Un festival de cine francés entre retrasos, proyectores rotos y salas sin aire acondicionado
Cultura
La 27 edición abrió el jueves en La Habana con diplomáticos franceses y funcionarios culturales, pero en los cines los espectadores se encuentran con una realidad muy distinta
La Habana/El Festival de Cine Francés, uno de los eventos culturales más esperados por los cinéfilos de la capital, arrancó este jueves en el cine Yara con Los niños de la resistencia (2026), de Christophe Barratier, quien estuvo presente en la inauguración. Diplomáticos franceses, funcionarios culturales y público habanero asistieron a una cita que llega, esta vez, en medio de la peor crisis económica que vive la Isla desde 1959, con apagones diarios de más de 20 horas.
Una espectadora relata para este diario su asistencia este viernes a una sesión del festival en el cine Charles Chaplin. Estaba prevista para las dos de la tarde la proyección de Jugar con fuego (2026), dirigida por las hermanas Delphine y Muriel Coulin. La sala no tenía aire acondicionado y las butacas estaban casi vacías. A las 2:22, la película todavía no había comenzado. Un empleado de la sala explicó a los espectadores que había un problema con el proyector y que intentaban solucionarlo. Media hora después, los que esperaban ya estaban impacientes y algunos empezaron a irse.
La película arrancó por fin una hora después de lo anunciado. Para entonces, en la sala quedaban apenas unas tres decenas de personas. Con casi 120 minutos de metraje por delante, a muchos ya se les había interrumpido el plan de la tarde, y el calor no ayudaba.
El cine 23 y 12, sede principal de exhibición de la Cinemateca de Cuba, no era una alternativa: tenía el proyector roto, según pudo comprobar también este diario, así que allí no se podía disfrutar de la programación del festival. La espectadora cuenta que al final se fue para su casa sin ver nada de la programación, porque ya había perdido demasiado tiempo y todavía tenía por delante el reto de conseguir transporte para volver, algo difícil en cualquiera de las actuales tardes habaneras.
La película arrancó por fin una hora después de lo anunciado. Para entonces, en la sala quedaban apenas unas tres decenas de personas.
La decepción contrasta con las expectativas que se crearon en la inauguración del jueves en el Yara, a la que asistió el embajador francés, Raphaël Trannoy, quien describió el evento como “una oportunidad para acercarse a la diversidad y renovación del cine de su país”. También estaban Luciano Castillo, director de la Cinemateca de Cuba y Premio Nacional de Cine, quien presentó al director de la película inaugural; y el presidente del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (Icaic), Alexis Triana, quien recordó que este festival es uno de los más queridos por el público habanero.
La edición 27, que se prolongará hasta el 4 de noviembre, reúne 17 películas y apuesta sobre todo por títulos recientes, entre ellos La mujer más rica del mundo (2025), de Thierry Klifa; Sarah Bernhardt, la divina (2024), de Guillaume Nicloux; y Maya, dame un título, del reconocido director Michel Gondry. La proyección de Sin aliento (1960), de Jean-Luc Godard, clásico de la Nueva Ola francesa, se vinculará con la presentación de Nouvelle Vague (2025), de Richard Linklater, que recrea el rodaje de la película de Godard.
Tras las proyecciones de este fin de semana en los cines Charles Chaplin y Yara, la muestra continuará únicamente en el Yara a partir del lunes.
El entusiasmo del público se apaga cuando tiene que lidiar con los problemas más elementales para ver una película. Por mucho que los habaneros se sientan atraídos por la actualidad del cine francés y su historia, la crisis cubana dificulta la asistencia a las salas. Llegar a un cine depende de la disponibilidad del deteriorado sistema de transporte y de los apagones programados. Una vez frente a la pantalla, el espectador se expone a otros inconvenientes, desde el calor hasta los fallos técnicos.