frontales con la milicia. Se convirtió en una leyenda la forma en que con su arma ripostaba los ataques y defendía a los compañeros de lucha, por eso el régimen usó todo tipo de bajezas para mancillarla y fue a lo que más podía doler su honra como mujer: la capacidad de ser madre, de engendrar vida.

No faltaron frases insinuando relaciones con todos los hombres de la guerrilla. Nada más lejos de la realidad, puesto que su esposo, Manolo Manso de La Guardia, estuvo junto a ella hasta el momento en que los emboscaron en el mar, cuando viajaban en un barco que supuestamente llevaría a los Estados Unidos al grupo que comandaba Julio Emilio Carretero.

Por la traición de Alberto Delgado, todos fueron detenidos el 9 de marzo de 1964 y fusilados en La Cabaña en junio de ese mismo año (entre ellos estaba Manolo Manso), y La Niña fue sentenciada a la pena de treinta años de cárcel. En abril, Cheíto León, que había quedado al mando en el Escambray insurgente, comprobó que sus compatriotas no habían llegado a Miami.

Las sospechas de León y las del también alzado Rubén Cordobés crecieron y contactaron a Alberto Delgado, el 28 de abril de 1964. El delator fue ejecutado.

Pedro Guillén, hermano menor del insurgente Porfirio Guillén, quien fue uno de los primeros jefes de las guerrillas en el Escambray y murió en un combate en Sabanas del Moro, asegura que era una mujer íntegra y valiente y que se fue al monte en el año 1961 porque la inconformidad con los que ostentaban el poder era creciente.

"La recordamos pequeña de tamaño e inmensa de corazón, con su ametralladora Thompson en las manos. No sentía miedo ante nada ni nadie. Dentro de los cercos era una pantera y la primera en romperlos a tiro limpio"

Pasó a ser la única mujer que estuvo activa y directamente en los combates frente a la milicia en la zona montañosa cercana a Fomento.

"La recordamos pequeña de tamaño e inmensa de corazón, con su ametralladora Thompson en las manos. No sentía miedo ante nada ni nadie. Dentro de los cercos era una pantera y la primera en romperlos a tiro limpio. Contrario a lo que piensan algunos por aquí, ella nunca realizó misiones de mensajera o colaboradora desde el llano. Era demasiado conocida por amigos y enemigos. Los guerrilleros la querían y respetaban como a la joya más preciada", destacó Pedro Guillén en una entrevista que le concedió a Héctor Maseda (publicada en el blog Conexión Cubana).

Con su condena a prisión, empezó el calvario de la mujer, pues además de privarla de libertad, la sometieron a torturas y humillaciones de todo tipo. Se sabe que fue muy rebelde ante sus torturadores y que resistió la tortura física.

Desde que la detuvieron le aplicaron numerosas técnicas propias de los represores. No la dejaban dormir, la sometían a intensos interrogatorios que duraban semanas, la mantenían de pie en una misma posición durante horas y no faltaron los simulacros de fusilamiento, que en esa época solían usar con frecuencia contra los insurgentes para lograr confesiones y aceptación de culpas.

Tampoco faltaron los improperios y los cuestionamientos como mujer y madre.

En 1969, cinco años después de haber sido detenida y ya fusilados sus compañeros, la llevaron para la cárcel de Guanajay. Confinada en las horrendas celdas, los torturadores lograron nublar su mente.

Cuenta Cary Roque, prisionera política cubana que estuvo en las tapiadas de esa horrenda prisión junto a otras 45 mujeres que también cumplían sanciones por sus ideas políticas, que La Niña estuvo dos años allí sin hablar con nadie

Cuenta Cary Roque, prisionera política cubana que estuvo en las tapiadas de esa horrenda prisión junto a otras 45 mujeres que también cumplían sanciones por sus ideas políticas, que La Niña estuvo dos años allí sin hablar con nadie.

Era muy enérgica, desconfiada y no se relacionaba con ninguna persona. Las mujeres del presidio político que también pasaron por torturas y humillaciones entendieron lo que le ocurría.

Se ha podido comprobar que además de Guanajay estuvo en una cárcel en Guanabacoa y en otra irónicamente llamada finca Nuevo Amanecer.

A pesar de su estado mental, había algo que en ella se mantuvo intacto porque siempre se mantuvo como presa plantada y no entendió jamás la palabra doblegarse. Los guardias golpeaban a las mujeres con tubos de manguera y ella no fue la excepción.

Como las otras rebeldes del presidio político, quemó colchones e hizo protestas, y la llevaron en varias ocasiones a celdas de castigo.

El libro de Enrique Encinosa Escambray: la guerra olvidada, publicado en 1987, recoge testimonios de los luchadores de aquella etapa y destaca que en la cárcel de mujeres, sentada en su camastro, se pasaba horas vestida como una leprosa, sin hablar. Cuando le permitían salir al patio se encaramaba en las matas, donde se pasaba largo rato, la vista perdida en el horizonte lejano.

