¡Y sonó la Conga de Los Hoyos!

La Conga de Los Hoyos arrolló por las calles santiagueras. (14ymedio)
La Conga de Los Hoyos arrolló por las calles santiagueras. (14ymedio)
Ernesto Amigo

21 de julio 2014 - 14:00

Santiago de Cuba/Primero se sintió el sonido de la corneta china acompañado de una expectación que llenó las calles de curiosos y bailadores. Después se fue acercando la Conga de Los Hoyos, con más de cien años de existencia y un sonido estridente ante el que nadie puede quedarse imperturbable. ¡Bailas o... bailas!, parecían decir los tambores, el bombo o pilón, el requinto, los bocúes y las campanas. Y eso fue lo que hicieron todos, bailar hasta el agotamiento y el olvido.

Julio es mes de carnavales en Santiago de Cuba y este año la diversión se ha visto algo disminuida por el peligro del dengue y el cólera. No obstante, el pasado sábado la gente se soltó cuando pasaron por las calles los Hijos del Cocoyé. A pesar de la fuerte presencia policial, por unos minutos el baile hizo libres a los santiagueros. Les permitió aliviar la difícil situación que está viviendo la provincia, no sólo por cuestiones sanitarias sino también debido al deterioro habitacional que el huracán Sandy agudizó en octubre de 2012.

Nacida en el popular y céntrico barrio de Los Hoyos, la Conga está actualmente conformada por los descendientes de los primeros fundadores. Sus orígenes se remontan a 1902 y ya en 1939 su emblema principal era la frase "abre, que ahí viene el cocoyé". A su paso, arrastra desde vecinos que se arremangan los pantalones para bailar mejor y niños que se divierten con el espectáculo, hasta carteristas a la espera de una oportunidad, borrachines de esquina y gente belicosa dispuesta a la pelea.

Este año el recorrido, que también llaman la Invasión, mantuvo el paso de las congas por los sitios más céntricos y de valor cultural. Comenzó cerca de las cuatro de la tarde y no paró hasta las diez de la noche, después de llevar tras de sí a miles de personas. Eso sí, siempre custodiada por tal cantidad de policías y militares que a veces era difícil saber si aquello era la comparsa de un carnaval o un desfile del Ejército.

No obstante los tropiezos y la vigilancia, la Conga de Los Hoyos arrolló por las calles santiagueras. Cuando llegó la noche y se apagaron su música y sus bailes, los santiagueros volvieron cansados -pero avivados- a sus casas. "¡Abre, que ahí viene el cocoyé!" repetían todavía algunos a la mañana siguiente.

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