Volver a las raíces para reconstruir el país

Entrevista

Yoandy Izquierdo apuesta por una ética de la virtud y una educación integral para la Cuba futura

Yoandy Izquierdo, miembro del Centro de Estudios Convivencia, de Pinar del Río.
Yoandy Izquierdo, miembro del Centro de Estudios Convivencia, de Pinar del Río. / 14ymedio/Cortesía
14ymedio

05 de mayo 2026 - 09:38

La Habana/Durante más de una década, el Centro de Estudios Convivencia ha apostado por un ejercicio poco frecuente en la Cuba contemporánea: pensar el futuro. Sus Encuentros de Pensamiento y Propuestas para el país han reunido, dentro y fuera de la Isla, a investigadores, profesionales y ciudadanos interesados en delinear escenarios posibles para una transición democrática.  

Yoandy Izquierdo, uno de los participantes sistemáticos de ese itinerario y residente en Pinar del Río, defiende la vigencia de unas propuestas concebidas no como recetas cerradas, sino como herramientas para evitar la improvisación en un eventual cambio de rumbo. En esta entrevista con 14ymedio desgrana algunas de esas propuestas.

Pregunta. Su proyección como investigador social ha estado inspirada en la ética cristiana, muy diferente a lo que se denomina "la cosmovisión materialista del mundo" propugnada por el marxismo. ¿Cree que la Academia del futuro en Cuba se abra a nuevas formas y contenidos en el campo de las humanidades?

Respuesta. Más que una creencia, considero una necesidad esa apertura a nuevas formas y contenidos en el campo de las humanidades en la Cuba futura. Durante más de seis décadas ha existido en la Isla una preponderancia de lo material, que promulga el marxismo, unido a lo más radical de los "ismos" contemporáneos. Los extremos se tocan y, en muchas ocasiones, se replica lo mismo que criticamos. 

Vivimos en una cultura del "todo vale" referido a la permisividad, a la teoría de que el fin justifica los medios; un estilo de vida en que el poder y el tener valen más que el ser

Vivimos en una cultura del "todo vale" referido a la permisividad, a la teoría de que el fin justifica los medios; un estilo de vida en que el poder y el tener valen más que el ser. El "hombre nuevo" que pretendía construir el socialismo ha devenido en un hombre enfermo, dañado en su humanidad, y cuya espiritualidad y esencia humana han sido relegadas a planos que lesionan su dignidad. 

Si bien consideramos que los efectos de la crisis sistémica en Cuba han sido devastadores para la economía, debemos ser conscientes de que en el plano de la persona y la sociedad no hay límite de comparación. Ese proceso de despersonalización del cubano, ese relativismo moral fruto de importar una cosmovisión del mundo que siempre nos fue ajena, ha dado al traste con los modelos autóctonos y fundacionales de la nación cubana, que tiene sus raíces en los valores y virtudes cristianos. 

Por tanto, más que abrirse a la ética cristiana, me gustaría hablar de volver a nuestras propias raíces, rescatar lo mejor de nuestra tradición histórica e identidad nacional para ser hombres y mujeres de bien. Al fin y al cabo, ese es el fin último del cristianismo: buscar y hacer el bien a todos. 

La cuestión ética en Cuba sigue siendo una asignatura pendiente. Y no nos debemos seguir acomodando a aquello de que es un problema global, un efecto del cambio de época, un rasgo de las sociedades líquidas. Todo eso puede ser cierto, pero cada estudio académico, cada análisis de la realidad, cada valoración sociológica de una muestra, de una población, de un país, como la encuesta que circula por estos días en las redes, debe tener como premisa las experiencias vividas; es decir, debe valorar en su justa medida la importancia de la práctica. Es lo que san Juan Pablo II llamó en su obra filosófica Persona y acción": el hecho experiencial y el método de la "experiencia humana fundamental para poder comprender, entre otras tantas cosas, los efectos de lo que él también llamó "las ideologías del mal"; refiriéndose al nazismo y al comunismo. 

P. ¿Y qué papel jugarán en este proceso los académicos?

R. La Academia está llamada a reformar el método, colocando a la persona en el centro de todas las dinámicas de desarrollo. Y la academia está llamada también a modificar los contenidos, aplicando normas morales que fortalezcan el carácter del cubano, que no solo proviene de matriz cristiana, sino que está en sintonía con esa necesaria ética de la virtud que describían Varela y Martí. La Academia debe reconstruir su código deontológico para responder adecuadamente a las situaciones cotidianas y a los nuevos dilemas morales, a través de un profundo discernimiento ético que considere a la verdad, el bien, la libertad y la responsabilidad, como elementos imprescindibles. 

