Los cubanos se las ingenian para sobrevivir con iniciativas privadas

El comercio 'online', las redes sociales o las motos eléctricas se han convertido en aliadas de los pequeños nuevos negocios

Jorge extraña los días en que recibía a sus clientes, les estrechaba la mano, degustaban juntos un café y salían a recorrer La Habana. Antes de que la pandemia le arrebatara su trabajo como guía para turistas, este emprendedor formaba parte de un entramado privado que ahora trata de sobrevivir echando mano de la creatividad y la tecnología.

El panorama es sombrío. 250.000 trabajadores del sector privado, la mayoría de ellos vinculados al turismo, perdieron parte de sus ingresos durante el mes de marzo, los efectos de la pandemia perjudicaron a unos 26.000 arrendadores y 52.000 transportistas según detalla un informe publicado por la consultora de negocios AUGE.

"No había opción, o nos adaptábamos a los cambios y limitaciones que exigían los tiempos de pandemia o perdíamos todo. La plataforma Airbnb lanzó la posibilidad de desarrollar una modalidad online a través de la aplicación Zoom, por lo que el uso de internet sería imprescindible", explica a 14ymedio Jorge, un arrendador por cuenta propia.

Los efectos de la pandemia perjudicaron a unos 26.000 arrendadores y 52.000 transportistas según detalla un informe publicado por la consultora de negocios AUGE

Sin embargo, el producto no logró ser aprobado para Cuba debido la precariedad del servicio de internet que existe y del bloqueo de la aplicación a causa del embargo estadounidense. No obstante, algunos anfitriones se las ingeniaron para usarlo a través de VPN, que señalaban una dirección IP fuera de la Isla, una práctica bastante común para saltar la censura.

"Pude hacer algunas, la experiencia fue novedosa y desafiante, impone el reto de comunicar de forma efectiva para que la otra persona se sienta partícipe a través de una videollamada, después de estar adaptado al contacto cercano y directo con los clientes", comenta Jorge, que tuvo que aprender a toda velocidad el arte de contar Cuba a través de videoconferencias y contactar por esa vía a potenciales clientes para cuando se reabran las fronteras.

Puppy tenía un pequeñísimo salón de belleza en la calle San Miguel, en La Habana. "Acabábamos de empezar y llegó la pandemia, toda la inversión parecía perdida", explica a 14ymedio. "Después de meses sin ganar ni un centavo se me ocurrió poner un anuncio de peluquero y barbero a domicilio. Nunca imaginé que iba a tener el éxito que tuvo".

Puppy y su hermana crearon una dupla muy atractiva. "Hacemos cortes de pelo y masajes, pero no solo pensamos en gente que quiere lucir bien sino también en personas postradas, en gente que no puede salir de su casa, más allá de la pandemia", comenta. "Al final, hemos encontrado un nicho de mercado más fiel y amplio que el que teníamos antes".

Impacto en el sector privado cubano de internet y las TICs. (Cortesía)
Impacto en el sector privado cubano de internet y las TICs. (Cortesía)

"Cuando atendíamos a los clientes en el local teníamos que dedicar partes de nuestras entradas al mantenimiento, la limpieza y hasta comprar papel sanitario para el baño pero ya eso se acabó. Ahora vamos a los lugares y las condiciones en las que trabajamos las dan las casas de los clientes, aunque siempre llevamos nuestros productos", detalla Puppy.

No obstante, reconoce que el trabajo a domicilio conlleva nuevos retos. "Vas a un lugar que no conoces, no sabes si te espera un cliente serio o alguien que solo quiere hacerte pasar un mal rato, pero hasta ahora la mayoría de las experiencias son positivas. A mí nadie me coge otra vez pagando por tener un local abierto. Yo soy ya un peluquero a la carta y a la casa".

Yohana y Mirna son los nombres detrás de la marca Detalles Y & M, una tienda de manualidades a partir de productos reciclados. Las dos amigas llevaban tiempo queriendo "hacer algo juntas" pero no fue hasta hace unos meses que consolidaron la idea. "Dejamos de trabajar como recepcionista en un hotel y guía turística para dedicarnos por completo a nuestra tienda", explica Yohana.

