El 'boom' del turismo asfixia al aeropuerto de La Habana

La mejora en infraestructuras y servicios pierde el paso frente a un volumen de pasajeros que crece exponencialmente

Zona de llegadas en la terminal 3 del Aeropuerto Internacional José Martí en La Habana. (14ymedio)
Zona de llegadas en la terminal 3 del Aeropuerto Internacional José Martí en La Habana. (14ymedio)

Los viajeros salen del avión y sortean los cubos que recogen las goteras del techo. Aún les queda una larga espera frente a la estera y lidiar con el aire acondicionado que apenas apacigua el calor. El Aeropuerto Internacional José Martí de La Habana tramita a tropezones el boom turístico que le ha supuesto un volumen de pasajeros que sus servicios e infraestructura soportan a duras penas.

La principal terminal aérea del país recibió en el primer semestre de este año a 3,3 millones de viajeros, una cifra que significó un aumento de un 27,4% con respecto al mismo período del año anterior. Sin embargo, la experiencia de los viajeros está lejos de ser satisfactoria.

Faltan locales gastronómicos y el desabastecimiento se hace sentir. "Solo tenemos estas dos cafeterías acá arriba", cuenta una de las empleadas que despacha. "Hoy no nos ha llegado la cerveza y tampoco hay agua, solo estamos vendiendo café además de pan con jamón y queso", respondía este lunes a varios clientes.

En el exterior se erige una nave inacabada donde se instalarán nuevos locales de comida. "En el financiamiento de esta infraestructura estaba vinculada la constructora Odebrecht y todo se paralizó con el escándalo de corrupción en Brasil", cuenta a este diario una fuente del Ministerio de la Construcción que prefirió el anonimato.

"Esperamos que quede abierta antes de que termine el año como una alternativa para los viajeros y sus acompañantes", detalla el funcionario. "Pero una cosa es el local y otra el suministro de alimentos y bebidas, eso le corresponde garantizarlo a la Empresa Cubana de Aeropuertos y Servicios Aeronáuticos (ECASA)".

Local gastronómico del Aeropuerto Internacional José Martí de La Habana. (14ymedio)
Local gastronómico del Aeropuerto Internacional José Martí de La Habana. (14ymedio)

"No podemos hacer magia. Si en el país falta la cerveza, ¿de dónde la vamos a sacar?", pregunta de forma retórica una empleada de la oficina central de ECASA a la que este diario tuvo acceso por vía telefónica. "Hemos tratado de cubrir la demanda con productos importados, pero los turistas quieren tomarse una cerveza cubana en el aeropuerto", sostiene.

La esperanza llegó para los empleados de la terminal cuando en agosto pasado se anunció que las compañías francesas Bouygues y Aeropuertos de París habían logrado una concesión para ampliar y gestionar la terminal aérea. "Aquí no han puesto ni un tornillo", protesta la vendedora de un puesto de artesanías en la planta intermedia. Fuentes del sector afirman que no se han hecho todavía estudios de factibilidad para comenzar las obras. "Ni siquiera han llegado los proyectistas franceses a evaluar la terminal", afirma un alto funcionario del Ministerio de Transporte que añade que el proyecto está pendiente del apoyo del nuevo inquilino del Elíseo.

Un piso más abajo se aglomeran quienes aguardan por los viajeros que arriban al país. "Esto es una falta de respeto", cuenta a 14ymedio Manuel Delgado, de 58 años, que se queja de que "no hay donde sentarse, el calor es insoportable y la cafetería no tiene ni agua" mientras espera el vuelo de Air France en el que regresa su hija, residente en París.

Los baños se llevan la peor parte entre las opiniones de los que aguardan. "Huelen mal y, aunque el servicio es gratis, las empleadas piden dinero. De una manera un poco disimulada pero lo piden", cuenta Yesenia, quien se trasladó desde Matanzas para recibir a un hermano que regresa de México.

En los servicios sanitarios de mujeres una trabajadora sostiene el rollo de papel para secarse las manos. "No es obligatorio, pero te miran mal si no le das algo", asegura Yesenia. Una de las empleadas pregunta entre las clientas para cambiar cuatro monedas de 25 centavos de euro "por un peso convertible". Finalmente, una turista con aspecto europeo accede.