Definitivamente la educación jugará un rol esencial en la sanación del daño antropológico y en la reconstrucción material, moral y espiritual de Cuba

P. ¿Cuál es a su juicio el rol del magisterio para sanar las consecuencias de todos estos años de adoctrinamiento en las escuelas cubanas?

R. Definitivamente la educación jugará un rol esencial en la sanación del daño antropológico y en la reconstrucción material, moral y espiritual de Cuba. En mis investigaciones abordo el papel de la educación ética y cívica como una solución a la crisis de valores en la sociedad cubana, presentando un proyecto educativo integral que tenga en cuenta una comunidad educativa conformada por el educando, la familia y la escuela, y respetando la diferenciación de los roles de cada uno. 

En ese nuevo proyecto educativo para Cuba, el educador debe dejar de ser el centro de la actividad académica para convertirse en un verdadero facilitador del proceso de enseñanza-aprendizaje. En el trabajo conjunto de las familias y las instituciones educativas radica la clave para lograr la sanación de la persona hasta alcanzar una educación verdaderamente integradora; en la que intervenga no solamente la formación intelectual, es decir, los conocimientos, sino que también integre la formación en cuanto a las emociones y los sentimientos, la voluntad y la espiritualidad. La propuesta presenta una formación personalizada y una educación integral acorde con los conocimientos, las destrezas y los valores humanos en todos los ámbitos de la vida; ya sea en el plano personal, familiar, profesional y social. 

P. Pero habrá que partir con profundos problemas estructurales…

R. Los fallos estructurales de los sistemas de educación, como en el caso cubano, se deben, entre otros factores, a la prioridad de la instrucción pública por encima de la educación ética y cívica, así como a la consideración durante décadas de que los valores morales pertenecían a un sistema político o moral obsoleto o pequeño burgués. Al cabo del tiempo, y con el paso de varias generaciones, hemos visto la crisis profunda de valores y virtudes y el reconocimiento por parte de las autoridades, de la familia y de la sociedad, de esa falla en el sistema educacional tanto escolar como familiar.

La cultura cívica y política está pensada para funcionar en el marco de un sistema democrático, donde el ciudadano no es un mero observador

La educación debe ser vista no solamente como un proceso de instrucción, sino como un ejercicio de ciudadanía, pues significa desarrollar las competencias necesarias para captar o percibir los problemas sociales como problemas propios, incorporándose a su solución con eficiencia y conciencia de los deberes y derechos que a cada uno nos corresponde como ciudadanos. La educación es un proceso de formación cultural, moral y ética, que se interrelaciona con la filosofía, la ciencia, el arte, las tecnologías, la política, etc. 

La educación ciudadana debe ser conectada con la necesidad de contar con un sustrato de cultura cívica y política capaz de dar sustento a la estabilidad de un sistema democrático. La cultura cívica y política puede ser entendida como el conjunto de valores y actitudes que orientan la conducta política y las evaluaciones que el ciudadano puede hacer de los agentes e instituciones políticas. La cultura cívica y política está pensada para funcionar en el marco de un sistema democrático, donde el ciudadano no es un mero observador sino un sujeto activo del proceso.

P. ¿Qué papel juega la educación en procesos transicionales como el que experimentará Cuba?

R. Cuando me preguntan eso siempre me vienen a la memoria los estudios de Giselle de Bruno Jamison, amiga de Convivencia y doctora en Ciencias Políticas por la Universidad Internacional de Florida. Ella establece que, a través de la educación es que se puede formar el "capital social" deseable para que se vean favorecidos los cambios económicos y políticos necesarios. A este particular le llama "la correlación y la direccionalidad de los cambios" modificadas por el papel de la educación ética y cívica. 

Más recientemente, en mi investigación doctoral, siguiendo en la línea educativa para contribuir al cambio en Cuba, recalco la importancia de la enseñanza en valores y virtudes para alcanzar una cultura de la vida y lograr la "conversión antropológica" necesaria que nos permitirá transformarnos en los verdaderos "protagonistas de nuestra propia historia personal y nacional".

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