El cineasta cubano Alejandro Alonso estrenará en Europa la película 'Bahía Honda', un viaje hacia la libertad en barcos rotos
Cine
Se exhibirá el 16 de noviembre en el 39° Festival Internacional de Cine Documental de Ámsterdam, uno de los más prestigiosos del mundo
Madrid/Bahía Honda (2026), segundo largometraje del realizador cubano independiente Alejandro Alonso, tendrá su estreno mundial este 16 de noviembre, en el 39° Festival Internacional de Cine Documental de Ámsterdam (Idfa), uno de los festivales más prestigiosos del mundo, que se celebrará del 10 al 22 de ese mes.
Producido por Estudio ST, Vega Alta Films y Folk Film, con la colaboración de la Embajada de Noruega en Cuba –una de las grandes impulsoras del cine no institucional en la Isla– Bahía Honda fue filmado en el cementerio y desguasadero de barcos de la localidad homónima de la provincia Artemisa, y contiene las últimas imágenes rodadas en Cuba por el cineasta antes de emigrar a España en 2021.
El director concibe su película como “una especie de viaje". Y cuenta a 14ymedio: "Inicialmente, nuestro primer deseo era hacer un retrato de este lugar. Era una paradoja haber encontrado este lugar donde destruyen barcos y lo que eso significaba en un momento también donde en Cuba estaba empezando esta otra gran ola migratoria".
“Este lugar es una especie de burbuja porque ya casi no existen este tipo de espacios en el mundo”, comenta Alonso. El director explica que actualmente hay muy pocos desguazaderos de barcos por el impacto ambiental que tienen, pero que Cuba “se salta todas esas leyes, todos esos protocolos”. El lugar elegido, dice, “está un poco a la buena de Dios en cuanto a políticas de trabajo y de protección ambiental”.
“Es alguien que de día destruye barcos y de noche, con las piezas, intenta armar su propio barco. Había algo ahí que a mí me parecía muy potente”
Luego de la fascinación inicial alrededor del desguazadero, refiere el cineasta, lo que dio un cambio en su mirada y manera de relacionarse con el lugar fue acercarse directamente a los trabajadores, en particular a Raudel González Cordero, Pitufo, “con toda la carga que traía, todo ese deseo de salir, de escapar”. El cineasta explica que su personaje es “alguien que de día destruye barcos y de noche, con las piezas, intenta armar su propio barco. Había algo ahí que a mí me parecía muy potente”. Sobre la base de ese “deseo” es que Alonso ha construido todo el relato.
Las imágenes filmadas en este lugar tan extraño, fascinante y lóbrego a la vez vieron la luz años antes en el cortometraje Abisal (2021), que obtuvo el Premio Coral a Mejor Cortometraje Documental en la 43ª edición del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana en diciembre de 2022.
Pero esta distinción no evitó que su director fuera objeto de censura por parte del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica, cuando sus funcionarios vetaron la proyección de un agradecimiento grabado que Alonso envió desde España. El realizador mencionó entonces la estampida migratoria cubana, y de alguna manera “cerró” la historia del protagonista fuera la película, revelando que había también emigrado de Cuba.
Estas palabras “indeseadas” hubieran manchado la imagen impoluta que se trataba de proyectar del régimen, tras el veto al largometraje Vicenta B. (2022) de Carlos Lechuga y a unas “provocadoras” palabras de la actriz cubana Andrea Doimeadiós en la inauguración del evento.
Este es uno de tantos ejemplos que explican por qué realizadores tan claves para el cine cubano como Alejandro Alonso no son reconocidos por el “gran público” de la Isla
El lavado de cara de esa edición incluyó, además de la censura a las palabras de Alonso, la entrega del Coral de Honor a Silvio Rodríguez, casi la única persona autorizada a hacer declaraciones esa noche (“¡Abajo el bloqueo!”), ya que ni a los jurados se les permitió acercarse a los micrófonos durante la premiación.
Este es uno de tantos ejemplos que explican por qué realizadores tan claves para el cine cubano como Alejandro Alonso (junto a Rafael Ramírez, Luis Alejandro Yero, Miguel Coyula, Marcel Beltrán, Violena Ampudia, Raydel Araoz, Carlos Quintela, Orlando Mora, Josué García, Heidi Hassan, Carla Valdés, Carlos Melián, Armando Capó y tantos otros que alargarían en extremo este párrafo), no son reconocidos por el “gran público” de la Isla– dependiente en gran medida de lo que la institución oficial proyecta, con las debidas autorizaciones y filtros ideológicos, en sus ya escasos cines.
“Bahía Honda siempre la concebimos como una expansión del universo que se presenta en Abisal”, cuenta Alonso. “Son películas que están conectadas por el protagonista, por el lugar, pero hay ahora una propuesta de llevar un poco al límite el universo y el imaginario de los desguazadores. Siento que la película establece un diálogo entre ese universo de ellos y mi imaginario”.
Alonso no es un extraño en las plataformas fílmicas de los Países Bajos. En 2021 mereció el Premio Tigre Hivos de Cortometraje con la obra Terranova (2020), codirigida con el español Alejandro Pérez, en el también muy relevante Festival Internacional de Cine de Rotterdam, donde poco después estrenó globalmente su cortometraje La historia se escribe de noche (2024). Esta última es toda una reflexión existencial sobre la vida en apagón, con su carga de pavor, misterio y zozobra.
Como en estas otras películas, dos de sus títulos más representativos, 'Bahía Honda' comulga en el credo fílmico sensorial que define el estilo y el discurso audiovisual de Alonso
Como en estas otras películas, dos de sus títulos más representativos, Bahía Honda comulga en el credo fílmico sensorial que define el estilo y el discurso audiovisual de Alonso. Siempre sobrepone la fuerza expresiva de la imagen sobre la narrativa didáctica, la impresión sobre la descripción, y la libre asociación de las imágenes sobre la articulación “lógica”. Son películas que deben ser leídas y sentidas como poemas, con todos sus enigmas, retos e invitación al diálogo complejo.
Aunque este largometraje es descrito por Alonso como “una película mucho más atmosférica. Es un poco un asomarse a ese mundo, a todo este universo”. Alonso explica que Bahía Honda tiene una voluntad de ser mucho más narrativa, de explorar otros recursos y de intentar hacer un retrato mucho más complejo de Pitufo. “Sobre todo, del imaginario de sus deseos de emigrar”.
El cineasta cuenta además que Bahía Honda es una película “muy participativa” que va construyéndose desde la investigación porque tuvieron muy poco tiempo para filmar. “Yo diría que tres o cuatro semanas”, explica. “Y claro, a medida que íbamos descubriendo el lugar, que íbamos entendiendo qué queríamos hacer, que íbamos conociendo a nuestros protagonistas, íbamos filmando”.
Para su director, Bahía Honda “parece que va a ser una cosa, luego muta hacia otro lugar y finalmente va hacia un territorio más de la ficción”. Alonso explica que, aunque la película comienza “muy tangible, muy de textura, muy de metal, muy de cuerpo”, a medida que avanza “se va más hacia el universo de los sueños, los deseos”.
Bahía Honda no es una película “fácil”. No es una película para reír o para escapar de la realidad. Es el relato de una fuga, pero, gracias a la mirada de Alonso y su equipo de rodaje, el desguazadero se convierte en un paisaje casi monstruoso, un círculo del Infierno en el que su protagonista y demás personajes buscan sobrevivir hasta la huida posible.