Fue una de las últimas presas en salir de Cuba. Había cumplido dieciocho años de su condena y aunque su cuerpo vino a Miami, los retazos de su razón quedaron vagando por las salas de hospitales psiquiátricos donde recibió las "terapias" de electroshock y por las paredes mugrientas y húmedas de las celdas tapiadas.

A pesar de haber sido apresada y la mayor parte del tiempo incomunicada hasta de la familia, al régimen comunista nunca le bastó. Como hace siempre con los adversarios que luchan por ideales justos, usó todas las vías que pudo para mancillar a los alzados en el Escambray, a todos los presos políticos, y en especial a La Niña.

En la década del 70 pasaron una serie titulada 'Sector 40' en la Televisión Cubana donde dedicaron múltiples escenas relacionadas con los alzados y los supuestos "crímenes" que cometieron

En la década del 70 pasaron una serie titulada Sector 40 en la Televisión Cubana donde dedicaron múltiples escenas relacionadas con los alzados y los supuestos "crímenes" que cometieron.

Presentaron a La Niña de Placetas como una mujer que no tuvo reparos en asesinar a supuestos hijos recién nacidos para evitar que el llanto descubriera la posición del grupo alzado en la zona montañosa cercana a Fomento.

Pero personas que la conocieron, entre ellos Pedro Guillén, quien me lo confirmó a mí y ya lo había hecho al periodista independiente Héctor Maseda, aseguran que fueron calumnias de la peor especie. "Ella nunca dio a luz en el monte; perdió dos embarazos en el tiempo que estuvo alzada", cuenta Guillén, quien la conoció personalmente.

En condiciones adversas como las que ella enfrentó es lógico sufrir abortos. No tenía lógica ninguna la mentira que acuñó como cierta la Televisión Cubana de que dio a luz en dos ocasiones en medio de combates, evadiendo cercos, cargando un arma y trasladándose en medio del monte, muchas veces de forma rápida e incluso de noche o bajo la lluvia.

La desvirtuaron de esa forma porque el régimen no quiso aceptar el patriotismo de la mujer que ante la disyuntiva de ser madre o combatiente decidió por lo que en ese momento creyó correcto.

Conociendo la trayectoria de La Niña, es lógico pensar que dejar el monte y regresar a Placetas nunca estuvo en sus planes. Volver a casa significaba desistir de sus propósitos e ideas y enfrentar la maquinaria de terror que finalmente le cayó encima cuando fue apresada.

En silencio y rodeada de paredes húmedas y malolientes, La Niña soportó el dolor por su pareja y por sus compatriotas fusilados en La Cabaña.

Eligió un camino duro pero digno. Mi homenaje y respeto hacia ella me obliga a apelar a todas las vías posibles para que no la olvidemos.

Reproduzco a continuación una información compartida por Luis G. Infante, del Presidio Político Cubano, sobre las gestiones que están haciendo para actualizar cualquier dato relacionado con la patriota cubana.

En silencio y rodeada de paredes húmedas y malolientes, La Niña soportó el dolor por su pareja y por sus compatriotas fusilados en La Cabaña

Miami, abril 9, 2018 / Durante los últimos tal vez diez años, es una incógnita la existencia o no de Zoila Aguila Almeida, La Niña de Placetas, o también La Niña del Escambray.

Hay quienes afirman que murió; otros guardamos reservas al respecto al no poder constatarlo. Lo cierto es que no hay constancia de ninguna de las especulaciones.

La última ubicación que tuvimos de ella fue cuando vivía en un empobrecido edificio de apartamentos en South Beach, al extremo sur de la Ciudad de Miami Beach. Casi al final de la década de 1980, algunos de nosotros nos llegamos hasta allá y no nos recibió. Apenas entreabrió la puerta y pronunció algunas palabras. Algo parecido describe Enrique Encinosa en su libro Escambray: la guerra olvidada.

El expreso político Servilio Pérez, quien vivía en la playa, se interesaba y en cierta forma la atendía, en la medida que ella lo permitía, a través del encargado del edificio. Cuando South Beach fue urbanísticamente desarrollada y se convirtió en lo que es hoy, una zona de altos relieves y destino turístico, ahí se perdió contacto con La Niña. Suponemos que tuvo que mudarse. Incluso Servilio Pérez, antes de morir, ya nos decía que no sabía acerca de ella.

La Niña se nos ha desaparecido y no sabemos de ella y en algún lugar debe estar. Ya sea que esté viva o no.

A partir de la copia de una certificación de bautismo que nos proporcionó el expreso político Hernán Reyes El Tite, el Presidio Político Histórico Cubano – Casa del Preso ha retomado este asunto, porque nos duele que no podamos dar con el paradero de La Niña, cualquiera que este sea. Ya estamos en contacto con distintos departamentos estatales y municipales con la esperanza de encontrarla si vive, o tener la certeza de su muerte, si lamentablemente así fuera.

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Nota de la Redacción: Autora de Escambray: La historia que el totalitarismo trató de sepultar, Idolidia Darias publicó en su blog, en 2018, este texto que nos autoriza a reproducir.

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