Daniel Llorente: "Estoy encerrado con candado"

"Continúo abrazando la fe y el deseo de ver a Cuba y a Estados Unidos juntos en una mismo sentir", dice Daniel Llorente. (Cortesía)
Hace una semana que Llorente fue trasladado hacia el centro hospitalario ubicado en el municipio Boyeros. (Cortesía)

La vida de Daniel Llorente dio un vuelco desde que el pasado 1 de mayo se manifestó con una bandera de Estados Unidos en la Plaza de la Revolución. Pasó de ser taxista privado a estar recluido en el Hospital Psiquiátrico de La Habana, el temido Mazorra. Desde la sala donde dice estar "encerrado con candado" conversó este lunes vía telefónica con 14ymedio.

Llorente (1963) es visto por el resto de los grupos disidentes como un opositor "por cuenta propia" al no tener ningún militancia y haber elegido enarbolar la insignia norteamericana por decisión personal. Desde aquel momento ha estado preso y hace una semana fue trasladado hacia el centro hospitalario ubicado en el municipio Boyeros.

Me sacan solo diez minutos para el almuerzo y diez para la comida. Y nada de salir a coger sol"

"Estoy solo en una sala de cinco camas", detalla a través de la línea telefónica en una llamada que se corta varias veces. "Me sacan solo diez minutos para el almuerzo y diez para la comida. Y nada de salir a coger sol", agrega.

Solo desde hace unos días le permiten recibir llamadas en la sala Giralt, donde permanece encerrado. "La doctora me dice que para decir algo definitivo sobre mi caso tengo que estar aquí como mínimo dos meses, porque según ella eso es lo que dice la ley", explica.

Sin embargo, Llorente cree que la espera en el hospital es "una estrategia de la Seguridad del Estado" y desgrana con voz firme sus sospechas de que el encierro no se deba a su condición mental, sino que es una forma de sacarlo de las calles.

Desde que el 30 de mayo fuera recluido en Mazorra asegura que solo ha tenido "una entrevista con la doctora" y fue un largo interrogatorio para que el manifestante contara las razones que lo llevaron a protestar durante el acto por el Día de los Trabajadores en la Plaza.

Llorente se enorgullece de las otras manifestaciones públicas que ha hecho. "Son ya seis eventos, uno cuando la apertura de la embajada, otro cuando vino Barack Obama, cuando el crucero Adonia". Recuerda que el 1 de mayo de 2016 también salió a la calle. "Pero me desaparecieron enseguida entre tanta gente", lamenta.

El activista estuvo también con su bandera en el aeropuerto Abel Santamaría de Santa Clara el pasado 31 de agosto cuando la aerolínea estadounidense JetBlue reiniciara los vuelos comerciales entre ambos países interrumpidos desde 1961.

Sin embargo, fue su última acción la que captó los focos de la prensa internacional que aguardaba para filmar el desfile por el día de los proletarios, una manifestación organizada por el oficialismo y que en la Isla tiene una carácter más ideológico que proletario.

"Al otro día del traslado para acá el instructor de mi caso vino para que yo firmara mi acta donde decía libertad inmediata por los delitos de desorden público y resistencia que se me imputaban"

El Gobierno de los Estados Unidos se pronunció sobre lo ocurrido en la Plaza y exigió a las autoridades cubanas deben respetar los derechos humanos de sus ciudadanos.

"No entiendo por qué estoy aquí", se queja ahora Llorente. "Al otro día del traslado para acá el instructor de mi caso vino para que yo firmara mi acta donde decía libertad inmediata por los delitos de desorden público y resistencia que se me imputaban".

En último informe redactado por la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional (CCDHRN) correspondiente al mes de mayo transmite la preocupación de la entidad independiente con la suerte del manifestante.

Llorente también se muestra preocupado por el limbo legal en que se siente. Cada día que pasa encerrado en el psiquiátrico crece en su mente una inquietante duda: "No sé qué quiere conmigo esta gente de la Seguridad del Estado".

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