Su primer contacto con el público ocurrió en el marco de la feria de iniciativas responsables durante la cuarentena organizada por la Fundación Antonio Núñez Jiménez con la Embajada Rebirth /Tercer Paraíso, realizada en la Habana a principios del mes de noviembre, donde se presentaron más de 50 negocios creados en su mayoría desde el inicio de la pandemia.

"Hasta ahora la mayoría de las experiencias son positivas. A mí nadie me coge otra vez pagando por tener un local abierto. Yo soy ya un peluquero a la carta y a la casa"

Alquilar un espacio físico para montar un negocio puede oscilar entre los 10 y 35 CUC diarios, según el tamaño o la ubicación, por lo que las tiendas online se han convertido en una opción rentable en la Isla. Pequeñas empresas como Bamboleo, Deshidratados Habana, Sutileza y Detalles YyM operan básicamente a través de redes sociales y sitios de clasificados.

"Tenemos que reinventar nuestro negocio constantemente, dirigir nuestros productos a un público nacional y cada vez más exigente, sustituir importaciones por recursos reciclados y que podamos adquirir con facilidad y posicionarnos ante la competencia", detalla Mirna.

Sus redes sociales exhiben una amplia variedad de productos elaborados con frascos de vidrio adornados con tejidos de yute, encajes, cintas, y que pueden ser utilizados para almacenar especias en la cocina o en el baño pero también como como búcaros. La mayor parte de la distribución se hace a través de mensajeros con motos eléctricas.

"A pesar del incremento de negocios del mismo tipo o parecidos, tenemos un sello que nos diferencia, aunque usamos los mismos productos siempre le damos nuestro toque, aprender a usar las redes sociales y manejar el comercio online ha sido crucial para comercializar nuestros productos", precisa Mirna.

"Vale la pena emprender siempre que exista el deseo, no importa cuán difícil sean las condiciones", opina Yohana, quien también apoya su trabajo en la naciente red de mensajeros que entrecruzan la ciudad a lomos de motos eléctricas en manos privadas.

A finales de 2019 ya había en Cuba unas 200.000 motorinas, un auténtico boom alimentado por la combinación de varios factores: el insuficiente sistema de transporte público, la escasez de gasolina, el sencillo manejo de estos aparatos y las oportunidades de trabajo que ofrecen en medio de la pandemia.

Las motos eléctricas se venden en la red de tiendas estatales de la Isla pero los particulares las pueden también importar de la Zona Libre de Colón, en Panamá. La Aduana permite la entrada en el país de estos vehículos eléctricos pagando un arancel de 200 pesos para los modelos que no superen los 1.000 vatios de potencia ni los 50 kilómetros por hora.

"Todo se derrumbó porque me quedé sin una entrada de dinero para mi familia, pero junto a mi hermano compré una moto eléctrica, la reparamos y la pusimos a funcionar. Hoy esas dos ruedas son las que garantizan la comida en mi casa"

"Sirvo de mensajero en dos paladares, un negocio de entrega diaria del paquete y otro de venta de tecnología, como audífonos y otros dispositivos", comenta José Alberto, un joven de 23 años que se quedó sin trabajo al inicio de la pandemia cuando hacía de parqueador de vehículos a las afueras de una casa de alquiler para turistas en La Habana Vieja.

"Todo se derrumbó porque me quedé sin una entrada de dinero para mi familia, pero junto a mi hermano compré una moto eléctrica, la reparamos y la pusimos a funcionar. Hoy esas dos ruedas son las que garantizan la comida en mi casa", explica este mensajero.

"Es duro, todo el día estoy en la calle de un lugar a otro pero no me quejo, me queda esto o venderlo todo y terminar con mi familia en Panamá o Nicaragua. Al menos esto lo conozco y no puede ir peor de lo que ya está", considera. Un casco, una batería que recarga cada vez que puede conectarse a la electricidad y un móvil para recibir pedidos, esos son los instrumentos de trabajo en estos tiempos de pandemia y con la economía nacional en terapia intensiva.

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Este reportaje se ha realizado con la colaboración del Centro Internacional para Periodistas ( ICFJ).

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