Las hoteleras españolas han perdido entre 80 y 100 millones en Cuba después de años de bonanza  

Turismo

Un profesional del turismo estima que Meliá e Iberostar, entre otras, resultarán "indispensables para gestionar la transición sectorial"

Fachada del Iberostar Selection Parque Central, en La Habana.
Fachada del Iberostar Selection Parque Central, en La Habana. / Iberostar
14ymedio

29 de junio 2026 - 06:42

Madrid/A sus 81 años, Ignacio Vasallo es una de las mayores autoridades cuando se habla de turismo en España. No solo conoce a fondo el sector privado –ha sido consejero de un sinfín de empresas del ramo–, también ha ocupado numerosos cargos públicos, fundó a finales de los 80 Turespaña y fue el primer director de la Organización Mundial del Turismo. Por eso, el análisis sobre el futuro de este sector en Cuba que hoy publica en el medio español El Economista no puede soslayarse.

El experto no se limita a ofrecer su opinión sobre lo pasado y lo que está por llegar a la Isla, también aporta datos que no se conocían. El más relevante, el que sitúa entre 80 y 100 millones el dinero que han perdido las hoteleras españolas en Cuba por la imposibilidad de repatriar las divisas, una medida impuesta el pasado año que generó un enorme malestar en las empresas extranjeras. La cifra, atrapada en el sistema bancario, se da por perdida “en los balances de las matrices españolas. Para ellas, Cuba ha dejado de ser una prioridad estratégica”, sentencia Vasallo, que da por desplazado el interés a la Riviera Maya, Cancún y Punta Cana, líderes absolutos actualmente en el Caribe. 

Sin embargo, las hoteleras españolas tampoco se van a ir de Cuba, dice rotundo, ya que vendrán tiempos mejores. “Acumulan un bagaje de conocimiento operativo y de relaciones institucionales del que carecen las corporaciones norteamericanas que querrán implantarse allí. Cuando el sistema cambie, ninguna autoridad o inversor prescindirá de las cadenas hoteleras españolas, que resultan indispensables para gestionar la transición sectorial, replicando el proceso ya observado tras la caída del bloque soviético en los países de Europa del Este”, agrega.

“Acumulan un bagaje de conocimiento operativo y de relaciones institucionales del que carecen las corporaciones norteamericanas que querrán implantarse allí"

Vasallo estaba allí en los inicios. Su artículo arranca con esa memoria, cuando en 1990 abrió el primer hotel de Meliá en Cuba, el Sol Palmeras. Él había viajado a Cuba dos años antes y allí ilustró a un Fidel Castro negado al turismo sobre lo que este sector supuso en el desarrollismo español de los 60 y cómo contribuyó a abrir el país. “Castro estaba reticente, pero la situación económica le obligaba a tomar medidas que no hubiera tomado en una situación normal”, cuenta. 

También contactó con él Gabriel Escarrer Juliá –predecesor y padre del actual consejero delegado de Meliá–, que había hecho un acuerdo con Cubanacán para llevar a la Isla la cadena Sol. El empresario calculaba recuperar la inversión en solo dos años y creía que el riesgo estaba compensado por una rentabilidad altísima. Vasallo le dio su opinión favorable y la relación comenzó, abriendo camino a otras compañías españolas. “La inversión directa acumulada por estas corporaciones se situó en el entorno de los 160 millones de euros, un tercio del total invertido por empresas españolas. Durante las dos primeras décadas, el rendimiento de estas inversiones resultó extraordinario. Los beneficios obtenidos y repatriados superaron con creces el capital inicial desembolsado”, explica.

El experto explica cómo funcionaba aquella cooperación con la que se construyeron un centenar de hoteles: la parte española poseía un 495 de la empresa mixta, que pasaba a ser la dueña de lo construido por un periodo pactado de entre 25 y 50 años. Pasado el plazo, la propiedad pasaba al Estado. “Bajo este esquema, las compañías aportaban el capital para la inversión en activos fijos, reformas y mobiliario, asumiendo la gestión operativa del negocio”, mientras el suelo quedó en manos del Estado cubano.

Luego, llegó el conglomerado militar Gaesa que, describe, ya había acumulado “el capital suficiente para iniciar por su cuenta la construcción de nuevos hoteles”. Se creó entonces Gaviota, con la que las compañías acordaron una retribución basada en dos puntos: “un porcentaje fijo por la administración hotelera y un incentivo variable ligado a los beneficios”.

Se creó entonces Gaviota, con la que las compañías acordaron una retribución basada en dos puntos: “un porcentaje fijo por la administración hotelera y un incentivo variable ligado a los beneficios”

El modelo de solo gestión y de empresa mixta original convivieron y se beneficiaron durante años, hasta que llegó el inicio de la “coyuntura” cubana, agravada por la pandemia. Tras ella, vino la gran crisis actual, con el cúmulo de sanciones, algunas específicamente dirigidas contra Gaesa, que han forzado la retirada actual de las hoteleras extranjeras asociadas con Gaviota. En el caso concreto de Meliá, tras abandonar la gestión de 14 hoteles, se queda con solo 19. Iberostar, también española, dejó 6 de 12 y otras compañías han reducido o eliminado por completo su presencia en la Isla.

Vasallo es contundente. El balance ha sido positivo y ahora solo cabe esperar para ver qué sucede. “El mercado cubano ha cumplido su ciclo. Hoy constituye un activo latente que se gestiona bajo criterios de control de daños a la espera del inevitable brillante futuro turístico de Cuba, que se atisba más cercano tras las reformas puestas en marcha por el régimen, que incluyen el desmantelamiento de Gaesa y su sustitución por sociedades anónimas, previsión de devaluaciones del peso y la autorización de bancos privados, lo que supone un cambio completo del sistema económico”.

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