A pocos metros del baño, ubicado en el tercer piso, un joven intenta pescar la señal wifi para navegar en internet, un servicio exclusivo de la zona tras pasar inmigración y los controles de seguridad. Por cada hora de navegación debe pagar 1,50 CUC pero en todo el aeropuerto "hoy no están vendiendo tarjetas de recarga para el servicio Nauta", afirma frustrado.

Tampoco hay hoteles cerca para los pasajeros en tránsito hacia otras provincias. Desde hace dos años el Ministerio de Turismo (MINTUR) proyecta la construcción de un alojamiento de cinco estrellas en las inmediaciones del aeropuerto, pero el proyecto no acaba de concretarse. El sector privado, sin embargo, ha cogido la delantera al Estado y cada vez son más numerosas las casas que se rentan a turistas en las proximidades de la zona.

Desde hace dos años el Ministerio de Turismo proyecta la construcción de un alojamiento de cinco estrellas en las inmediaciones del aeropuerto, pero el proyecto no acaba de concretarse

Los problemas de infraestructura y servicios no terminan tras acercarse las puertas de salida de los vuelos. "Viajaba en primera clase y me dieron una invitación para la zona VIP", cuenta José Mario, un cubano que cada mes hace la ruta a Panamá en Copa Airlines para hacer de mula.

Los numerosos viajes que realiza le permiten acumular puntos que aprovecha, de vez en cuando, para ir más cómodo. Pero la zona VIP no ha satisfecho sus expectativas. "Me dijeron que tenía que esperar a que otros clientes terminaran de comer, porque no había platos suficientes", recuerda molesto tras su fallido intento de servirse algunos frutos secos y trozos de queso del bufete disponible.

José Mario reconoce, al menos, que ha mejorado en el servicio de taxis. Hace más de un año se instauró una tarifa fija desde el aeropuerto a diferentes puntos de la ciudad. "Antes el chofer decidía el precio, pero ahora sé que debo pagar 25 CUC desde aquí hasta mi casa, ni un peso más".

La experiencia en la llegada, en cambio, no logra muchos elogios. Varía según el horario, el vuelo y la cantidad de equipaje. "A veces no he estado ni una hora a la espera de mis maletas, pero otras me he pasado hasta cuatro frente a la estera", se queja el viajero.

Los empleados coinciden en que el tiempo de espera tras el aterrizaje fluctúa. "En la noche, cuando se juntan los vuelos grandes que llegan de Europa, como Iberia, Air France o Aeroflot todo se vuelve más lento", cuenta una de las doctoras que espera por los pasajeros nacionales para rellenar un formulario epidemiológico.

Tienda de recuerdos del Aeropuerto Internacional José Martí de La Habana. (14ymedio)
Tienda de recuerdos del Aeropuerto Internacional José Martí de La Habana. (14ymedio)

Los propios pilotos han tenido que dar explicaciones a los pasajeros de retrasos en la salida de la nave por no haber "suficientes vehículos para traer el equipaje hasta el avión".

A esto se suma el extremo control de la aduana sobre los equipajes, cuya minuciosidad no solo está destinada a evitar delitos sino a controlar dispositivos tecnológicos introducidos en el país (como DVD, NanoSation, discos duros o laptops) o cantidades elevadas de productos de uso común. Los vuelos más "minuciosamente" revisados son los que provienen de EE UU, México, Panamá, Haití, Guyana, Trinidad y Tobago y otras rutas habituales para las mulas.

En la zona previa a inmigración merodean los empleados con carteles que llevan el nombre de algunos viajeros. Unos se acercan a familias con niños o a recién llegados que tienen apariencia de cubanos residentes en el extranjero. "Por 40 dólares te paso sin problemas por Aduana", susurra una trabajadora a una pareja con dos hijos.

Los empleados pueden evitar por determinadas cantidades el paso por una revisión o el pago por exceso de equipaje importado, un alivio para muchos cubanos que viven en el extranjero y llegan cargados de regalos. Por cada kilo de equipaje que supera el límite de los 50 permitidos se debe abonar una cantidad en CUC que depende, además, del tipo de objetos transportados. Para los residentes en la Isla también resulta muy ventajoso, puesto que solo pueden pagar en CUP su primera importación anual.

José Mario recurre con frecuencia a ese servicio ilegal. "¿Qué voy a hacer?" se justifica. "Pago para que me saquen cuanto antes de este aeropuerto, porque entre el calor y las malas condiciones no hay quien lo soporte".

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